Basura mediática

Lenguaje vulgar, peleas, hipersexualización y extrema chabacanería, son parte del día a día del programa

Últimamente han proliferado formatos de programas de entretenimiento que avergüenzan. Grandes cadenas televisivas y algunos creadores de contenido en redes como YouTube, se han dedicado a reproducir esquemas basados en el encierro durante varias semanas de un grupo de personas, supuestamente famosas, para que interactúen mientras la audiencia alimente su morbo. Los niveles de rating asombran. A su vez alarman, pues son el reflejo de una sociedad enferma, acrítica, acostumbrada al pan y al circo para satisfacer sus necesidades más básicas de entretenimiento.

El último de estos reality show que llamó mi atención por la viralización en redes se titula La Casa de Alofoke, trasmitido por la plataforma YouTube. En esta atrofiante producción, creada por un empresario dominicano llamado Santiago Matías, los participantes requieren del público para escalar en la tabla de posiciones, comprando super chats en YouTube. Para ello, vomitan excesivamente contenido miserable y de mal gusto, que contraría los principios básicos de convivencia de cualquier país del mundo. Lenguaje vulgar, peleas, hipersexualización y extrema chabacanería, son parte del día a día del programa que, por desgracia, ha calado entre los más jóvenes, no sólo en la República Dominicana, sino en otros países de América Latina.

La respuesta de algunos sectores no se hizo esperar. Asociaciones religiosas como la denominada Matrimonio Feliz, han solicitado la intervención del Ministerio de Cultura, para acabar con esta aberración mediática, precisamente por los mensajes que transmite, contrarios a los valores éticos, morales y familiares.  El argumento está en que el programa proyecta modelos negativos a la juventud dominicana y afecta la formación de las poblaciones más vulnerables, entre ellos los niños y adolescentes.

La petición solicita la urgente suspensión o regulación del contenido vulgar e inmoral, por su impacto en las familias. A la cruzada se han sumado con sensatez comunicadores sociales, que se adhirieron al debate con preocupación. Ante la iniciativa, el empresario exhibiendo el típico machismo caribeño y una prepotencia casi divina, se atrevió a amenazar al gobierno advirtiendo que ni se les ocurra actuar. Se cree intocable.

El caso seguramente tendría que analizarse desde las leyes que regulan contenidos en la República Dominicana y la injerencia gubernamental en internet. La sociedad civil organizada, debe unir voluntades y elevar su voz reportando el espacio para su cierre definitivo, tomando en consideración que YouTube puede perfectamente hacerlo. La libertad de expresión no puede ser un justificativo para amparar barbaridades de este tipo, que, a futuro, terminarán de mutilar el cerebro de nuestros pueblos. Estamos a tiempo.

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Las opiniones expresadas en este artículo son exclusivas del autor y no reflejan necesariamente la posición de El Carabobeño sobre el tema en cuestión.

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Basura mediática

Luis Alonso Hernández
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