Guillermo de León Calles: El poeta que vio el mundo con el alma

El primero de febrero nos dieron la noticia de que el poeta Guillermo de León Calles había fallecido. No puedo negar mi tristeza, porque, aunque la muerte es lo único seguro que tenemos, ese egoísmo terrenal, o la ignorancia de cómo será la vida en el otro mundo, nos lleva a sentir soledad y desolación; cuando más bien deberíamos alegrarnos, porque, habiendo conocido la hermosa vida del personaje, es seguro su viaje al Paraíso.

Lo conocí gracias a una invitación que el poeta nos hiciera, a nuestro grupo “Las Brujas y Zuzón de la Universidad de Carabobo”, cuando se desempeñaba como Director de Cultura de la Universidad de Falcón (UDEFA), a cantar en la Cátedra del Bolero que él mismo dirigía en Coro. Y fue amor a primera vista. La atención para con nosotros fue increíble. Luego de nuestra actuación, nos regaló un poema, “De que volamos, volamos”. En pocos días Álvaro Granadillo, nuestro guitarrista, le puso música y, con arreglos de cuerda de mi comadre y directora, Lucía Montanari, incluimos el tema en nuestra última producción discográfica.

Me impresionaba que, siendo invidente, no te lo hacía sentir. Tal vez veía el mundo desde otra perspectiva, pero siempre estaba de buen humor. Y esa perspectiva única fue la que nutrió una vida entera dedicada a la palabra, a la tierra y a la gente. 

Hablando sobre eso con mi hermano Juan Pablo, me contó que el Grupo de Música Popular Latinoamericana de la UC, cuando él lo dirigía, también recibió la invitación de Guillermo de León Calles a cantar en la UDEFA y le impresionó cómo, al presentarlos, desde la tarima, dijo el currículo del grupo y el de Juan Pablo de memoria, porque era ciego, no tenía cómo leerlos.

Luis Augusto González, mi querido hermano del alma, “Guaguancó”, mi compañero radial y musical, conoció a Guillermo de León Calles con los dos grupos o con uno de ellos (porque perteneció a ambos) y recordaba también al fiel compañero de Guillermo, Antonio Tua, tan fiel que se había convertido en sus ojos, pero hace unos años nos dejó también.

Guillermo De LeónCalles nació en Pedregal, el 17 de septiembre de 1943, pero creció entre Coro y Punto Fijo, donde estudió bachillerato. En Caracas se formó con el maestro Luis Peraza en Dramaturgia y posteriormente estudió Administración en la Universidad del Zulia. Pero más tarde descubrió que lo que más amaba era escribir y hacer poemas. Y su tierra falconiana no la abandonó jamás.

Ahí, en su Falcón querido, desarrolló una intensa labor educativa y cultural que dejó huella imborrable. En 1966 fundó el Ateneo de Punto Fijo, cuya dirección ejerció con pasión. Su visión trascendió lo local: fue asesor del Consejo Nacional de la Cultura (Conac) y del Instituto Cultural del Estado Falcón (Incudef), y figura entre los fundadores del Sistema Nacional de Orquestas Juveniles e Infantiles de Venezuela en 1983, semilla de un movimiento que transformaría al país.

El maestro llevó su voz a las aulas del liceo Alejandro Petión de Punta Cardón, la casa cultural de Santa Ana y el Núcleo Punto Fijo de la Universidad del Zulia. Su magisterio cruzó océanos, siendo profesor invitado en universidades españolas y rusas. Fue designado representante de la Asociación de Cronistas de Venezuela ante la Unesco para la conservación de la memoria histórica del mundo, sin olvidar que también dirigió la Corporación Mariano de Talavera, guardiana del Patrimonio Cultural de la Humanidad que son Coro y su Puerto de la Vela.

Su pluma fue fértil y reconocida. Además de ejercer el periodismo como redactor y corresponsal de El Nacional, Médano (diario regional del estado Falcón) y Panorama (del estado Zulia), en 1983 fue laureado con el Premio Internacional de Poesía Simón Bolívar, superando a cuatrocientos poetas de toda Hispanoamérica. Publicó más de veinte poemarios, consolidándose como una de las voces fundamentales de la poesía venezolana contemporánea.

Y su poesía, como él, no conocía de barreras. Uno de sus poemas, “Si la tierra tierra fuera”, dedicado a Venezuela, fue llevado al canto por Miguel Ángel Bosch y popularizado por Serenata Guayanesa. Recuerdo con especial emoción estar con él cuando en 2012, nos enteramos de que María Teresa Chacín había ganado un Grammy Latino por un disco dedicado a los niños que contenía dos de sus poemas. Guillermo amaba a los niños, a ellos les escribió su poema preferido, “Llegó septiembre”, con el que saludaba el inicio de clases, y que recitaba con una sonrisa que iluminaba cualquier recinto.

Su herencia está viva en las instituciones que llevan su nombre: las casas de la Cultura de Pedregal y de la Comunidad Cardón, el Grupo de Artes Integradas y el Grupo de Acopio Documental de la Universidad Nacional Experimental Francisco de Miranda, y las bibliotecas del Liceo Nicolasa de Zavala y la Casa de la Cultura de Azaro. La Coral “Guillermo de León Calles”  se fundó en su honor el año 2011 y en 2023 fue ratificada su designación como Patrimonio Cultural Viviente del Estado Falcón.

Guillermo era nieto del poeta falconiano Guillermo de León y su nombre completo era Guillermo Segundo, en honor a ese abuelo que sin duda le legó el don. Hijo de Maximiliano de León Medina y Carmen Calles, era el cuarto de ocho hermanos: Max José, Luz María, Hernán José (fallecido), Harold José, Iris del Valle, Carmen Josefa y Alex José. De Pedregal a Coro, de Coro a Punto Fijo, y luego a Caracas, donde ejerció el periodismo como corresponsal y redactor de diarios como El Nacional, Panorama y Médano, Guillermo llevaba a Falcón en el alma y en cada verso.

Guillermo le escribió a este país, a Falcón, a su tierra natal, le escribió a su Pedregal. Miguel Ángel Bosch musicalizó sus “Versos al abuelo”. Su obra literaria y dramática ha sido traducida a otros idiomas y ha recibido premios internacionales, como el latinoamericano de poesía en el XI Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes en La Habana.

Hoy, Guillermo de León Calles se ha ido físicamente, pero su vuelo perdura. Vuela en sus versos que ahora son canciones, en las instituciones que fundó, en la memoria de los niños a quienes dedicaba su poesía, y en el corazón de todos los que, como nosotros, Las Brujas y Zuzón, tuvimos la suerte de recibir de él, no solo un poema, sino un ejemplo de vida: la de un hombre que supo iluminar con el alma el mundo entero. De que volamos, volamos… y él, sin duda, sigue volando muy alto.

Anamaría Correa anamariacorrea@gmail.com

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Las opiniones expresadas en este artículo son exclusivas del autor y no reflejan necesariamente la posición de El Carabobeño sobre el tema en cuestión.

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Guillermo de León Calles: El poeta que vio el mundo con el alma

Anamaría Correa
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