¿Por qué María Corina, Premio Nobel de la Paz?

Decir María Corina es decir Venezuela, es hacer relumbrar un liderazgo tejido junto a su país, desde su  base social, sentimental y moral

En medio de  adhesivos, analgésicos y  dificultad física para escribir, perdóneseme la construcción literaria, celebro el  apoteósico y contundente acontecimiento que simboliza la concesión del Premio Nobel  de la Paz a María Corina Machado. De tal magnitud es la decisión sueca, que está destinada a ser considerada un paso fundamental para abrir las puertas de la democracia y la libertad en Venezuela.

Decir María Corina es decir Venezuela, es hacer relumbrar un liderazgo tejido junto a su país, desde su  base social, sentimental y moral. Significa  resaltar la  identidad, de un propósito político de cambio, de un liderazgo, con su nación, que aún  atenazada entre los dientes del terror  autoritario, sostiene firmemente  su esperanza libertaria, ansias democráticas, la  paz.

Atravesamos tiempos tempestuosos, en los cuales el conferimiento de cualquier reconocimiento es sometido al microscopio social, político, cultural artístico, según su naturaleza. Suelen ocurrir decisiones controversiales, lucen desacertadas, algunos de quienes lo merecían se convierten en candidatos eternos, fallidos, recordar J.L. Borges. La gente imagina lobbies, predisposiciones, favoritismos y prejuicios.

No es fácil en este caso, de María Corina Machado, aventurar opacidades, arreglos geopolíticos o intereses imperiales. Mas, se  trata de una vida, una lucha sufrida y transparente, tejida a la luz pública, en pantalla táctil, al calor del café y el noticiario de la mañana, inmediata, protagonismo en vivo y en directo, donde las muertes, los crímenes de lesa humanidad, la mazmorra, los prisioneros, la miseria, son de verdad. Los que luchan, como María Corina Machado, los perseguidos también son verdaderos, en una epopeya política y social para salvar una nación. La vida en juego por ir a una marcha, expresar una desavenencia, militar en una organización política, escribir un artículo,  ser dirigente gremial, estudiantil, o simplemente estar accidental e inocentemente en la escena agenciada para inculpar y fabricar víctimas nuevas.

Este Nobel de la  Paz ha sido labrado en medio de sangre sudor y lágrimas,  una odisea por construir un liderazgo, decente, creíble, que no está en nómina. María Corina rescató una ciudadanía  descreída, mil veces estafada por líderes "opositores", pragmáticos electoralistas de profesión, con un cuarto de siglo ofreciendo libertades que negociaban tras bastidores y convivencias.

Este Nobel de la Paz es el reconocimiento a una política coherente, que interpretó el sentimiento de cambio libertario, democrático de una nación. Millones de venezolanos fueron inspirados por acciones aguerridas y posiciones firmes de María Corina frente a  la miseria y la represión del autoritarismo.

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Las opiniones expresadas en este artículo son exclusivas del autor y no reflejan necesariamente la posición de El Carabobeño sobre el tema en cuestión.

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Luis Enrique Vizcaya
Luis Enrique Vizcaya
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