Los fundadores de la asociación civil Paseo Orégano no paran. Cinco años después de haber rescatado un terreno convertido en basurero, que luego transformaron en el bosque Santos Cartaya, en la urbanización El Morro II, crearon el Vivero Vetiver y se proponen la construcción del aula ambiental.
Son personas con un propósito claro: resguardar el medio ambiente lo que, en consecuencia, mejora la calidad de vida. Los vecinos de las casas circundantes al hermoso bosque Santos Cartaya dan fe de ello. También hay personas que apoyan, como los organizadores de la cuarta edición de la carrera Paseo Orégano, quienes cada año consiguen y aportan los recursos que permiten el costoso mantenimiento del bosque.
Trina Luque, hoy presidenta de la A.C. Paseo Orégano, junto a los fundadores Omar Cartaya, Dinorah Figueroa, Víctor Barranco, Agustín Martucci, Nora Urdaneta, Alberto Rengifo, Ligia Rebolledo, Marco Oropeza, recuerdan una y otra vez la historia del inicio. No olvidan como, en sus conversaciones, hablaban de las mil cosas que en ese terreno se podían hacer. Finalmente tomaron acción y las hicieron, organizados en el grupo ambiental El Morro II. Limpiaron, sembraron, pidieron ayuda y también permisos y ahora esas cinco hectáreas, que son de la comunidad, están muy bien cuidadas.

Hoy, además del hermoso bosque Santos Cartaya, el jardín y el Mirador de los abuelos, el Refugio Celestial y su puente "9cito" y el vivero vetiver, tienen en planes el aula ambiental.

El Vivero Vetiver y los códigos QR
Las siembras de vetiver están claramente delimitadas en el bosque. Con la asesoría ambiental de los ingenieros Oswaldo y Rafael Luque, grandes conocedores del tema por años de experiencia, hoy Paseo Orégano está en capacida de vender esta planta, ideal para la descontaminación de las aguas y para mejorar los suelos erosionados.

Es tan beneficiosa esta planta de raíces profundas, que se utiliza para el control de la erosión. de los suelos También se determinó, según la explicación del ingeniero Oswaldo Luque, que sirve para tratar aguas contaminadas, pues elimina nitrógeno, heces fecales, entre otros compuestos. Lo sabe por varios proyectos desarrollados en empresas Polar, donde trabaja, que han resultado sumamente exitosos. Tanto que lo propone como una solución para la contaminación de las aguas del embalse Pao Cachinche, que son de consumo humano.


Hace cinco años se sembró en espacios del Paseo Orégano y hoy tienen el proyecto de venderla a la comunidad para tratar la contaminación y la erosión.
Otro proyecto, el de los códigos QR, iniciado con jóvenes de la Asociación de Scouts, permitió identificar 30 de las plantas más emblemáticas que hay en la zona. Las personas conectan sus teléfonos a través del código QR con una web creada por los jóvenes para Paseo Orégano. Allí pueden conseguir información muy amplia sobre las especies, detalló Agustín Martucci. Figueoa recordó que los dos camorucos que hacen como una especie de entrada a esa parte del bosque fueron sembrados hace unos 15 años por miembros de la Fundación Hijos de la Madre Tierra.
El aula ambiental
El aula ambiental es el proyecto a impulsar en este momento, quizás con apoyo internacional. La intención es destinar un espacio de usos múltiples para la comunidad, pero con características particulares. "Tendrá una arquitectura bioclimática, que permite que haya una circulación cruzada de vientos para enfriar, y estará debajo de una gran plataforma que es la que va a almacenar el agua de lluvia. Está concebida, además, como un área para la educación y para actividades culturales".
Trina Luque explicó que el espacio estará rodeado de jardines y fuentes de agua, y contará con salones para eventos y un aula especial para la cosecha de esa agua de lluvia. Está diseñada con aireación natural y permitirá aprovechar el espacio que tienen en el bosque. Es un moderno diseño creado por el arquitecto sandiegano Reinaldo Martínez Agana. "Tenemos el terreno y buscaremos una alianza internacional que genere los recursos para su construcción".
El jardín y el mirador de los abuelos

Freddy Pinto tiene una labor muy importante. El mantiene el jardín en un espacio recuperado del bosque. Como el resto, hace años comenzó a trabajar en la recuperación de los terrenos. Según cuenta, lo primero fue reforestar, pero el fuego que llegaba hasta la zona, acababa con las intenciones. Pinto tiene 40 años viviendo en el lugar. Un verano limpiaron para evitar que llegara la candela y comenzaron a ver los frutos del esfuerzo. Un grupo asumió una parte del terreno y el otro una zona más distante. Limpiaron, sembraron y pararon la candela.

Hace como cinco años se formó un grupo más grande y lograron frenar los incendios. Luego, a partir del regalo de unas matas que hizo una vecina, comenzó a sembrar más plantas, la mayoría donadas. Hoy lo que hay es un jardín muy hermoso.

El hoy no forma parte del grupo ambiental."Es cuestión de estilos, pero estamos asociados a ellos en cuanto a lo que necesiten", dice. Sigue, sin embargo, cuidando las flores, los árboles en un espacio que incluye el mirador de los abuelos, el Refugio Celestial y el paso del puente "9cito" donde una vez al mes se desarrollan actividades culturales. Su trabajo se ve a través de innumerables plantas multicolores, cuyas historias dice con orgullo que conoce.
La generación de relevo
Omar Cartaya apuesta por una generación de relevo para cuidar lo hecho hasta ahora. El apuesta porque los niños que se enamoren del medio ambiente y se dediquen a proteger la naturaleza. "Ya aquí esto está hecho, pero hay que cuidarlo, mantenerlo y los más pequeños pueden, en un futuro, ser los cuidadores de estas bellezas". Por eso apuesta a los niños de ahora, para que en el futuro los ayuden, que se enamoren del medio ambiente.".









