Muchos recordamos a nuestros padres cuando nos pedían que nos sentásemos bien y mantuviésemos el cuerpo erguido. Nos hacían esas recomendaciones porque sabían las consecuencias que podían derivarse de una mala postura para la espalda. Sin embargo, lo que pocos imaginaban es el profundo impacto que esto tiene en nuestra mente.
Seguramente usted está leyendo este artículo en su celular y tiene la cabeza inclinada hacia abajo. Mueva su cabeza hacia atrás: ¿siente alguna molestia en el cuello? Si no la siente, no se preocupe, antes de que llegue la noche la va a sentir. Para su consuelo, no está solo: mire a su alrededor y verá a muchas personas con la cabeza gacha, caminando como zombis ensimismados detrás de la pantalla de un celular, con una postura que los especialistas llaman “text neck” (síndrome del cuello de texto) y a la que señalan, en la actualidad, como una de las principales causas de las molestias cervicales.
La cabeza humana de un adulto pesa, en promedio, unos 5 kilogramos. Sin embargo, a medida que se inclina hacia delante y hacia abajo, la carga que deben soportar las cervicales aumenta y puede llegar a alcanzar —por el efecto torque— hasta unos 27 kilogramos. Las consecuencias en el sistema musculoesquelético lucen evidentes (dolores en cuello, hombros y espalda), pero más sorprendentes son las secuelas que hoy se sabe producen en el cerebro.
La doctora Nazareth Castellanos, neurocientífica española dedicada al estudio de la interacción cuerpo-cerebro, detalla experimentos reveladores. En uno de ellos, a unos voluntarios les mostraron en una pantalla cientos de palabras (algunas positivas y otras negativas). A un grupo le colocaron el monitor en el suelo y a otro en una mesa elevada. Al pedirles recordar palabras de la prueba, el grupo que estuvo viendo hacia abajo recordó más palabras negativas. El grupo que mantuvo una postura erguida mirando hacia arriba recordó más términos positivos.
La investigadora explica que el cerebro siempre tiene una representación de nuestra posición corporal. Estar cabizbajos aumenta el llamado “sesgo negativo”: tendemos a fijarnos más en lo malo que en lo bueno. Así como las emociones afectan la postura, la postura moldea las emociones.
La relación entre la mirada gacha y el estado de ánimo es tan directa, que en algunas líneas telefónicas de asistencia para personas con depresión, los operadores suelen dar una indicación inicial precisa antes de abordar la conversación: «Levante la cabeza y mire hacia arriba». Es el primer paso para interrumpir el desánimo y comenzar a aliviar la carga emocional.
El cerebro también le presta enorme atención al rostro. En ocasiones ponemos “cara de pocos amigos” o fruncimos el ceño para hacer ver a otros que estamos molestos —una táctica que con frecuencia aplican las señoras para hacer sentir mal a sus maridos—, sin darse cuenta de que las primeras personas que sufrirán ese malestar serán ellas mismas, pues el cerebro enviará señales al organismo para reproducir el estrés de esa gesticulación. Por el contrario, a nuestro cerebro le encanta ver una sonrisa. Sonreír —haya un motivo o no— beneficia a los sistemas nervioso, cardiovascular e inmune, pues el cerebro interpreta que las cosas no están tan mal.
Los hallazgos de la neurociencia nos enseñan a cuidar continuamente nuestra postura y nuestros gestos. Tienen un efecto directo en la memoria, la atención y el estado de ánimo. Al final, mantenerse recto y sonreír dificulta que la tristeza gane terreno. Mirar hacia arriba siempre ha sido un buen consejo… ¡y si se hace con fe, mucho mejor!




