Uno de los pasos más difíciles en el aprendizaje de un idioma es la conjugación de los tiempos verbales: presente, pasado, futuro… En algunas lenguas, como el castellano o el italiano, es bastante arduo memorizarlos; en otras, como el inglés, pareciera más sencillo.
Mi amiga Marcolina necesitaba aprender inglés y tomó un curso intensivo. Una de las mayores dificultades con las que se consiguió fue, precisamente, los tiempos verbales. Ella siempre colocaba el verbo en tiempo presente. Hablaba en presente y, con su mano, hacía movimientos para indicar en qué tiempo verdaderamente quería expresarse. Por ejemplo, cuando quería decir "Yo voy", decía "I go"; pero cuando quería decir "Yo fui" (en pasado), decía lo mismo, "I go", moviendo su mano hacia atrás para indicar que la cosa había ocurrido en el pasado. Igualmente, para el futuro, decía exactamente "I go", pero su mano se movía hacia adelante. En otras palabras: ¡Marcolina se quedó anclada en el tiempo presente! ¡Excelente! ¡Nada mal!, porque, sin saberlo, seleccionó el mejor tiempo para vivir y disfrutar de la vida.
Desde niños nos enseñan a proyectarnos constantemente hacia el futuro: estudiar, graduarnos y ser buenos profesionales. Luego, en el trabajo, buscamos ascensos en el mapa de carrera, y al acercarnos a la tercera edad, esperamos la jubilación para finalmente descansar. Todo eso nos distrae del hoy; no lo disfrutamos a plenitud creyendo que algo mejor ocurrirá mañana. Lo más lamentable es que, al alcanzar los logros o bienes deseados, la satisfacción dura poco, las expectativas cambian y sentimos la necesidad de crear nuevas metas, cayendo en lo que la psicología llama la rueda hedonista. Así quedamos atrapados en dos tiempos irreales: el pasado, sufriendo por lo inalterable, y el futuro, esperando que la vida empiece cuando ciertas condiciones se cumplan.
El Dr. Tal Ben-Shahar, psicólogo y profesor especialista en psicología positiva, recomienda para disfrutar el tiempo presente: "transformar las actividades ordinarias en extraordinarias". Es decir, dedicarnos de lleno a lo que estamos haciendo en el momento, con atención plena y sin distracciones. Si usted corta el césped de su casa, por ejemplo, entréguese a esa labor con satisfacción: disfrute del olor a grama recién cortada y recréese al observar las plantas bien podadas. Al terminar la faena, sienta alegría y orgullo por un trabajo bien realizado.
Disfrutar el presente no significa borrar ni el pasado ni el futuro, sino saber traer lo mejor de ellos al "aquí y ahora". Podemos gozar rememorando gratos momentos al revisar fotografías familiares o al recordar historias de la universidad con un colega amigo. De igual forma, es válido deleitarse fantaseando con los proyectos y sorpresas que el mañana nos depare. Traer el placer del ayer y la ilusión del mañana al momento actual, es una estupenda manera de expandir nuestro bienestar.
Aunque un dicho popular sentencia que del pasado «nadie nos quita lo bailao», ese tiempo ya transcurrió y no se puede rebobinar; y el futuro, por su parte, nadie lo tiene garantizado. Así que traer lo mejor de ambos al hoy es perfectamente válido, pero siempre manteniendo los pies firmes en el aquí y el ahora, siempre en el presente, como el "I go" de Marcolina.
Lionel Alvarez Ibarra. Agosto de 2026
"Solo existen dos días en el año en que no se puede hacer nada. Uno se llama ayer y otro mañana. Por lo tanto, hoy es el día ideal para amar, crecer, hacer y, principalmente, vivir". — Dalai Lama




