Hace unos meses, Ligdian Mata —directora de la Banda 24 de Junio— y yo hicimos un conversatorio sobre "las mujeres carabobeñas en la música", que resultó maravilloso. Como quedamos con las ganas, Ana Legón, gerente del Gabinete del Dibujo y la Estampa, nos pidió que continuáramos con estas actividades, como le habíamos prometido, y se nos ocurrió hacer la próxima sobre Teresa Carreño.
Una de las sorpresas que encontramos fue que Teresita Carreño Tagliapietra, la tercera de sus hijas, estuvo a punto de ser fusilada en Francia por "espía germana" durante la Primera Guerra Mundial.
Resulta que Teresita llegó con su madre y sus hermanos a Alemania cuando apenas tenía siete años y vivió allí al menos siete años más, pero siguió visitando el país con su madre, dando conciertos ambas, porque la niña también era prodigiosa pianista. Tenían cuentas bancarias, propiedades y, sobre todo, ella hablaba un alemán perfecto. Apenas comenzó la Primera Guerra Mundial, en 1914, Teresita, en un vapor francés, se dirigía a Marruecos e hicieron una parada en Argelia, cuando el barco fue bombardeado por un buque alemán. Hubo mucha confusión y un policía militar francés la vio hablando en perfecto alemán con un nativo. Revisaron sus cosas y notaron el pasaporte con muchas entradas a Alemania, además de estados de cuentas bancarias en alemán y muchas cosas que la ligaban a ese país enemigo. El hecho es que fue apresada de inmediato y en el juicio fue condenada a muerte. La fusilarían por "espía alemana". Después de tres meses de horror y padecimientos, su padre y su padrastro (que era el marido actual de Teresa Carreño) lograron que el consulado norteamericano declarara en su favor y la liberaran, pero necesitó una cura psiquiátrica. Por cierto que Teresita, ya casada y con un hijo, terminó sus días viviendo en Venezuela, la tierra de su madre.
Cuando se lo dije a mi hijo, me comentó que muchos venezolanos estuvieron, de alguna manera, involucrados tanto en la Primera como en la Segunda Guerra Mundial.
Y recordé entonces que un muy buen amigo de mis años mozos, cuya abuela materna era alemana, contó, mostrándonos un álbum lleno de fotos, hasta con cierta vergüenza, que sus tíos, hermanos de su mamá, como se consideraban alemanes, se unieron al ejército de Hitler en la Segunda Guerra Mundial y enviaron fotos de sus regimientos y sus entrenamientos, pero ambos fallecieron en acción.
El hecho es que Venezuela mantuvo históricamente una posición neutral, especialmente en la Primera Guerra Mundial. El gobierno para la época, de Juan Vicente Gómez, no se declaró ni a favor ni en contra de ninguno de los bandos.
Ya en la Segunda Guerra Mundial, Isaías Medina Angarita rompió relaciones diplomáticas con Alemania, Italia y Japón tras el ataque a Pearl Harbor. Aunque no intervino directamente en el conflicto, se considera que la contribución del crudo venezolano fue determinante para que los aliados lograran la victoria.
Según el biólogo marino Clemente Balladares Castillo, desde la Primera Guerra Mundial llegaron alemanes a Venezuela. Balladares dedicó un libro al venezolano Carlos Otto Meyer Baldó, piloto que combatió en el frente ruso durante la Primera Guerra Mundial, donde fue condecorado e incorporado al "Circo Volante", unidad de élite de la aviación alemana comandada por Manfred von Richthofen, el "Barón Rojo". Meyer fue el único latinoamericano en integrarla.
Tras la muerte del Barón Rojo, quedó bajo el mando de Hermann Göring, quien luego sería uno de los máximos líderes del régimen nazi. Balladares publicó El teniente Carlos Meyer Baldó: un venezolano en el circo volante del Barón Rojo (2005) y Héroes del aire en Venezuela (2007).
Meyer, maracucho hijo de venezolana y alemán, regresó a Venezuela, donde se hizo amigo de Florencio Gómez Núñez, hijo de Juan Vicente Gómez e impulsor de la Fuerza Aérea Venezolana en 1920. Pese al Tratado de Versalles, que prohibía a los aliados incorporar alemanes como instructores militares, Gómez permitió que Meyer se enlistara, y falleció en Maracay en un vuelo de exhibición. Para su velorio, el mismo Göring, para el momento, año 1933, ministro de aviación alemán, comisionó al Barón Wilhelm Birtner, representante del gobierno alemán, para depositar una corona de flores en su tumba en nombre de su antiguo camarada de armas.
Según Manuel Tovar, aunque Venezuela no participó en ninguna de las dos guerras mundiales, muchos venezolanos fueron alistados, especialmente en la Primera Guerra Mundial, donde más de treinta jóvenes participaron o todavía más, si se cuentan unos veinticinco que se unieron a las fuerzas francesas, como la Legión Extranjera. Ahora, hay figuras que se destacaron, como Rafael Nogales Méndez, que, en 1914, al estallar la guerra, intentó unirse a los ejércitos de Francia y Bélgica, pero le obligaban a renunciar a su nacionalidad venezolana, así que viajó a Persia y se incorporó a las fuerzas expedicionarias turcas, aliadas con Alemania en el bando otomano. Recibió la Cruz de Hierro de manos del káiser Guillermo II de Alemania.
Hay otros personajes, como William Pérez, Manuel Prince y Dieter Pfeifer, pero el espacio se me hizo corto y no podemos dejar de nombrar a nuestro siervo y mártir, el segundo obispo de Valencia, Monseñor Salvador Montes de Oca. Según mi padre, Juan Correa, en su libro Inefable Monseñor, en septiembre de 1944, los nazis invadieron el monasterio donde, bajo su nuevo nombre como cartujo, "el padre Bernardo", defendía a personas inocentes, entre ellas, pilotos norteamericanos que huían de los nacionalsocialistas. Los nazis torturaron y fusilaron a mucha gente, entre ellos al padre Bernardo —Monseñor Montes de Oca— el día 7 de septiembre en la masacre del monasterio de los Cartujos en Massa, Italia. Él era el único que sonreía y les daba la bendición a todos. Tenía 49 años de edad.
El 5 de septiembre de 2001, le fue concedida de manera póstuma a Monseñor Salvador Montes de Oca la Medalla de Oro al Mérito Civil, otorgada por el presidente de la República Italiana, Carlo Azeglio Ciampi
Estas historias, entrelazadas por el azar y la geografía, nos recuerdan que Venezuela no estuvo al margen de los grandes dramas del siglo XX. Desde una joven que se salvó del pelotón de fusilamiento, hasta un piloto maracucho que voló con el Barón Rojo, pasando por el obispo valenciano que murió bendiciendo a sus verdugos, el país y sus hijos estuvieron presentes, de mil maneras, en las dos guerras mundiales.
Rescatarlas no es un simple ejercicio nostálgico: es una forma de reconocer que la historia universal también se escribió con apellidos venezolanos. Y quizá por eso el próximo conversatorio sobre Teresa Carreño sea una ocasión ideal para seguir desenterrando esas huellas, porque, como demuestra la vida de su hija Teresita, hasta las partituras más célebres esconden historias de guerra, exilio y redención.




