Los seres vivos, tanto animales como vegetales, nacemos, crecemos, nos reproducimos y morimos. Los vegetales esparcen sus semillas de distintos modos, los animales somos ovíparos. Algunos animales son rumiantes, otros carnívoros, los humanos somos omnívoros. Los carnívoros matan a los herbívoros para alimentarse. Y los omnívoros, como el latinajo lo indica, comemos de todo.
En resumen: los hombres nacen, crecen, se reproducen y mueren. Algunos roban antes de morir; o sea, nacen, crecen, se reproducen, roban y mueren. Pueden robar antes o después de reproducirse, pero, lamentablemente, no mueren antes de robar, que sería lo ideal. Aunque en algunas familias eso de robar se vuelve como genético, y pareciera que hay quien sigue robando después de muerto por medio de sus sucesores. Es de familia...
La cosa llega al punto de que, en algunas sociedades, eso de robar es normal para algunos sectores. De los más bajos salen los ladrones, rateros y atracadores, a veces llevados por la necesidad (que tampoco justifica la delincuencia) y de los sectores más altos surgen lo que llaman “ladrones de cuello blanco”, que son los más peligrosos. Los ladrones, rateros y atracadores son unos “niños de pecho” comparados con los de “cuello blanco” y el daño que causan es más puntual: se limita a una familia o a un miembro de ella que es despojada o despojado violenta o furtivamente de sus pertenencias. En los casos más graves, puede haber pérdida de vidas entre los involucrados, sean víctimas o perpetradores. Los ladrones “de cuello blanco” (o beige de la camisa militar) son extremadamente peligrosos. Detentan el poder o están asociados con él en complicidad no siempre disimulada, y causan mucho más daño que los simples ladrones “de orilla”, pues pueden arruinar a toda una nación.
Hace poco circuló por las redes un excelente artículo de Laureano Márquez donde éste expone magistralmente los métodos utilizados por los hábiles y ambiciosos delincuentes de cuello blanco que amasan fortunas bien guardadas en complacientes bancos, inimaginables para quien no está acostumbrado a hablar de “miles de millones” y que para ellos es simple conversación de restaurant cinco estrellas.
Y uno, que es “caído de la mata”, se pregunta. ¿son esos seres felices, tienen conciencia como para sentir que su fortuna es la desgracia de millones de sus compatriotas? ¿no les da acidez estomacal que puedan comer exquisitos manjares y beber exquisitos vinos, conscientes de los alimentos agusanados que dieron, disfrazados de “ayuda social”, a sus hambrientos paisanos? ¿duermen bien, sabiendo que la mayoría de los venezolanos pasan la noche insomnes, angustiados por no saber qué comerán mañana, no sufren de cardiopatías, sabiendo que en el país donde se hicieron dueños de esas fortunas mueren los pacientes en los hospitales por carencia de insumos y equipos?
Para más intromisión, el senador republicano “Bernie” Moreno ha dicho: “Necesitamos elecciones en Venezuela” y propone realizarlas el 24 de julio de 2027. Nacido en Bogotá y ciudadano de EE. UU. desde 1985, es el mismo que calificó a Trump como “libertador moderno” de Venezuela. O sea, un nuevo Simón Bolívar.
María Corina Machado se suma a la petición, pero todo el país quiere que la irregular situación que se vive sea superada y que se vayan pronto quienes lo están entregando de manera vergonzosa. De todos modos, eso es ya algo, aunque la fecha se nos antoja lejana: mucho petróleo seguirá rumbo a su país. Mientras tanto, que siga el robo...




