Cuando Jorge Chapellín detuvo la noche

Fue un regalo de Dios, haber podido compartir tanto con uno de mis ídolos y haber estado en esa su última e impecable función

Siempre hago mención de que las familias de mis padres emigraron a Caracas por razones universitarias y, si nosotros regresamos a Valencia, la mayor parte de las familias de ambos se quedaron en la capital e incluso, se casaron con caraqueños.

Mi mamá, que tenía tres años cuando la familia se mudó a Caracas, había estudiado en el Colegio Chaves, donde después de graduarse de maestra normalista, dio clases y yo, pasé mi primera infancia, en ese colegio, ya que mi mamá me llevaba con ella y, con uniforme escolar y pañales, me metían en el corral y las Trujillo, especialmente Taña y Melche, se ocupaban de mí. El Colegio Chaves (así, con “s” y sin acento) es el colegio más antiguo de Venezuela, fue la primera escuela gratuita para niñas, en el país, fundada gracias a Juan Nepomuceno Chaves, en 1842. De alguna manera, las hermanas Trujillo, que yo recuerde, María, Taña y Melche, eran las encargadas. Y uno de sus hermanos, José Trujillo, el tío José, era el esposo de la hermana mayor de mi abuela, mi tía Ninina, María Blanca Codecido.

Mi mamá y su prima hermana, Gisela Trujillo de Marcano, eran muy unidas y en una oportunidad en que nos invitaron a Caracas, a un acto del colegio, el animador del mismo fue Jorge Chapellín, mi ídolo de los 007. No lo podía creer. Hacía muy poco tiempo que había dejado el grupo para estudiar ingeniería en Estados Unidos, según comentaban mis primos los Marcano Trujillo.

De haber sabido eso, hubiera ido con mi disco de Los 007 para que me lo firmara Jorge Rafael Chapellín. Así lo presentaron, aunque para mí era Jorge Chapellín, de ahora en adelante, me las “echaría” con mis amiguitas de mi valenciano colegio María Montessori: “yo sé el nombre completo de nuestro ídolo ‘Jorge Chapellín’”.

Ese recuerdo de Jorge Chapellín en el Colegio Chaves volvió a mi mente con especial fuerza el mes pasado, cuando Federico Chang formó un grupo que bautizó “Labor Social por Valencia” con Vicente Guatache, Paco Rosales, Fernando Romero, Alejandra Reuman, Santos Gómez y mi hermano Toby Correa, con la idea de hacer unos eventos artísticos a beneficio de algunas instituciones valencianas y comenzamos con la Parroquia Inmaculada de Camoruco, (la “iglesia de los italianos” para la Valencia de siempre) donde el Cardenal Padrón lleva a cabo el almuerzo solidario que cubre un promedio de 180 almuerzos diarios, entre otros servicios. La idea fue hacer un show de los 70’s, 80’s y 90’s, con artistas como Eddy Castro, The Charles Band, Los Tres Tristes Tigres y Jorge Chapellín de Los 007 bajo la animación de Otto Alejandro Moreno.

Cuando llegó el día, nos habíamos comprometido en llegar temprano al sitio y a las cinco de la tarde ya yo estaba ahí. Jorge Chapellín, que vivía en Maracay, ya había llegado y estaba hablando con su amigo Federico Chang. Cuando me acerqué, Federico me saluda con mucho cariño y, en lo que me va a presentar a Jorge, este me da un abrazo como si me conociera de toda la vida, abrazo que acepté feliz. Habrían pasado muchísimos años, pero en mi corazón, seguía siendo mi ídolo.

Comenzamos a hablar de lo que sería el evento y en una de esas le dije: “la última vez que te vi, fue en un acto del Colegio Chaves donde fuiste animador” y me respondió: “claro, las Trujillo son primas de mi papá, Tana, María, Melche, Isabel”. Ahí se abrió el compás, le conté de mi tío José Trujillo y fue como si en verdad nos conociéramos de toda la vida. Me comentó de lo mucho que amaba a mis tíos-primos Gisela y Francisco Marcano. Incluso me mostró la foto de la Venerable Madre Emilia de San José, de las hermanitas de los pobres, que era prima de su abuelo, y su nombre real era Emilia Chapellín Istúriz. Federico tenía reservado un lugar para los artistas y él, con toda la sencillez, bajó y presenció la actuación de los Tres Tristes Tigres, que lo antecedieron.

Hablamos de tantos amigos comunes, de mi hermano de la vida, Chile Veloz, de nuestro mutuo amigo Luis Guillermo Rangel, que era el cuatrista inseparable de Chelique Sarabia; mencionó que vio a mucha gente en el funeral de Floria Márquez, y de cuánto le había impresionado la manera en que se fue. No supe cuánto tiempo estuvimos hablando, solo sé que ese diálogo convirtió un homenaje público en un recuerdo profundamente personal.

Su presentación fue espectacular. Lo acompañó el grupo que tiene fijo el Restaurante Lay Yin China Bistró, sin ensayo previo y lo advirtió con toda humildad. El público disfrutó enormemente del espectáculo. Debo ser objetiva y comentar que en realidad disfrutó de todo el show: Eddy Castro, los Tres tristes Tigres, Jorge Chapellín y The Charles Band. Todo resultó de maravilla, la cena, los pasapalos, la bebida, todo.

Jorge, además de músico tenía otras profesiones o, mejor dicho, otras pasiones. Era ingeniero industrial especializado en el área de alimentos. Desde los años setenta, se fue a vivir a Maracay para trabajar en una empresa y ahí comenzó su vida como gremialista. Fue director de la Cámara de Industriales del estado Aragua y luego su presidente. Después pasó a dirigente del Consejo Venezolano de la Industria, Conindustria, posteriormente fue director de Fedecámaras y llegó a la vicepresidencia.

Por una entrevista que le hizo Román Lozinski me enteré de que su papá, cuando estaba comenzando en la universidad, pero a la vez era el exitoso solista de Los 007, le dijo: “tienes dos opciones, o estudias o estudias”. Y de esta manera se fue a estudiar a una universidad en los Estados Unidos. Pero allá no dejó de cantar, ni a su regreso, porque nunca renunció a hacerlo.

Esta presentación en Valencia, en el Lay Yin China Bistró, fue su última función. Tal vez no murió en un escenario, como deseaba, pero lo hizo cinco días más tarde. Para mí, fue un regalo de Dios, haber podido compartir tanto con uno de mis ídolos y haber estado en esa su última e impecable función, donde Jorge Chapellín detuvo la noche y todos pudimos escuchar su último beso.

Anamaría Correa

anamariacorrea@gmail.com 

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Las opiniones expresadas en este artículo son exclusivas del autor y no reflejan necesariamente la posición de El Carabobeño sobre el tema en cuestión.

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