La idea de trascender ha resonado profundamente en mi vida. Desde joven, he reflexionado sobre la misión que vine a cumplir en este mundo y sobre el valor que impregnamos en la cotidianidad cuando decidimos dejar huella, hacer las cosas bien y apoyar a los demás. No se trata de hacer algo espectacular, sino de dejar una marca en las personas. De lo contrario, nuestro paso por este mundo sería vacío, sin pena ni gloria.
En esa dirección, durante mis años como profesor en las universidades de Carabobo y Arturo Michelena en Venezuela y en la Universidad de Belgrano en Buenos Aires, transmití a mis estudiantes que el verdadero impacto no radica en lo que decimos, sino en cómo tocamos la vida de los demás. Esa es la verdadera esencia de la trascendencia: transformar la vida de alguien, aunque sea con un gesto sencillo que pueda cambiar su perspectiva o darle fuerza para seguir adelante.
Durante mi carrera docente descubrí que trascender no es solo un acto de grandes dimensiones. Mi labor no solo consistía en enseñar contenidos, sino en inspirar a mis estudiantes a soñar, a cuestionar lo establecido, a ser escépticos y, por ende, a desarrollar el pensamiento crítico-reflexivo, cualidad que los diferenciaría del montón. En cada clase, trataba de compartir no solo sabiduría académica, sino también humanidad, consciente de que nuestro verbo transforma vidas cuando lo hacemos con el corazón.
Recuerdo que hace unos meses, una joven a la que impartí clases de Psicología Social hace unos 12 años, me escribió por Facebook y me contó que había nombrado a su primer hijo Alonso, como señal de admiración. Para mí, ese gesto fue más que un cumplido: fue la prueba de que el verdadero impacto no se mide en logros visibles, sino en el efecto duradero que dejamos en la vida de los demás. Ese detalle me recordó lo poderoso que es lo que afirmamos en clase. Las palabras tienen un gran poder, y a veces no somos conscientes de cuánto impacto pueden tener en la vida de alguien.
Como migrante en Estados Unidos, la necesidad de reinventarme ha sido una de las lecciones más duras, pero también más gratificantes de mi vida. Al principio, la idea de encontrar mi lugar en un país extranjero parecía abrumadora, pero pronto me di cuenta de que la trascendencia no solo ocurre a través de logros materiales, sino también en los gestos sencillos. Ayudar a otros migrantes, compartir mi historia, o incluso ofrecer una palabra de aliento en momentos difíciles, se ha convertido en mi forma de dejar huella en una nueva comunidad. A veces, es en los momentos más pequeños, en los diálogos sencillos, donde se encuentra el verdadero poder de la trascendencia.
Hoy, a través de mi canal de YouTube, sigo buscando trascender en un sentido más amplio, pero siempre con los pies en la tierra. Cada video, cada historia compartida, tiene como objetivo conectar, no solo informar. Mi propósito es tocar corazones, inspirar a otros a vivir con pasión y a encontrar su propio camino. En cada historia que comparto, trato de incluir un pedazo de mí mismo, algo que pueda resonar en la vida de quienes me siguen. Esa es mi manera de trascender, de mostrar que somos más grandes que nuestras circunstancias, y que todos tenemos la capacidad de dejar huellas.
Lo cierto es que, en este camino, he aprendido que la trascendencia no está solo en lo que hacemos, sino también en cómo vivimos cada momento. Como alguien que ha experimentado la migración, la adaptación a nuevos desafíos y la constante necesidad de reinventarse, me doy cuenta de que las huellas más profundas están en las acciones cotidianas. Un saludo amable, un consejo en el momento adecuado o una sonrisa genuina, pueden cambiar la vida de alguien. Trascender es hacer que cada día cuente, que cada interacción sea una oportunidad para elevar a los demás.
Al final, trascender no es algo que se mide en la cantidad de logros, sino en la calidad de las huellas que dejamos. La verdadera trascendencia está en cómo impactamos positivamente a quienes nos rodean, y cómo esos impactos se multiplican, creando un cambio que va más allá de nosotros. Recordemos que cada día es una oportunidad para dejar algo significativo en el mundo.




