Uno de los capítulos de la aclamada serie Black Mirror titulado “Nosedive”, muestra a una sociedad de ficción en donde el valor social depende de un “Me gusta” en redes sociales. Las relaciones con otras personas e instituciones dependen de la cantidad de likes que obtengan las publicaciones. Si el puntaje es alto, tengo acceso inmediato a créditos hipotecarios, buenas ofertas de trabajo y una gran variedad de servicios. Mientras más bajo sea la calificación disminuye el estatus y las posibilidades de ser alguien en la vida. El que más aparenta lujos y felicidad, tiene mayores oportunidades de enganchar a la gente.
Así nos encontramos con la joven protagonista. Quiere agradar a los demás, subir su puntuación. Por ello, gasta todo su sueldo en experiencias que solo podrían darse los ricos. Así cree que su estatus se elevará, aunque en realidad está cavando su propia tumba, se dirige a una caída de la cual no podrá levantarse.
Desde que vi el capítulo me retumbaron los oídos y comencé a imaginar. Lo primero que se me vino a la mente fue que tal sociedad no está lejos de hacerse realidad. La cultura del like es la que marca pauta. Por esa razón, la gente busca a toda consta la aprobación pública de sus acciones y, para eso, recurre muchas veces a lo vulgar, soez y chabacano. Hombres y mujeres muestran sus cuerpos, bailan, dicen bobadas y exponen en algunos casos realidades construidas para Instagram y Tiktok. Estas cuentas abundan mientras que las del buen gusto, escasean o no son apoyadas por las masas, evidenciándose lo descompuesto que está nuestro mundo.
Otros personajes enfrentan el peligro y arriesgan su vida por el like. Son numerosos los casos en los que, por ganar seguidores y miles de likes, la gente ha muerto cayendo desde abismos, puentes, rascacielos o sumándose a retos peligrosísimos. Lo triste del caso, es que nuestros niños y jóvenes se ven altamente afectados y en algunas oportunidades, se convierten en víctimas durante esa búsqueda del “me gusta”, sin darse cuenta que las redes sociales, sin previa educación y supervisión, son un arma destructora contra la humanidad, ya golpeada por el Covid, las guerras, el reggaetón, la falta de empatía y la crisis de valores.
La aprobación de la gente y la ansiedad por alcanzar “me gusta” hace de las suyas y debemos tomar cartas en el asunto. Los educadores, a despertar del letargo. Padres y representantes, a dejar de mirar para otro lado y asumir la supervisión responsable. Los más jóvenes aún pueden salvarse. La atención que deben dar a sus hijos en ningún caso puede sustituirse con tablets y teléfonos. Los programas de televisión y videojuegos tienen que cronometrarse y jamás permitir que estos espacios de ocio se conviertan en hábitos de vida. Creo que estamos a tiempo de ir desdibujando nuestro propio “Nosedive” y comenzar a interesarnos por temas realmente importantes. De esta manera, el mundo consumirá menos contenido frívolo y comenzará a valorar ese contenido que alimenta y enaltece.Luis Alonso Hernández




