El sentido como trinchera. Victor Frankl frente al autoritarismo en Venezuela

Recuperar el pensamiento crítico y la palabra pública es, en la óptica frankliana, un acto indiscutible de resistencia


"Cuando el ser humano tiene un para qué, puede atravesar cualquier cómo."
Viktor Frankl


La obra y el pensamiento de Viktor Frankl dejan de ser una teoría psicológica abstracta para convertirse en una herramienta de supervivencia ética, política y emocional frente al autoritarismo. En una realidad marcada por la fractura social, los desaciertos sostenidos por un régimen corrupto durante casi tres décadas, el legado del neurólogo y psiquiatra austríaco adquiere una urgencia particular.


Para Frankl, el sentido de la vida no se busca interrogando al destino sobre qué nos puede ofrecer, sino escuchando lo que la realidad en nuestro golpeado país nos demanda en cada momento. En un contexto de crisis como la que se nos prolonga, ese sentido no surge de la pasividad ni de grandes certezas abstractas, sino de la participación activa y de una respuesta ética de la sociedad civil en acertada conjunción con el estamento político.


Recuperar el pensamiento crítico y la palabra pública es, en la óptica frankliana, un acto indiscutible de resistencia. El rescate del tejido social y de la dignidad ciudadana pasa por redescubrir el sentido a través de la necesaria otredad, la solidaridad y la experiencia compartida con el prójimo. Como agudo crítico de los reduccionismos de su época, Frankl sostenía que los determinismos y condicionamientos no eliminan la libertad; por el contrario, operan como la fuerza de gravedad que nos permite caminar con firmeza por la vida, a pesar de la obligada penumbra.


Por ello, el drama venezolano no es solo institucional; es profundamente existencial. Frankl nos enseñó que, incluso en la precariedad más absoluta, al ser humano le queda la última de las libertades: la capacidad de elegir su propia actitud ante las circunstancias. Si esa libertad no se ejerce con responsabilidad, el vacío resultante es inevitablemente ocupado por la ruindad.
Venezuela enfrenta hoy el juicio de sus propias omisiones, recordando con dolor que no siempre supimos proteger el suelo común cuando el resentimiento comenzó a ser el fertilizante predilecto. Hoy más que nunca, la premisa de El hombre en busca de sentido cobra una vigencia devastadora y a la vez esperanzadora: a los venezolanos se les puede arrebatar todo, menos la libertad de decidir quiénes quieren ser frente al dolor de su familia y de su prójimo.

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Las opiniones expresadas en este artículo son exclusivas del autor y no reflejan necesariamente la posición de El Carabobeño sobre el tema en cuestión.

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El sentido como trinchera. Victor Frankl frente al autoritarismo en Venezuela

Manuel Barreto
Manuel Barreto
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