Los apagones no cesan en Carabobo y complican el inicio del año escolar. Son entre seis y ocho horas diarias sin servicio que podrían afectar parcial o al 100% la jornada diaria de clases.
Ante este panorama, la Asociación Nacional de Institutos Educativos Privados (Andiep) solicitó a la gobernación considerar horarios libres de apagones durante la jornada escolar y pidió analizar, junto con Corpoelec, los circuitos donde funcionan las instituciones educativas para determinar períodos en los que puedan evitarse los cortes eléctricos.
La petición ocurre ante una situación que, según José Manuel Bolívar, presidente de Andiep en Carabobo y especialista en gerencia educativa, se ha agravado en los últimos meses.
Insistió en que la solicitud no busca beneficiar únicamente a los colegios privados, sino proteger la jornada educativa de todas las instituciones, especialmente las oficiales, que atienden a la mayoría de los estudiantes del país.
Apagones comprometen la jornada escolar
Durante mayo y junio, explicó Bolívar, los apagones se registraban principalmente en horas de la tarde y la noche, por lo que en los sectores donde funcionan colegios afiliados a Andiep se podía respetar el horario escolar. La situación cambió durante julio y agosto y se mantiene en septiembre, cuando los cortes comenzaron a presentarse desde las primeras horas de la mañana.
En esta semana de preparación para el regreso a clases, los equipos administrativos y docentes de la mayoría de los colegios privados afiliados a Andiep en Carabobo ya se incorporaron a sus actividades. Bolívar señaló que algunos centros han registrado apagones a las 8:00 a. m., 8:30 a. m. y 9:00 a. m., precisamente durante el período en que actividades están en proceso.

El primer impacto está en la iluminación. Una institución sin suministro eléctrico no puede garantizar las condiciones adecuadas para desarrollar las actividades académicas, pero los problemas van más allá de las aulas.
Los sistemas hidroneumáticos de los colegios también dejan de funcionar durante los apagones. Después de una hora o una hora y media sin electricidad, comienzan las dificultades para mantener el bombeo de agua, lo que compromete el uso de los baños y las condiciones de salubridad.
Las comunicaciones también se interrumpen. Sin electricidad, los colegios pueden quedarse sin internet y con dificultades para realizar llamadas telefónicas, debido a que las baterías de respaldo de las empresas de telecomunicaciones también terminan agotándose.
A esto se suma el calor. En una ciudad como Valencia, mantener ventiladores y aires acondicionados funcionando es parte de las condiciones necesarias para que estudiantes y docentes puedan permanecer en las aulas. Bolívar agregó que en algunos sectores también aumenta la presencia de zancudos y mosquitos cuando no funcionan los equipos de ventilación.
Autogeneración y propuestas
Aunque algunos colegios cuentan con UPS capaces de mantener internet y determinados equipos durante dos o tres horas, y otros tienen plantas eléctricas pequeñas para actividades puntuales, son pocos los que poseen sistemas con capacidad para mantener iluminación y ventilación en todos sus espacios durante un apagón prolongado.
El costo es una de las principales limitaciones. Bolívar estimó que un sistema de generación solar para un colegio de unos 300 estudiantes puede requerir una inversión de entre 30.000 y 35.000 dólares, incluidos paneles, inversores y baterías.
Por eso, Andiep plantea que la gobernación de Carabobo, el Ministerio de Educación, empresas privadas, Fedecámaras, Consecomercio y entidades financieras desarrollen mecanismos de financiamiento que permitan a las instituciones educativas invertir en sistemas de generación y almacenamiento eléctrico.
Bolívar también propuso evaluar una exoneración de impuestos para la importación de estos equipos, buena parte de los cuales proviene de China. Según explicó, en Carabobo ya existen marcas de estos sistemas con experiencia y presencia en el mercado regional.
La energía solar es para Andiep una alternativa de mediano y largo plazo. Bolívar destacó que el año pasado la producción de energía solar aumentó 30 % a escala mundial y que 83 % del incremento del consumo energético global fue cubierto con esta fuente.
Pero mientras las instituciones buscan soluciones propias, la organización insiste en que la primera medida debe ser proteger las horas de clases. Para ello consideran necesario que Corpoelec pueda identificar los circuitos donde están ubicados los colegios y establecer, dentro de las posibilidades técnicas del sistema, períodos sin apagones durante la jornada escolar.
Apagones cambian las prioridades de los colegios
La situación también está modificando las inversiones previstas por las instituciones educativas. Recursos destinados inicialmente a reparar canchas, comprar computadoras, instalar pizarras electrónicas o adquirir televisores están siendo redirigidos hacia equipos de generación y almacenamiento eléctrico.
Bolívar reconoció que los colegios entienden que no existen soluciones inmediatas para el problema eléctrico y que las respuestas de fondo requieren tiempo. Sin embargo, considera que sí pueden adoptarse medidas para disminuir el impacto de los apagones sobre las actividades educativas.
La preocupación se relaciona además con el cierre abrupto del año escolar anterior. Los terremotos del 24 de junio obligaron a interrumpir las actividades y, según Bolívar, se perdieron aproximadamente dos o tres semanas de junio. Por eso, familias, docentes y directivos llegan al nuevo período con disposición para retomar las actividades.
El inicio del año escolar 2026-2027 tiene además un componente que Bolívar identifica como diferente respecto a los dos años anteriores: esperanza. En el sector educativo, afirmó, existe expectativa de que Venezuela pueda avanzar hacia un país productivo, con crecimiento económico y oportunidades para los niños y jóvenes.
Esa expectativa convive con la preocupación por los apagones. Si los cortes continúan afectando las horas de clases durante el año escolar, Bolívar advirtió que será difícil alcanzar los contenidos programáticos previstos para el período 2026-2027.
Para el especialista, esa posibilidad genera frustración entre quienes trabajan en las instituciones educativas, pero también impulsa la búsqueda de soluciones. Mientras se esperan medidas de las autoridades, los colegios evalúan cómo adaptar sus presupuestos para responder a una necesidad que pasó de ser secundaria a convertirse en una condición para mantener operativa la jornada escolar.









