Diciembre marca el final de un ciclo y el inicio de una etapa que nos invita a recordar a Jesús, el hombre más importante para los cristianos y una figura clave en la historia del mundo occidental. Él, con su ejemplo de vida, dejó un hito sobre el amor a los demás, la empatía, la solidaridad y la bondad.
Jesús dejó muchas lecciones. Su historia nos llama a reflexionar y a evaluar los acontecimientos del mundo moderno: prepotencia, políticos y empresarios corruptos, individualismo extremo, resentimiento y hasta asesinatos motivados por el odio a la diferencia. Recientemente, en una playa australiana, judíos celebrando Hanukkah fueron atacados por extremistas islámicos, un ejemplo de cómo la intolerancia y el orgullo pueden llevar al daño, recordándonos la actitud de los fariseos de imponer sus ideas y actuar con desdén hacia otros.
Todos estos acontecimientos me traen a la memoria a los fariseos y cómo han resurgido en la actualidad en todas las sociedades y estratos sociales. Fueron un grupo religioso influyente en tiempos de Jesús. Conocían la ley y sus tradiciones, pero muchas veces su rigidez y su preocupación por aparentar justicia los alejaban de la verdadera esencia de la fe: la humildad, la empatía y el amor al prójimo. Según los evangelios, algunos líderes fariseos se opusieron a Jesús y participaron en su condena, no por ignorancia, sino por orgullo, temor o envidia. Estas personas siempre quieren imponer verdades, no aceptan pensamientos distintos a los suyos y se alinean con quien sea para alcanzar sus propósitos.
Esta historia no es solo un relato bíblico; es un reflejo del mundo en que vivimos actualmente, inundado por gobernantes que matan de hambre a su pueblo por mantenerse en el poder, de fanatismos religiosos que aplastan por sentirse superiores, y de gente corrupta que entierra la moral por cuotas de poder. En planos más cotidianos, el asunto de los fariseos igualmente debe llevarnos a revisar nuestras propias actitudes. ¿Cuántas veces en nuestra vida cotidiana nos dejamos llevar por la vanidad, la hipocresía o el miedo a perder poder o aprobación? ¿Cuántas veces juzgamos a otros sin mirar primero nuestras propias acciones?
Aprovechemos diciembre para reflexionar sobre lo que ocurre a nuestro alrededor y mirar hacia dentro. Vale la pena preguntarnos si estamos viviendo con autenticidad y bondad, o estamos actuando de manera incorrecta tal como los fariseos. La lección de los fariseos es clara: la rigidez sin corazón, la obediencia sin conciencia y juzgar a otros bajo una mirada etnocéntrica pueden desviar a cualquier persona del sendero de la justicia y la verdad.
Que diciembre nos lleve a mirar nuestro propio camino, reconocer errores y acercarnos a los valores que Jesús enseñó: humildad, amor y compasión. No para señalar a otros, sino para ser mejores, incluso en un mundo que a veces parece lleno de fariseos.




