Malezas altas, malos olores, cercas deterioradas, áreas comunes descuidadas y espacios utilizados presuntamente para dormir durante la noche por personas ajenas a la organización forman parte de las condiciones denunciadas por madres de niños que entrenan béisbol en los campos de Criollitos de La Isabelica, en Valencia.
A fin de proteger la identidad de las representantes, a las tres madres se les cambiaron los nombres para evitar represalias. Las tres madres describieron las condiciones que, según sus testimonios, enfrentan diariamente los niños que acuden al complejo deportivo.
El espacio está ubicado junto a las piscinas de La Isabelica y cuenta con alrededor de cuatro campos donde operan varias escuelas de béisbol. Según las representantes, diariamente pasan por estas instalaciones más de 100 niños, con categorías que van desde los 3 años hasta adolescentes de 15 y 16 años.
Las madres cuestionan las condiciones en las que los menores deben esperar entre prácticas, permanecer durante los juegos y realizar sus entrenamientos.

Las áreas comunes
Uno de los principales problemas señalados por las representantes es la falta de mantenimiento de las áreas comunes y las caminerías. "Los campos reciben corte cada cierto tiempo, pero las áreas donde están los padres y donde los niños esperan entre un juego y otro están en completo abandono", explicó María*.
La maleza ya ha crecido a un tamaño lo suficientemente considerable como para cubrir el cuerpo de una persona de tamaño promedio. Esto favorecería la presencia de animales que se ocultan entre los matorrales. "Los perros obviamente están porque es una caminería, pero también se acercan por las condiciones en las que está el lugar".
A esto se suma la acumulación de desechos en espacios destinados a la permanencia de los niños y sus familiares. Aquí se pueden encontrar heces de animales, pero también de personas, presuntamente indigentes que encuentran refugio en dichas instalaciones.

Malos olores
Las representantes también señalan que los dogouts permanecen en malas condiciones de higiene. Según el testimonio de Carolina*, es ahí precisamente en donde los indigentes entran a hacer sus necesidades, pero también sirven como refugios para la lluvia y pasar la noche. "Los dogouts siempre huelen a orines y no son los niños. Tú puedes identificar que no es un orine de niño, es más fuerte, más ácido".
Las madres aseguran haber encontrado además prendas íntimas y preservativos en los dogouts y otras áreas comunes, una situación que consideran especialmente preocupante debido a la edad de los niños que utilizan las instalaciones. "La otra vez encontramos un hilo dental usado sobre uno de los asientos de los dogouts y varios niños preguntaron que qué era eso. Razonablemente uno como padre no puede decir simplemente que es una pantaleta, cuando dice eso inmediatamente van a preguntar por qué una ropa interior está en ese sitio. Y lo de los preservativos fue demasiado. Pero eso solo evidencia que las canchas no solo están descuidadas en lo estético, sino faltas de seguridad".
Para Padrón un panorama como ese es una señal inequívoca para los padres de que se deben tomar acciones. En cierto modo lo han hecho. Ella junto con otros padres y representantes han hecho de la autogestión una vía para mantener limpias las áreas. "Echamos agua, jabón y cloro de vez en cuando porque ningún padre quiere que su hijo entrene en un entorno así es indignante, si no, el olor es verdaderamente penetrante".

Detener la práctica
Pero no siempre logran su cometido los padres. Hace poco más de un mes, el hijo de Andrea* detuvo la práctica y dejó tanto a los entrenadores como a los demás papás petrificado porque no vieron venir la actitud.
"Es un niño de seis años. Tu te imaginas que un chamo más grande pueda salir con ese comentario. Por lo general los más pequeños suelen ser más llevaeros ante situaciones incómodas. O quizás se quejan pero continúan. Aquí fue todo lo contrario. Le dijo al profesor que no aguantaba el olor. Le estaba ocasionando náuseas". Aunque en algún punto el profesor quiso insistir, los mismos padres aprovecharon la oportunidad para aprovechar y evidenciar la realidad que lleva ya unos dos años.
Para las representantes, la situación resulta especialmente preocupante porque se trata de niños pequeños que permanecen durante períodos prolongados en las instalaciones.

