La Legión Británica fue un contingente de voluntarios extranjeros, en su mayoría británicos e irlandeses, que se unieron a la causa independentista de América del Sur a principios del siglo XIX. Estos hombres, motivados por razones diversas como ideales de libertad, búsqueda de nuevas oportunidades o promesas de pago, ofrecieron sus servicios militares al ejército patriota venezolano durante la Guerra de Independencia. De ellos, mencionemos a Daniel O'Leary, un irlandés que llegó a Venezuela y se convirtió en uno de los más fieles colaboradores de Simón Bolívar, que participó activamente en las campañas militares y que, además, fue el encargado de recopilar y preservar valiosos documentos y memorias sobre la gesta independentista, lo que le valió reconocimiento tanto como militar como historiador de la época. La Plaza O'Leary, en el centro de Caracas, es un emblemático espacio público nombrado en su honor, y mencionemos también a John Farriar, de origen inglés, quien participó en numerosas acciones militares, demostrando gran valentía y compromiso. En Valencia se le recuerda con una calle que lleva su nombre.
Estos voluntarios y mercenarios, que no solo dejaron huella en los campos de batalla, sino también en la memoria colectiva de Venezuela, no actuaban bajo órdenes oficiales del gobierno británico, sino como particulares que ofrecieron sus servicios al ejército patriota venezolano; por lo tanto, no puede atribuirse su actuación a una intervención del Reino Unido en la independencia de las colonias de Suramérica dominadas por España, lo que hubiera podido calificarse como la injerencia de una nación en los asuntos de otra.
En mayo de 2020, un grupo de mercenarios exmilitares estadounidenses y disidentes venezolanos intentaron ejecutar la llamada “Operación Gedeón”, con el objeto de ingresar clandestinamente a Venezuela para capturar altos funcionarios del gobierno y fomentar un levantamiento armado, pero la incursión fue frustrada rápidamente por los agentes del régimen. Un episodio que puso en evidencia la persistencia de intentos externos por influir en la situación política interna, aunque sin evidencias de respaldo oficial de ningún gobierno extranjero.
Y uno, comparando este episodio con el de la Legión Británica, encontraría una diferencia importante: los del siglo XIX nutrían un ejército que combatía a una potencia colonialista y opresora, pero los de 2020 fueron reprimidos por fuerzas que apoyaban y, como mercenarios, siguen apoyando al que todavía está vigente (aunque quien lo representaba entonces está ahora encarcelado en Nueva York) perdiendo una buena oportunidad de reivindicarse ante el pueblo venezolano, luego de dos décadas de sumisión a un régimen corrupto y hambreador del pueblo al que juraron defender con honor. También perdieron otra oportunidad al no hacer respetar la decisión del pueblo en las elecciones pasadas, tras la trampa urdida por el régimen para mantenerse en el disfrute del poder, adulterando el proceso electoral.
Esta vez los militares, ya no paradójicos mercenarios en su propio país y al servicio del todavía ilegítimo régimen, junto con la población civil son factor importante en el restablecimiento de la democracia.
Los días que vienen son cruciales para el destino del país. Como en un ajedrez, quienes negociaron a los Maduro mueven sus piezas para usurpar la presidencia con la ayuda del arrogante y prepotente míster Trump, que se ha autoproclamado árbitro de todo lo que ocurre dentro y fuera de su país.




