El vacío ético: La verdadera raíz del derrumbe venezolano

Transitamos hoy por un desierto de principios. Lo que observamos —o la falta de luces que padecemos— es el reflejo de un rumbo perdido


"El sentido moral es de gran importancia. Cuando desaparece de una nación, toda la estructura social va hacia el derrumbe".

Alexis Carrel

Suele afirmarse en cada esquina, en cada foro y en cada hogar, que el drama venezolano es fundamentalmente económico. Se habla de hiperinflación, de salarios pulverizados y de una infraestructura en ruinas como si fueran la enfermedad misma. Sin embargo, un análisis más agudo revela que estas son apenas las pústulas de una infección mucho más profunda y dolorosa: la crisis de Venezuela no es financiera, es ética.

Transitamos hoy por un desierto de principios. Lo que observamos —o la falta de luces que padecemos— es el reflejo de un rumbo perdido. Es ingenuo pretender que de una sociedad fracturada por el odio, la intolerancia y la ineptitud surja una casta dirigente inmune a la corrupción. Esta "Nomenklatura" no cayó del cielo; es, en última instancia, el subproducto de una sociedad que, en su momento, validó el resentimiento como política de Estado.

El peligro del neo-nihilismo

La indiferencia y el "todo da igual" han tejido una red de complicidad silenciosa que nos ha ubicado en un neo-nihilismo. No es simple relativismo; es algo peor: la negación de la existencia del mal. Si el mal no existe, todo está permitido. Bajo esta premisa, el régimen erigió un irónico "Poder Moral", que terminó siendo un monumento a la hipocresía, olvidando que la libertad solo es verdadera cuando se cimenta en la verdad y se orienta al bien común.

Cuando una sociedad abandona sus convicciones y se deja llevar por una "moral sociológica" —siguiendo modas o prejuicios del momento—, no estamos ante un pluralismo sano, sino ante un vacío moral. Aceptar la legitimidad del disenso no significa aceptar que "todo vale". La degradación actual nace de haber permitido que lo inaceptable se volviera cotidiano.

Dignidad humana vs. Totalitarismo

Hoy, más que nunca, debemos recordar que los Derechos Humanos son la base de la moral cívica, situándose incluso por encima de cualquier texto constitucional manoseado. La construcción democrática es el único antídoto contra este totalitarismo retardatario que busca la sumisión de un pueblo que, afortunadamente, parece haber agotado su capacidad de ser pusilánime.

La identidad de nuestra nación depende de rescatar el concepto de principio: ese juicio práctico que nace de valorar la dignidad humana. El respeto al otro, por el simple hecho de ser humano, es la piedra angular que el régimen ha intentado demoler para perpetuarse en el poder.

¿Un árbol de moras?

Mientras el país se convulsiona, el estamento institucional se burla de la ciudadanía. El llamado "Poder Moral" se encuentra en total mora. Pareciera que sus integrantes confunden la ética con un árbol de moras, ignorando que la moral concierne al fuero interno y al respeto humano.
La política debería ser el ejercicio de la rectitud: decir la verdad, honrar acuerdos, permitir el disenso y actuar para el bien general. En cambio, lo que vemos es la retención del poder a toda costa, sacrificando cualquier vestigio de decencia.

La responsabilidad compartida

No obstante, la culpa no es exclusiva de quienes ostentan el poder o de una clase política desorientada. La responsabilidad también recae en el ciudadano que mira el mal con displicencia. Quejarse en voz baja sin castigar la amoralidad es una forma de aquiescencia.
Es imperativo que la sociedad condene, sin miramientos ni medias tintas, a los corruptos y a los cínicos. La ventana a la esperanza sigue abierta, pero solo podremos cruzarla si entendemos que la reconstrucción de Venezuela no empezará por el Banco Central, sino por el rescate de la integridad de cada uno de sus ciudadanos. Si no recuperamos el sentido moral, cualquier intento de recuperación económica será, simplemente, construir sobre arena.

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Las opiniones expresadas en este artículo son exclusivas del autor y no reflejan necesariamente la posición de El Carabobeño sobre el tema en cuestión.

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El vacío ético: La verdadera raíz del derrumbe venezolano

Manuel Barreto
Manuel Barreto
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