«El futuro no se puede predecir, pero sí se puede moldear mediante la claridad de propósito y la
agilidad de acción”
Bob Johansen
Este escrito es el tercero que nace de cuando los altos niveles estratégicos tuvo ante sí los resultados descorazonadores de la aplicación en parte de la matriz DOFA que demostró -sin lugar a dudas- que el producto de la organización se vincula mayoritariamente con resultados contraproducentes.
La Matriz FODA y las acciones tácticas derivadas del Procedimiento CAME no podían quedarse guardadas en una carpeta ejecutiva como una formulación teórica más. Comprender y ejecutar la estrategia exigía un cambio verdadero de “chip”. En ese momento decisivo la alta dirección decidió convocar a un reconocido especialista en la enseñanza del liderazgo y en la gestión del cambio como un proceso evolutivo.
El experto inició su intervención situando a los presentes en la atmósfera que define el contexto actual: el entorno VICA y explicó que éste no es un invento corporativo reciente; nació a finales de la Guerra Fría en el seno del Ejército de los Estados Unidos de Norteamérica para definir un panorama global impredecible y es la plantilla
conceptual actualmente imprescindible para entender la realidad organizacional.
Para cartografiar el mapa, el especialista desglosó meticulosamente cada uno de sus componentes:
· Volatilidad y argumentó que los cambios ya no son graduales ni previsibles; ocurren con una rapidez e intensidad desmedidas donde nada permanece estable por mucho tiempo.
· Incertidumbre e hizo saber que proyectar el mañana resulta una tarea titánica, pues los datos disponibles y la información previa son -a menudo- escasos o incompletos.
· Complejidad y destacó la coexistencia de múltiples factores interconectados, donde una pequeña variación en una sola variable puede desatar un impacto global insospechado y difícil de calcular.
· Ambigüedad y expresó que nos enfrentamos a situaciones inéditas y
confusas donde no existen manuales del pasado ni respuestas correctas
evidentes a las cuales apelar.
Frente a esta parálisis potencial, el ponente introdujo la célebre estrategia ideada por el futurista Bob Johansen: combatir la amenaza VICA con el "VICA opuesto". La clave del éxito directivo reside en responder a cada desafío con su antídoto natural:
1. Visión contra la Volatilidad: establecer un propósito claro y firme a largo plazo que oriente el rumbo de la organización hacia lo correcto, aunque los planes de acción deban modificarse semana a semana.
2. Entendimiento contra la Incertidumbre: desarrollar la capacidad de escuchar activamente, analizar información de manera constante y capacitarse permanentemente para descifrar las nuevas tendencias.
3. Claridad contra la Complejidad: simplificar los procesos, comunicarse de modo directo e inflexible y enfocarse prioritariamente en aquello que genera valor real.
4. Agilidad contra la Ambigüedad: fomentar una cultura de ensayo y error (empirismo), concibiendo decisiones sin dilaciones para reaccionar con presteza ante las circunstancias cambiantes, lo cual genera una cultura de aprendizaje que fomenta la curiosidad y la experimentación que se incrusta en la complejidad y hace que se perciba con claridad que lo realmente necesitado nace de la simplificación asistida del cumplimiento de los procesos y esto termina convirtiéndose en una ventaja competitiva extraordinaria.
Completando esta visión, el consultor remarcó que las organizaciones que prosperan en el siglo XXI se sustentan en tres pilares indispensables: a) una cultura de aprendizaje que promueva la curiosidad y la experimentación como ventaja competitiva; b) un liderazgo empático capaz de guiar, inspirar, generar confianza y permitir que el talento humano descubra las soluciones; y c) la transformación digital, cuyos instrumentos tecnológicos permiten anticipar escenarios futuros, como lo plantea la filosofía de las 4P: Predictiva, Preventiva, Participativa y Personalizada, pues… el futuro se puede moldear mediante la claridad de propósito y la agilidad de acción.
Por todo ello, la implementación práctica de este procedimiento CAME no puede reducirse a una mera instrucción administrativa o a un cambio cosmético. Debe concebirse como un proceso formativo continuo.
Para que sea verdaderamente eficaz y eficiente, la capacitación debe articularse a través de talleres fundamentados en los principios de la andragogía (la educación pensada para el adulto que aprende desde su experiencia y profesionalismo).
Asimismo, estos encuentros deben realizarse idealmente en grupos reducidos (de aproximadamente 30 participantes por cohorte). Esta escala operativa permite a los facilitadores y líderes evaluar de manera directa la comunicación no verbal de los asistentes (por medio del lenguaje corporal, la gesticulación), identificando -al instante- la aceptación sincera o el rechazo implícito de las nuevas ideas. Solamente a través de esta lectura humana y cercana será posible lograr un acoplamiento real con la verdad circunstancial que impera hoy tanto en la realidad global como en el sector específico de la organización y esto debe implementarse desde el inicio de las acciones del proceso de alineación y lubricación del engranaje conformado por todo el factor humano de la organización y ha de realizarse ¡hasta el final..!
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