Sandra Villanueva confronta los mitos generacionales y a la mujer en su monólogo Walt me Mintió

Fotografía: Armando Díaz

Oriana Salazar sintió un clic cargado de nostalgia cuando vio proyectado en la pantalla aquel viejo comercial de Viasa en el que se destacaba la capacidad del venezolano de los años setenta y ochenta para viajar a Estados Unidos, no solo a comprar, sino también a conocer a Mickey, el icónico personaje de Disney.

A Salazar se le vinieron a la mente una serie de recuerdos que, admite, le causan una dolorosa nostalgia, porque el país dista mucho de aquellos días. No solo por los años transcurridos, sino también por el contexto actual. Ese es el gancho con el que comienza la obra más reciente de la periodista Sandra Villanueva, titulada Walt me mintió.

Aunque el show es sencillo en cuanto a escenografía, la idea de Disney está permanentemente presente con tres sillas, cada una de un color: amarillo, negro y rojo, justamente los colores de Mickey Mouse.

Luego entra Sandra, vestida de negro y con un blazer intervenido por un reconocido diseñador, en cuya espalda luce al famoso ratón.

Sandra sonríe al recibir al equipo de El Carabobeño. “Yo me siento en la silla roja”. Villanueva explicó que en su obra abordó el proceso de maduración de una generación que creció entre promesas de cuentos de hadas y la realidad de una sociedad en transformación.

En un crucero con orejitas

Ella fue una de esas niñas que cada año se montaba en un avión y conocía una perspectiva diferente de Estados Unidos. Fue precisamente en un viaje con su hijo donde las ideas estallaron en su cabeza.

“Me comenzó a parecer curioso ver el comportamiento de la gente en los parques temáticos y en el crucero de Disney en el que viajaba. Ese desespero de agarrar comida en los self service y llenar el plato hasta no poder más. Luego veías a aquellos gringos sesentones con camisas floreadas y una estética que se repite. Todo eso me hizo clic”, explicó Villanueva, quien encontró en esas ideas una oportunidad para volver al teatro.

Walt me mintió es la segunda puesta en escena de Sandra como creadora de un monólogo que demuestra que Disney ha vendido muchos cuentos de hadas que se quedan, precisamente, en eso: en cuentos.

El evento, producido por la compañía Teatreando Ando, se llevó a cabo a las 8:00 p.m. en uno de los salones del Hogar Hispano de Valencia, ante una audiencia de 150 personas.

Ta' barato dame dos

Pero más allá de los parques temáticos y las famosas orejas de Mickey, Villanueva precisa que el enfoque en Disney es más bien un vehículo de enganche para el público. Incluso admite que era una excusa estética para hacer algo bonito. En este sentido, destaca que el guion profundiza en la nostalgia de la Venezuela de los años ochenta. Para Villanueva, esa época de prosperidad de la clase media moldeó una identidad que hoy se confronta con la realidad actual.

Ahora bien, aunque la periodista confiese que la obra no busca desarrollar el pensamiento ni abrir debates filosóficos sobre la identidad de la mujer, del hombre o del feminismo, es imposible no notar que quienes se detienen a verla desde un ángulo más profundo encuentran una crítica social presente en toda la puesta en escena.

Villanueva lo explica cuando habla de que, en el pasado, las princesas clásicas eran mujeres cuya única aspiración era casarse y terminar en un castillo, limitando su capacidad de crecimiento a la idea de un hombre que las proyectara, casi como un satélite alrededor del sol.

Cuando durante la obra se expone esta realidad, Salazar vuelve a sentir un clic y se ríe.

“Yo nunca quise ser princesa. Siempre me parecieron gafas, limpiando y soñando con esos vestidos rosados, siendo como la segundona, porque ellas solo quieren ser compañía del hombre. En cambio, las villanas eran poderosas”.

Sandra dice en el escenario que también quería ser villana. Incluso apunta a Maléfica como su ideal, porque era elegante, imponente, poderosa y “mala, mala”.

Princesa o villana

Pero luego, en la entrevista, un tanto apenada, sonríe y revela que también quiso ser princesa. “Yo amo La Bella Durmiente. ¿Qué niña no soñó con ser princesa?”. De este modo, la periodista destaca que los tiempos han cambiado y las princesas también, por lo que menciona a personajes como Brave o Moana, cuya identidad subsiste sin la existencia de un hombre.

“Las princesas de hoy no solo sueñan con casarse y encontrar un príncipe; tienen un propósito y una misión que va más allá”.

