El estado final deseado: el éxito planificado

El éxito planificado no es una cuestión de suerte o casualidad; es el resultado de un enfoque metódico y consciente

"Si no sabes a dónde vas, cualquier camino te llevará allí"

Lewis Carroll (1832-1898, matemático, fotógrafo y diácono anglicano inglés, escritor, autor de "Alicia en el país de las maravillas")

El proceso del enfrentamiento del “dolor”.

Actualmente, dentro del léxico organizacional empresarial se usa una expresión muy representativa de lo que toca enfrentar a cada instante, pues la vida cotidiana de cada emprendimiento puede verse acompañada de alguna(s) anormalidad(es) y ésta(s) se manifiesta(n) por medio de síntomas.

En la salud humana, el más común y aprovechable -por todo lo que envuelve- es el dolor y los médicos lo asocian con la sigla “ALICIA” (acrónimo configurado por las iniciales de 6 palabras; a saber: Aparición, Lugar, Inicio, Concomitantes, Intensidad, y Atenuantes).

Entonces, viendo las anomalías que acontecen en todo emprendimiento y percibiendo su semejanza con lo humano, todo indica que valerse de la ALICIA del dolor como síntoma, puede facilitar el enfrentamiento de lo doloroso. Por esto, hoy se habla del “dolor organizacional”.

Entonces, su enfrentamiento pide precisar la causa, pues… “la culebra se mata por la cabeza”: hay que precisar las características del todo conocido como “el estado actual” (o “Punto 1” o “Punto A”) que está manifestando un dolor.

El diagnóstico del “Punto 1” (P1) pide la determinación profunda y precisa -no superficial- de la realidad existente, pues sobre el entendimiento de esta realidad situacional que está como está quizás por una concepción errada durante la concepción de la filosofía organizacional, o de la estructuración, o de lo procedimental y/o por descuido de la vigilancia de su crecimiento y/o de su desarrollo, y/o por falta de la corrección apropiada de cualquier desviación.

Es en este diagnóstico en donde se ha de establecer la actuación operacional que ha de conducir hacia el “Punto 2” (P2); es decir: “el estado final deseado” y este propósito (u: “objetivo”) exige la fundamentación de las tácticas de la estrategia a planificar para alcanzar ese nuevo escenario. Esto implica no sólo imaginar el resultado final (cuya magnitud es propia, particular, y puede ser a corto, a mediano o a largo plazo). Por esto, el enunciado del P2 debe albergar objetivos concretos y alcanzables. Al identificar las metas, éstas deben ser específicas en el enunciado de lo que se quiere obtener dentro de un tiempo determinado. Esta claridad permite trazar un camino definido.

La planificación (lo conceptual, la doctrina que debe regir) ha de integrar un todo hilado y coherente, sin dejar huecos ni piezas sueltas, debiendo implicar a todos los niveles organizacionales vinculados con cada táctica; expresado de otro modo: ha de tocar a todos los personajes que han de conformar la “fuerza de tarea multidominios” correspondiente debidamente integrada por personas afines que han de actuar en alianza estratégica para que su accionar se energice de modo absolutamente sinérgico como sistema de apoyo invaluable (esto puede marcar la diferencia entre el fracaso y el éxito).

Dentro dicha concepción inteligente estará definida la política comunicacional (¿ambigua y/o sin ambigüedades?) debidamente justificada, pues siempre hay que dejar una puerta abierta por la cual se asomarán las sorpresas (que, en ocasiones, no son "inesperadas" o “imprevistas”). ¿Se percibe cuán obtusa conviene que sea la ideación del plan que ha de extenderse hasta más allá del P2? Recordemos: en geometría, los ángulos son de tres tipos; a saber: 1- agudos (cerrados, menores de 90°); 2- rectos (de 90°); y 3- obtusos (abiertos, mayores de 90°). ¿Cierto? Realmente, es difícil de comprender porqué a una mente “cerrada” se le dice “obtusa (abierta)” y a una perspicaz y detallista se le dice “aguda (cerrada)”.

A esas mentes obtusas (abiertas, lógicas, perspicaces, detallistas y más) toca concebir la preparación de todos los elementos que han de participar, enrumbando hacia el logro del alistamiento efectivo y eficaz en pro del apresto operacional (el nivel de capacitación y disponibilidad de las fuerzas para cumplir las misiones específicas, abarcando recursos tangibles e intangibles juntos con el humano  que tiene conocimiento, habilidades, motivaciones, intereses, limitaciones, principios, valores y mucho más.

Luego, vendrá la implementación (la ejecución del plan, la puesta en marcha) calmada, escalonada, coherente (sin disonancia) y debidamente direccionada (sin permitir desviaciones, aunque en ocasiones es válido cambiar la dirección de los rieles conductores ¡siempre y cuando se siga avanzando hacia el éxito!), sin la impulsividad ni la brusquedad propias de la inmadurez que esconde apuros riesgosos; por esto hay que definir los rangos de amplitud de tolerancia y los del lapso de ejecución y logro de las metas y del propósito particular de cada táctica a lo largo de la denominada “línea del tiempo” (un cronograma) que nace de la vinculación de las distintas fases que pueden ser secuenciales (concatenadas) y simultáneas.

Durante la implementación ha de irse evaluando “en vivo (en tiempo real)” el resultado que va presentándose con cada táctica y en cada fase. Cada pequeño logro alcanzado en el camino hacia el P2 conviene ser reconocido y celebrado, actúa como un impulso motivador y recordador de que se está en el camino correcto, fortaleciendo la determinación para seguir adelante, sabiendo que una dilación ínfima puede llegar a significar un irrecuperable.

Como fue esbozado, el enunciado del P2 debe contener las características escenográficas (estructurales, financieras y funcionales) mínimas que han de prevalecer en éste y que luego habrá que estabilizar y optimizar (mediante lo que ha de quedar estatuido en el "plan de contingenciaS": previsibles y ha de quedar abierto para las imprevisibles), pues siempre se debe avanzar hacia el éxito, lo cual entraña la desaparición de las condiciones reinantes en el P1, gracias a su destrucción (que ha de acontecer de la manera prevista: ¿transición drástica o paulatina?), lo cual expresa la determinación de la conducción del proceso a cumplir, siempre considerando la realidad de su interioridad y la del entorno circunstancial (expresado de otro modo: la Matriz DOFA o FODA, como quiera decírsele).

En un mundo donde la inmediatez y la gratificación instantánea parecen estar a la orden del día, es esencial detenerse a reflexionar sobre la importancia de tener un objetivo claro y un plan bien estructurado. El éxito planificado no es simplemente un sueño o una meta ambiciosa; es un proceso deliberado que requiere dedicación, disciplina y, sobre todo, una visión clara de lo que se quiere alcanzar.

El éxito planificado no es una cuestión de suerte o casualidad; es el resultado de un enfoque metódico y consciente, teniendo presente que el verdadero éxito radica tanto en el destino como en el proceso de la travesía hacia su realización, pues todo debe ser hecho muy bien ¡”hasta el final” y ahora añadimos: “y… más allá”, pues el P2 ha quedado convertido en el nuevo P1!

Desde acá aseveramos que podemos ayudar a preparar bien para el éxito con la mejor disposición.

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Las opiniones expresadas en este artículo son exclusivas del autor y no reflejan necesariamente la posición de El Carabobeño sobre el tema en cuestión.

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El estado final deseado: el éxito planificado

Chichí Páez
Chichí Páez
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