El gobierno del Destructivismo del Siglo XXI, pareciera tener una bombilla, de luz inflable, intermitente, la enciende para encandilar, hacer propaganda, simular la defensa de la soberanía nacional, los DD.HH, el respeto a la libertad religiosa, y luego la degrada a la horrible oscuridad de la mazmorra de los crímenes de lesa humanidad, largas noches de hambre, la diáspora incesante, refugiados todos en la fe luminosa de un Dios que nunca olvida y la férrea esperanza en un liderazgo que crece en claridad, coherencia e incesante acción nacional e internacional, encarado en el Presidente Edmundo González, y su Vicepresidente María Corina Machado, Premio Nobel de la Paz, listos para refundar la Nación.
En un mar de terror y corrupción, el barco del gobierno se mueve entre olas pragmáticas, maniobras contradictorias, de perpetuación en el poder. El mismo gobierno autoritario, que simula compasión y solidaridad en desastres naturales de otros países, envía toneladas de alimentos y enseres, liquida sistemáticamente al factor humano de la educación. Priva de presupuesto a escuelas y universidades, abandona a su suerte con salarios miserables a personal activo y jubilado del sistema educativo y la administración pública.
En la mañana asedia al Cardenal Porras, del credo religioso más fervoroso y grande de Venezuela, el catolicismo, para impedirle celebrar la misa celebratoria de la fecha natal a San José Gregorio; luego en la tarde hace reuniones casi exorcitantes, con religiosos complacientes y beneficiarios del régimen, incomodando a su feligresía cristiana. Al amanecer ya se ha comunicado con los bavalawos y encomendado a Changó.
¿Cómo comprender el comportamiento del gobierno antiimperialista, del Destructivismo del Siglo XXI, al dedicar meses, costosos lobbies, expertos, burlar sanciones y extender el contrato con Chevron, empresa emblemática del "imperio norteamericano”? Antes había ilusionado un acuerdo con la intermediación del asesor de Biden, Juan González. Pocos días antes, New York Times filtra el ofrecimiento de acuerdo ofrecido a Trump, aplazar la salida de la usurpación por dos años, a cambio de entregar, en exclusividad, la explotación de las reservas petroleras venezolanas a empresas norteamericanas.
Simular enojo, "calumnias, manipulación del imperio”, apelar al mantra oxidado antiimperialista, ya no es convincente, creíble. El proceso, las palabras, gestos y "corricorries", el desespero de un acuerdo, ha sido sudado, translucido, transmitido por medios, redes.
Vamos al cambio, no es solo cambiar un gobierno inmoral, de elástica mentira y manipulación. Destructor material y espiritual de la nación venezolana, protagonista sistemático de crímenes de lesa humanidad y ladronil despojo. Evidenciado ante el mundo como delivery de la muerte.
Se trata de un cambio hacia la vida, la libertad, democracia próspera, dignidad, oportunidades para todos.