No obstante, el monólogo no rehúye a las contradicciones. Aunque defiende el valor propio de la mujer, también expone la persistencia del ideal del “hombre proveedor”, creando un choque de valores que resuena con la audiencia.

Emilia Sánchez, de 30 años, se siente incómoda ante el rol de una mujer que es atendida al 100% por el hombre.

“Creo que entiendo el punto al que se quiere llegar, pero me parece que la idea de una mujer que siempre está esperando que un hombre la rescate, que le pague todo como excusa para defender la feminidad, está mal. El hombre también tiene derecho a ser cuidado y apoyado, y no ser una especie de cavernícola protector solo por un tema de energía masculina. Muchas de las cosas que se dicen te hacen reír. Yo me divertí, pero siento que a veces esa opinión es volver a los tiempos de nuestras madres y abuelos. Las nuevas generaciones tenemos otra visión”.

Sandra es tajante cuando afirma: “Yo sí soy princesa y siempre he querido que me traten como una”.

Aunque es divorciada, dice que mantiene una buena relación con su exesposo, quien la sigue tratando como un caballero y cumple a cabalidad su rol de padre.

Ahora que han pasado los años, admite que también se identifica con Maléfica.

“Cuando tienes más sentido común y creces, te das cuenta de que la villana tiene más sustancia y sentido de hacia dónde quiere ir”.

¿A quién le mintió?

Sin embargo, el núcleo de la obra aborda la “mentira” que da título al monólogo: el contraste entre los cuentos de hadas y la realidad de los roles de género. Villanueva reflexiona sobre cómo las narrativas actuales han evolucionado, pero mantienen tensiones con el pasado.

En medio del escenario, Villanueva le dice al público que, por culpa de Walt, su sueño se desvaneció. Recuerda que, si bien toda princesa quiere un príncipe, el ideario de uno hoy en día no es lo que parece.

Por eso cuenta que en el pasado tuvo novios drogadictos, guapos, homosexuales, adinerados y uno que otro “princeso”. Aunque en la obra no queda claro cuál de ellos fue realmente su pareja, la idea del princeso se sostiene a lo largo del monólogo.

Ella lo define como ese tipo de hombre que absorbe la energía femenina de la mujer y le da lo poco que le queda a su pareja.

“A todos nos ha tocado uno. Y si usted es hombre y tiene una de esas características, póngale reparo”.

El reino de princesos

La crítica al “hombre princeso” se sustenta en la visión de mujeres que sienten que el hombre actual no tiene iniciativa ni voluntad dentro de la relación de pareja.

“Es el que pide pagar 50-50, el que no sabe a dónde ir en una cita, el que quiere todo desde la comodidad y con el que te sientes como si los roles estuvieran cambiados”.

Cinzia tiene un largo prontuario de hombres princesos. Acostumbrada a trabajar y ser independiente desde muy joven, ha conocido hombres que, en sus palabras, “la han chuleado”. Ella también es creyente de los cuentos de hadas, pero admite que ese príncipe parece cada vez más difícil de encontrar.

De ahí que Villanueva, entre risas, señale que a la mujer se le va la vida buscando a un hombre perfecto y que muchas veces ese “macho ibérico proveedor” es el hombre que tienen al lado todos los días y al que ignoran.

Así, le recalca a las mujeres que cuiden a sus maridos, sin importar si son gordos, flacos o arrugados. “Walt nos mintió con eso de los príncipes. Miren al príncipe Andrew, un loco pedófilo. Cuiden a su hombre, aunque parezca Shrek”.

Villanueva también asegura que toda esa transformación tiene parte de responsabilidad femenina. “Nos hemos empoderado por echar para adelante, pero ¿cómo no hacerlo si al salir a la calle nos encontramos a los hermanos perdidos de Winnie Pooh? Son hombres sensibles que no saben qué hacer con su vida”.

A sabiendas de que estas opiniones pueden generar debate, Villanueva recuerda que pensar así no equivale a ser una mujer aprovechadora. Reivindica a la mujer que se desarrolla profesionalmente y hace dinero, pero sostiene que el hombre sigue siendo quien mantiene el hogar.

Con Walt me mintió, la compañía Teatreando Ando y Sandra Villanueva logran conectar la anécdota personal con la memoria histórica de un país. Invitan al espectador a cuestionar los relatos con los que fue educado mientras recorre, a través de la risa, las etapas de su propia evolución.

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Sandra Villanueva confronta los mitos generacionales y a la mujer en su monólogo Walt me Mintió

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