Luis Alonso Hernández
En tiempos en los que el catolicismo enfrenta descensos históricos en diferentes regiones del mundo, el Vaticano canonizó a dos jóvenes cuyas vidas son ejemplo de virtud, responsabilidad, amor al prójimo y profunda fe en Jesucristo: el alpinista Pier Giorgio Frassati, y el llamado santo millenial, Carlos Acutis. Ambos son amados por jóvenes de todo el planeta y la iglesia, sin duda, tiene la certeza de que estas elevaciones vienen a refrescar su imagen, pero también, a motivar a millones de chamas y chamos que naufragan sin rumbo en tiempos de Tiktok y sobreexposición en redes sociales.
Empecemos por Frassati. Italiano, buen lector, deportista, estudiante de Ingeniería y de familia prominente. Apartó las comodidades del hogar y prefirió trabajar por los más pobres de su natal Turín. Alternaba la Universidad con actividades benéficas en la que demostró su compromiso por la justicia social, a veces en contra de la voluntad de sus padres. Su pasión lo llevó a organizaciones como Acción Católica y la Sociedad San Vicente de Paúl, en las que dejó grabada su impronta. Nació el seis de abril de 1901 y se fue muy rápido, el cuatro de julio de 1925, con apenas 24 años, debido a una poliomielitis fulminante que adquirió durante una de sus visitas a zonas vulnerables de la ciudad.
Un hombre que tenía todo pero su vista estuvo enfocada en asuntos sociales sin descuidar su formación. Era consciente de que un mundo sin empatía estaba destinado a desaparecer, por lo que su legado está más vigente que nunca. La reanudación del proceso de canonización, suspendida por Pio XII en 1941 por rumores malintencionados que no vienen al caso, fue un acto de justicia para Frassati, hoy convertido en santo y beato desde1990.
La historia de nuestro segundo santo también estuvo llena de amor a las causas justas y a Dios. Carlo Acutis fue un genio de la computación. Este don lo usó para profesar su fe y crear un sitio web multilingüe en el que documentaba milagros reconocidos por la iglesia. A este muchacho nacido en 1991 se le conoció como el influencer de Dios.
Acutis pasaba horas orando ante la eucaristía y solo destinaba una hora a la semana para los videojuegos. Él mismo se ponía límites, sin excederse como lo hacen hoy miles de jóvenes. Le importaban las relaciones humanas más que las virtuales, quizá advirtiendo los peligros propios de la tecnología cuando es usada frívolamente. Al igual que Frassati, partió pronto, pero dejó un gran legado. En 2006, con 15 años, murió por leucemia.
Su fama se acrecentó rápidamente. Es un santo al que se puede ver en jeans, sudadera y deportivos Nike. Un santo común que se involucró en causas extraordinarias. Un millenial experto en tecnología, con el que seguramente se identificarán millones de jóvenes que necesitan referentes parecidos a ellos mismos, referentes que les guíen por una vida de probidad, responsabilidad y reflexión a la hora de tomar decisiones.
Definitivamente, los nuevos santos son fuente de inspiración. Trascendieron en vida y fueron elevados a lo más alto del mundo de lo sagrado. Sus sonrisas reconfortan el alma y como manifestó el papa León XIV durante la canonización, tanto Frassati y Acutis “son una invitación a no malgastar nuestras vidas, sino dirigirlas hacia arriba y convertirlas en obras maestras”. Qué así sea y por el bien de la humanidad, esperemos que se consoliden como unos modelos a seguir para las generaciones presentes y futuras. Amén.




