Tibisay Méndez llegó en 2002 a La Guacamaya II, en la parroquia Miguel Peña de Valencia, con la esperanza de encontrar una vida de mejores oportunidades para sus hijos. Hoy, 24 años después, lo único que tiene a su alcance son vías intransitables desbordadas de cloacas.
La vecina de 57 años vive en la calle Rafael Urdaneta del sector A de la comunidad, donde habitan más de 450 familias. Para salir de su casa debe brincar de piedra en piedra, tratando de esquivar los pozos de agua putrefacta y el lodo resbaladizo, contaminado de aguas servidas.
La inestabilidad del terreno, que carece de asfaltado y de aceras, ya ha provocado la caída de varios residentes, sin embargo, lo que más temen es que la contaminación y la negligencia de las autoridades se cobre otra vida. “Nuestra calle está llena de monte y cloacas que han ocasionado enfermedades en la piel, los pulmones y hasta la muerte de un bebé que sufrió una infección respiratoria”.
La realidad de la calle Rafael Urdaneta se replica en las vías adyacentes en vista de un gran colapso en el sistema de tubería de aguas servidas del sector. La casa de Yelitza Cuello, una persona que vive con discapacidad auditiva, es una de las más afectadas. Su madre, Gladys Guevara, explicó que un bote de cloacas se mete a la casa de su hija por debajo del portón y cuando llueve, nadie puede entrar ni salir de la vivienda. “Esas conexiones nunca quedaron bien. Están todas tapadas y mi nieta no sale de una bronquitis”.

Fuegos artificiales y petróleo
A la falta de un plan de asfaltado y un sistema de cloacas eficiente, también se le suman los constantes apagones y la falta de iluminación. “Tenemos todos los focos quemados porque cuando llueve hay cortocircuitos en los postes. Aquí tenemos fuegos artificiales por arriba y por abajo petróleo”.
Otro habitante de la zona explicó que el alumbrado público del sector tuvo avances durante el periodo del exalcalde chavista Julio Fuenmayor. Aunque el proyecto sólo se desarrolló parcialmente, dejando por fuera varias calles, las cuadrillas se encargaban de la sustitución de las bombillas. “Ahora ni siquiera tiene luz la calle Las Piedras, que es la principal por donde entran los autobuses. Esto parece una boca de lobo y ellos están allí en el gobierno sin atender a las comunidades”.

Según Ninoska González, jefa de comando de La Guacamaya II, con la nueva alcaldesa que asumió el cargo a mediados del 2025, no han podido siquiera reunirse.
Desde hace 15 años, González lidera gestiones de recolección de firmas y elaboración de documentos para introducirlos a las empresas estatales como Corpoelec e Hidrocentro.
Incluso, informó que han llevado cartas hasta Miraflores y a la Gobernación de Carabobo. Existen, además, al menos 18 reportes en la aplicación Ven App sin ser escuchados. “La alcaldesa Dina Castillo sabe de esto, se le pidió que nos atendiera en su despacho y, hasta el momento, no nos ha querido recibir”.
González aclaró que en varias ocasiones sí han llegado cuadrillas de técnicos a inspeccionar, pero todavía siguen esperando una solución real. “Ya estamos cansados de fotos y promesas. Nosotros también somos seres humanos y queremos la ejecución definitiva de esos trabajos”.


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