Este texto quiero comenzarlo como una pequeña pero emotiva dedicatoria al profesor Olson Aramburu, recientemente fallecido. Exalumno mío, compañero de fila de la Coral Filarmónica de Carabobo y luego colega en el Departamento de Artes y Tecnología de la Facultad de Ciencias de la Educación de la Universidad de Carabobo. Maestro de maestros, formador de oídos curiosos y cabezas inquietas, de esos que no te daban respuestas cerradas sino preguntas incómodas. Controversial, punzante e investigador intuitivo, pero sobre todo muy buen compañero y excelente amigo. Estoy bastante seguro de que una obra como 4'33'' le habría interesado más por lo que genera que por lo que “suena”. Este texto va también en su memoria.
La pieza 4'33'' de John Cage (uno de los personajes más raros, interesantes y disruptivos de la música del siglo XX), es una obra en la que el intérprete -o la orquesta- no interpreta ni una sola nota durante cuatro minutos y treinta y tres segundos, divididos en tres movimientos. Pero no es una “pieza en silencio”: la idea central es que todo lo que suena durante ese tiempo -respiraciones, toses, pasos, ruidos del ambiente, el propio cuerpo del oyente- forma parte de la música. Cage quiso mostrar que el silencio absoluto no existe y que escuchar es un acto activo, donde el público deja de ser espectador pasivo y se convierte en parte de la obra.
La primera vez que escuché 4'33'' pensé, sin vueltas, que era una ridiculez total. Recuerdo haber comentado ligeramente algo tipo: “Bah… cualquiera hace eso”. Un pianista que se sienta, abre el piano, mira el reloj y no toca ni una sola nota. En ese momento me pareció una tomada de pelo, casi una burla al público y a la música misma. Incluso llegué a sorprenderme, al borde de la indignación, de que su edición impresa cuesta poco más de 10 dólares, relleno de hojas con pentagramas vacíos.
Con el tiempo entendí que el problema no era la obra, sino yo. O mejor dicho, mi manera de escuchar. Porque 4'33'' no te pide oído entrenado ni teoría musical: te pide atención. Y eso es bastante más difícil. Escuchar de verdad implica quedarse, bancarse el momento y no salir corriendo cuando no pasa “nada”.
Cage no estaba interesado en escribir melodías lindas ni en gustarle a todo el mundo. Le importaba cuestionar qué es música, qué es sonido y, sobre todo, qué hacemos nosotros cuando escuchamos.
Una de las cosas que más marcó a Cage fue entrar en una cámara anecoica, un lugar diseñado para eliminar cualquier sonido. ¿Qué pasó? Que aun ahí escuchó cosas. Un pitido agudo y un sonido grave. Le dijeron que era su sistema nervioso y su circulación sanguínea. O sea: el silencio absoluto no existe. Siempre hay algo sonando.
Desde ahí se entiende mejor 4'33''. No es una obra “en silencio”. Es una obra donde el compositor cambia la mirada y dice: escuchen lo que normalmente ignoran. El intérprete no toca, pero el mundo sigue sonando. El público, sin darse cuenta, se vuelve parte de la pieza.
Cuando se estrenó en 1952 fue un escándalo. Mucha gente se sintió estafada, otros se rieron, otros se enojaron. Pero la bomba ya estaba puesta. Cage había roto varias reglas de un solo golpe: la idea de obra, de autor, de intérprete y de público.
Ese silencio lleno de ruido es una imagen que hoy me lleva directamente a Venezuela. Un país que vive hoy un silencio forzado, tenso, pesado. No un silencio vacío, sino uno cargado de cosas que no se dicen, pero se sienten todo el tiempo.
Porque en Venezuela el silencio suena. Suena a mensajes que no se mandan, a audios que se escuchan con cuidado, a publicaciones autocensuradas, a conversaciones que bajan el volumen cuando alguien se acerca. Es un ruido de fondo constante, como en 4'33'', que está ahí aunque nadie lo haya escrito.
Pero también está el silencio como protesta. Cuando no se puede hablar libremente, callar se vuelve una forma de decir “no”. No repetir, no aplaudir, no sumarse al ruido impuesto. Es una protesta silenciosa, discreta, pero real.
Un silencio que el mundo no entiende, pero el que lo interpreta lo comprende, a veces confundido, y en otros casos, a la perfección.
Claro que ese silencio muchas veces nace del miedo. Miedo a las consecuencias, miedo a perder lo poco que se tiene, miedo a complicar a otros. No es un silencio épico ni romántico. Es un silencio aprendido, practicado, casi automático.
Pero hay otro silencio que también existe: el de la resiliencia. El silencio del que aguanta, del que se repliega para no romperse, del que entiende que ahora no es el momento de hablar, pero tampoco de rendirse. Es un silencio que protege. Un silencio que indica que el camino es largo. Que vamos apenas por los primeros diez segundos de una obra que dura más de cuatro minutos.
En 4'33'', el intérprete no se va del escenario. Está ahí, marcando el tiempo, sosteniendo la duración. No toca, pero tampoco abandona. Venezuela hoy se parece bastante a eso: un país que sigue ahí, aunque no pueda sonar como quisiera.
Cage nos enseñó que escuchar no es algo pasivo. Escuchar es una acción. Exige atención, paciencia y un poco de incomodidad. Exige aceptar que no todo va a ser claro ni ordenado.
Por eso 4'33'' sigue siendo tan actual. No habla solo de música, habla de contexto. De lo que aparece cuando se callan los discursos oficiales y queda lo que realmente está pasando.
El público, frente a esta obra, siempre se pregunta lo mismo: ¿ya terminó?, ¿cuándo se aplaude?, ¿era esto? Esa incomodidad es parte de la experiencia. Y se parece mucho a lo que se vive en procesos históricos largos y confusos.
Venezuela está, de alguna manera, en ese compás suspendido. No es silencio total. Tampoco es música plena. Es espera. Es tensión. Es escuchar lo que suena por debajo.
Hoy, una obra que antes me parecía una pavada, me resulta clarísima. Porque hay momentos en los que no tocar es la única forma honesta de decir algo.
Que el silencio sea escuchado. Que entendamos que el silencio dice muchísimo. Y que tengamos la paciencia necesaria, como en toda buena interpretación… hasta que llegue, finalmente, el aplauso. Dentro y fuera del país.
Seguidamente, invito a ver este link donde muestra al pianista William Marx interpretar la impactante y silenciosa obra “4:33” de John Cage: https://youtu.be/JTEFKFiXSx4?si=3_BlaFRSE48DA-zg




