Las letras vuelven a la Filuc, su hogar en Valencia

"Vivimos una era de medios mezclados; no solo de la mezcla entre lo electrónico y lo impreso, sino de muchas otras mezclas, como el sonido y la imagen, pero el contacto físico con el libro es una verdadera inspiración", dijo María Beatriz Medina en el pregón

El reloj marcó las diez en punto sin demora. En las inmediaciones de la Galería Universitaria Braulio Salazar se había congregado un nutrido grupo de personas; observaban impasibles la imagen peregrina de la Virgen del Socorro que había sido trasladada hasta allí por dos trabajadores diligentes. La figura mariana resplandecía bajo un sol compasivo. Al fondo se alzaban varias columnas de agua, custodiadas por los árboles de la plaza Dr. Fabián de Jesús Díaz.

El padre Víctor Alejandro Colina, capellán de la Universidad de Carabobo, se hizo presente. Entregó algunas estampas carismáticas y conversó con varios feligreses hasta que las autoridades académicas y regionales dispusieron el inicio de la ceremonia. Con una carpeta en la mano y cierto aire de solemnidad, el religioso bendijo la actividad, bendijo a los presentes y todo lo que ahí había. También elogió los esfuerzos de la institución por mantener viva esta tradición literaria.

Culminado el trámite espiritual, la rectora Jessy Divo de Romero invitó al grupo a la entrada del edificio. Junto a ella estaba la primera dama del estado, Nancy de Lacava, y la directora del evento, Rosa María Tovar. Allí, en la puerta, se concentró la multitud, que iba creciendo con el pasar de los minutos. Las tres representantes de sus respectivos organismos se pusieron de pie ante la cinta, cuya ruptura simbolizaba el inicio de una nueva edición, la 22, de la Feria Internacional del Libro de la Universidad de Carabobo. Protagonizaron una breve alocución y deshicieron el lazo; la inauguración era un hecho, las letras volvían a su hogar temporal en la ciudad de Valencia.

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La inauguración de la edición 22 de la Feria Internacional del Libro de la Universidad de Carabobo (Filuc).

Los presentes avanzaron en una galería ya repleta de puestos de libros de todos los géneros imaginables y de trabajadores que esperaban abrir la jornada con un buen pie. El corto trayecto culminó en el área compartida entre la librería de la U.C., un reconocido banco nacional y la Academia de Historia del Estado Carabobo, donde Divo de Romero, de Lacava, Tovar y otras autoridades locales ofrecieron declaraciones formalmente.

Los rostros de las mujeres, antes de hablar, se iluminaron de súbito. Los periodistas encendieron cámaras, grabadoras y luces, y se aglomeraron frente a ellas. Entre otros aspectos, la máxima autoridad de la UC alegó que realizar este evento fue un nuevo reto de la Universidad y del comité organizador para seguir ofreciendo a la ciudad la promoción de la lectura y del libro como un evento cultural. Dijo estar convencida de que la letra escrita nunca podrá ser desplazada por la tecnología y es por ello que la feria es un punto de oferta y demanda de libros, pero también de encuentro de todos.

Por su parte, la primera dama destacó la presencia de más de 300 invitados y agradeció al gobierno regional y municipal por su colaboración.

Mientras tanto, a su alrededor —y en todo el lugar— reposaban con impaciencia textos de los más diversos orígenes. Poe, Cervantes, Pizarnik, Cercas y compañía adornaban el edificio, desde sus estantes. También lo hacían Rafael Cadenas, Edda Armas, Rafael Arráiz Lucca y Ana Teresa Torres, porque en Venezuela sí hay buenos escritores.

El grupo ceremonial se deshizo por un momento. Algunos se permitieron a sí mismos desorientarse en medio de ese microuniverso. Otros buscaron de inmediato el salón Eugenio Montejo, donde María Beatriz Medina protagonizaría el pregón de la edición 2025. El inicio del encuentro se retrasó varios minutos, pero la directora ejecutiva del Banco del Libro finalmente pudo dirigirse a una sala repleta, tras un emotivo discurso inicial de Rosa María Tovar.

La hora del pregón en la Filuc

Poco menos de una hora fue el tiempo en que Medina, académica ligada al mundo de las letras, se dejó llevar por sus propias palabras, guiada por un texto que había preparado para la ocasión. Navegó por los pormenores de la lectura como actividad en la sociedad actual, la importancia de la promoción de eventos literarios y el eslogan que escogió la Filuc para este año: “Leamos”.

"Vivimos una era de medios mezclados; no solo de la mezcla entre lo electrónico y lo impreso, sino de muchas otras mezclas, como el sonido y la imagen, pero el contacto físico con el libro es una verdadera inspiración", fue parte del discurso inicial de la editora, quien además catalogó la feria como "un encuentro con la palabra y con el sentido que define ese lenguaje ensamblado en escritura, en el que anida la lectura. 'Leamos', aquí, es una invitación, una invitación a leer; una condición que vale la pena resaltar".

La conclusión del pregón fue el último paso de esta inauguración. Las personas ahora podían ir al salón que quisieran, para escuchar a autores locales hablar de sus obras; también tenían la posibilidad de dirigirse al Chamario, donde los niños conseguirían un espacio para entretenerse. O sencillamente habrían decidido recorrer el recinto, detallar los libros y redescubrir un mundo que a veces se actualiza desde su propio pasado.

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