Cuatro escuelas de béisbol
Las representantes calculan que entre cuatro y cinco escuelas de béisbol desarrollan actividades en los campos de La Isabelica. La afluencia aumenta durante las jornadas de entrenamiento y competencia. En esos días, las madres aseguran que pueden concentrarse más de 200 niños deportistas de distintas edades en el complejo.
Sin embargo, algunas categorías deben utilizar espacios ubicados en la parte posterior de las instalaciones, donde las representantes aseguran que también encuentran maleza alta y condiciones deficientes de mantenimiento. "Te toca practicar en la parte de atrás por cualquier razón y tienes que estar expuesto al olor, a la maleza alta y a los animales". Dugarte dice que hay momentos en los que no sabe en donde puede ubicar la silla porque si se mueve más hacia un lado es el olor el que le impide disfrutar del momento, pero si se van a otra área la maleza es el problema.
Uno de los campos, identificado como el número uno, estaría siendo acondicionado para comenzar a funcionar como academia. Sin embargo, las madres señalan que otros espacios destinados principalmente a los niños más pequeños continúan deteriorados.

Cercas y gradas
El abandono, según las representantes, no se limita a la vegetación y la limpieza. Las cercas que rodean los campos presentan daños y algunas se encuentran tumbadas. Esto dificulta que los padres puedan permanecer en condiciones adecuadas alrededor del terreno mientras observan los entrenamientos, explica Perdomo, para luego destacar que el campo número cuatro también presenta problemas en las áreas destinadas al público.
"Las gradas están en pésimas condiciones. No hay áreas dignas en donde sentarte" Esto lo que ha provocado es que se normalice la llevada de sillas por parte de los padres. Lo cual evidencia el daño de instalaciones.
Pagos
Ante esta realidad los padres se preguntan por qué el dinero que dan para pagar las cuotas no se direcciona al mantenimiento de las instalaciones. Ni siquiera exigen un mantenimiento permanente, sino que se de un tiempo prudencial para volver a recaudar y atacar los problemas, al menos de la maleza. Las representantes señalan que se realizan distintos pagos asociados con las actividades deportivas de los niños.
Según sus testimonios, las mensualidades de los equipos oscilan entre 15 y 30 dólares, dependiendo de cada organización. En ese pago estaría incluido el salario del profesor y, según lo que se les ha informado, el mantenimiento de los espacios. Además, por cada juego se realizan pagos que oscilan entre 6 y 7 dólares. "Se supone que el campo te lo entregan en condiciones. Pero la verdad es que a veces los niños juegan en un campo en el que a veces la grama crece. ¿Cómo expones tú a los niños y a los adultos".
Dos años
Andrea, que es una de las mamás más antiguas, aseguró que conoce el estado de los campos desde hace aproximadamente dos años y que durante ese período no ha observado mejoras significativas.
Aunque reconoce que ocasionalmente se corta la maleza y se realizan labores de limpieza, considera que estas acciones no resuelven los problemas estructurales de las instalaciones. "Puedes ver que limpiaron, cortaron un poquito el monte y recogieron, pero no ves que acomoden los dogouts ni las gradas".
Y es que los problemas comienzan desde la entrada del campo.

El barrial de Hidrocentro
Padrón dice que entrar al campo es un problema porque hace casi tres meses Hidrocentro hizo unas obras con una tubería. "Es una toma principal, pero rompieron y dejaron eso como goteando. Después pusieron más tierra, pero como no es asfalto todo terminó vuelto un barrial".
Esta madre dice que a veces para ingresar al recinto hay que dar brincos y buscar los espacios mas secos, porque incluso hay resbalones y los zapatos y pantalones se ensucian antes de incluso empezar a jugar. Ante toda esta realidad los padres admiten no saber a quien le corresponde la responsabilidad de mantener las instalaciones.
Según las madres, se les ha indicado que la alcaldía no interviene en el mantenimiento porque el espacio sería considerado privado. Ellas desconocen cuál es exactamente la figura administrativa que regula el complejo.
En el lugar participa la Liga Central de Béisbol, la Asociación de Criollitos también tiene participación en la organización de las actividades y en los procesos deportivos. Las representantes consideran que ambas organizaciones pueden ayudar a precisar quién tiene las competencias sobre el mantenimiento de los campos.
Las madres aseguran que su intención no es trasladar automáticamente la responsabilidad a una institución específica. Por el contrario, consideran necesario determinar primero quién administra los espacios y quién debe garantizar sus condiciones.
Mientras continúan los entrenamientos y competencias, las madres esperan que la Asociación de Criollitos, la Liga Central de Béisbol y las instituciones que tengan competencia sobre el espacio aclaren la situación y establezcan un plan de mantenimiento.
El objetivo es que los niños puedan continuar practicando béisbol en instalaciones que garanticen condiciones básicas de higiene, seguridad y bienestar.









