El régimen incapaz de resolver cualquier contingencia

El régimen actual ha demostrado una incapacidad estructural para responder a los descalabros más elementales. Incapaz de prevenir, incompetente para reaccionar y desprovisto de la estatura moral necesaria para enmendar el rumbo

"La prueba suprema de una virtud política no es la capacidad de conservar el poder, sino la de afrontar
la realidad sin eludir sus consecuencias ni maquillar sus ruinas
".  
Hannah Arendt

La gestión de desastres en Venezuela se caracteriza por una profunda incapacidad estructural, improvisación y retrasos críticos en la atención a las emergencias. Esta situación quedó expuesta de forma dramática tras el doble terremoto del 24 de junio de 2026, el cual dejó miles de fallecidos y damnificados.

Pretender que un grupo que ostenta el poder político -por más recursos o aparato de control que disponga- maneje con infalibilidad cada aspecto de la vida colectiva es un desatino ideológico, pero… ¡existe allí!

A fin de cuentas, para la mente humana es imposible tener precisión absoluta de todas las variables implicadas en la compleja dinámica de una sociedad. Los factores económicos, los imponderables sociales y la volatilidad propia del acontecer diario sobrepasan con facilidad las planificaciones más rigurosas.

Sin embargo, admitir la fragilidad del entendimiento humano frente al caos no equivale a excusar la inacción, la improvisación sistemática o la negligencia estatal.

La planificación frente al abismo de lo impredecible: una buena gerencia en acción.

La incertidumbre del instante siguiente resulta invisible a los ojos, pero debe escribirse el plan de contingencias (no “los planes” de contingencia), pues entre inteligentes se cuestiona todo, intentando cubrir hasta lo impredecible.

Una administración seria entiende que la prevención no es una sumatoria inconexa de documentos de archivo, sino un único criterio estratégico articulado, capaz de anticipar la crisis antes de que esta devenga en catástrofe humanitaria o institucional.

Cuando la crítica se clausura y la disidencia se persigue, la inteligencia estratégica desaparece. En el debate plural e incómodo es donde verdaderamente se identifican las fallas de un sistema. Al erradicar el cuestionamiento, las cúpulas dirigentes se encierran en una cámara de eco donde se asume que la realidad se ajusta a sus decretos.

Intelecto, ética y la desnaturalización de la gestión política


Frente a la inoperancia sistemática ante las emergencias, suele argumentarse una simple torpeza funcional.

No obstante, el problema suele ser más profundo y de cariz ético. En muchos casos, la impredictividad es propia de mentes débiles, pero -a veces- hay mentes de gran coeficiente intelectual que es utilizado para el pillaje en beneficio de unos pocos (lo cual no es propio de quien dice ser político, pues quien se dedica a esto solamente
busca el bien común, de modo consciente, voluntario, y honesto).

Reducir la estructura pública a un botín privado no solamente constituye una traición a la ciudadanía, sino que condena al país a una permanente vulnerabilidad. Cuando los recursos destinados a la infraestructura, la salud, la seguridad y los servicios esenciales son desviados o dilapidados por redes corporativas de poder, cualquier contingencia -desde un fenómeno natural hasta una crisis económica internacional- expone de inmediato la podredumbre y la invalidez del aparato que ostenta el poder.

La responsabilidad ineludible de la función gerencial.

El régimen actual ha demostrado una incapacidad estructural para responder a los descalabros más elementales. Incapaz de prevenir, incompetente para reaccionar y desprovisto de la estatura moral necesaria para enmendar el rumbo, su gestión deja al descubierto un aparato estatal paralizado frente a la urgencia.

Reconocer que la realidad es compleja (en lo económico, de infraestructura, en lo sanitario, entre otros) no justifica el abandono del ciudadano; al contrario, demuestra que cuando el poder se divorcia de la ética y del rigor intelectual, deja de ser una autoridad legítima para convertirse en un mero obstáculo entre la sociedad y su
supervivencia.

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Las opiniones expresadas en este artículo son exclusivas del autor y no reflejan necesariamente la posición de El Carabobeño sobre el tema en cuestión.

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El régimen incapaz de resolver cualquier contingencia

Chichí Páez
Chichí Páez
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