El peso del respaldo de la sociedad civil

Tenemos que ser el eco y gritar a todo pulmón, hasta que penetre las paredes de la Oficina Oval de la Casa Blanca, que el principio democrático descansa sobre la premisa, no de los drones ni de los fusiles, sino del poder que proviene de los ciudadanos

                                                                                                                                                                                                  

Si ciertamente los gobiernos no democráticos gozan del respaldo de las armas, ‘de los revólveres’, no debe despreciarse el respaldo y la participación activa de la sociedad civil que constituye el núcleo capital de cualquier sistema democrático. Es universal la opinión que sin el consentimiento y el ímpetu del pueblo las estructuras institucionales corren el riesgo de volverse vacías o autoritarias hasta finalmente derrumbarse.

De cualquier forma, tenemos que ser el eco y gritar a todo pulmón hasta que penetre las paredes de la Oficina Oval de la Casa Blanca, que el principio democrático descansa sobre la premisa, no de los drones ni de los fusiles, sino del poder que proviene de los ciudadanos como lo señala nuestra Constitución de aquí mismo. De manera que el apoyo popular para que los venezolanos vayamos a unas elecciones presidenciales en el menor tiempo posible, léase ni más ni menos, que no es un mero trámite electoral sino el principio firme, invariable, de la validez para el ejercicio gubernamental. No es tolerable que el poder se ejerza de espaldas a las miserias reales de la población; en otras palabras, a su decisión. De modo idéntico, una sociedad civil organizada actúa como contrapeso indispensable para garantizar la salud de la república y prevenir la concentración desmedida de poder. Hay experiencias de que los gobiernos respaldados por vastos sectores sociales poseen mayor fortaleza institucional para afrontar coyunturas críticas. Los venezolanos fuimos un ejemplo de ellos durante cuarenta años: superando guerrillas urbanas y rurales, intentos de magnicidios, sublevaciones militares, de manera que no tenemos por qué ir a buscar patrones extranjeros si aquí mismo lo vivimos por muchos años.

Cabe destacar, que los venezolanos tenemos una extensa y cruenta experiencia de lucha. Mientras a los países vecinos sus problemas para conseguir la libertad del imperio español les llevaron unos pocos meses, gracias por cierto al auxilio de los venezolanos, nuestros compatriotas batallaron por veinte años si consideramos el lapso de la Cosiata, es decir, la separación de la Gran Colombia.

En consecuencia, y en esto hay absoluta unanimidad, lo que se pretende es canalizar las demandas colectivas a través de cauces serenos e institucionales. No hay nada más pacifista y civilizado, asunto que el gobierno norteamericano debe comprender incluso por su propio bienestar, que respetar lo que contemplan los patrones de cada nación. Ellos, a quienes muchos compatriotas les agradecemos que por la operación llevada a cabo el 3 de enero de 2026 logramos salir de las cárceles donde nos encontrábamos, que, entonces, no es de extrañarles que tengamos cierta premura de que se apure el paso para ir a elecciones presidenciales, y sencillamente que gane aquel que obtenga mayos votación. Veintisiete años de todo tipo de penurias, de carencias, de muerte, no son poca cosa. De manera, es indispensable e impostergable una ciudadanía deliberante que intervenga en los asuntos públicos de manera continua, que la sociedad civil tenga un impacto real en las decisiones del gobierno, que sea una especie de contralor…

En consecuencia, en una dictadura las relaciones entre el gobierno y la oposición son inherentemente tensas y conflictivas porque sus objetivos son fundamentalmente opuestos. La dictadura busca mantener el control absoluto, mientras que la oposición lucha por un cambio político y la restauración de la democracia. La lucha por la libertad y la democracia a menudo implica sacrificios y retos profundos. En Venezuela, por ejemplo, esta lucha ha sido marcada por crisis políticas, económicas y sociales que han afectado a millones de ciudadanos. Líderes como María Corina Machado han planteado principios fundamentales para avanzar hacia un cambio democrático, destacando la importancia de la unidad nacional, la corresponsabilidad ciudadana y la lucha justa por medios constitucionales. Conjuntamente, se ha enfatizado la necesidad de un liderazgo comprometido con valores éticos y políticas que promuevan una economía sana y una sociedad justa…

garciamarvez@gmail.com

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Las opiniones expresadas en este artículo son exclusivas del autor y no reflejan necesariamente la posición de El Carabobeño sobre el tema en cuestión.

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El peso del respaldo de la sociedad civil

Rafael García Marvez
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