Fue sobre la contextura moral del país, donde el Destructivismo del Siglo XXI esmeró su perversa misión: naturalizar violaciones, abusos, desmanes, perpetrar la liquidación de todo soporte moral, constitucional, legal, desmantelar la inhibición ética, obrar contra la libertad de pensamiento, de expresión, estructurar la persecución, represión, comisión de crímenes de lesa humanidad, violación generalizada de DD.HH., corrupción masiva.
Tal "normalización” conllevaba, no solo el despropósito de destruir la capacidad de respuesta social, sino también estabilizar, encumbrar el cinismo y la desvergüenza, como comportamiento normal e imitable. Aupar en ciertos sectores de la sociedad el mal ejemplo, un cierto aire anti-ético de desvergüenza, ostentación de sentirse "guapo y apoyao", compartir el abuso como Política de Estado.
Las semanas recientes muestran una galería pródiga de lo que afirmo: En primer lugar, destaca la actuación de un grupo de diputados "opositores* para *preservar los espacios", con el Método Amoroso, sin actas, quienes sin vergüenza ni recato alguno aprueban por unanimidad una Ley de Amnistía, junto al Gobierno, sin ni siquiera votos salvados.
Hubiese sido significativa una ley que reparase e hiciese justicia ante el daño causado; todo lo contrario, ha sido denunciada por individualidades, organizaciones de DD.HH, no solo como una ley incompleta que desfavorece a centenares de inocentes, sino que también crea impunidad para verdaderos culpables.
Es de singular asombro ver en entrevista televisiva a la Presidente Encargada, denunciando que "Hay que erradicar el odio, la persecución, contra el derecho de pensar y opinar distinto", mientras enroca como Defensor del Pueblo, al Ex-Fiscal de la Nación, acusado de convalidar acusaciones contra cientos de inocentes venezolanos, acusados de terrorismo e incitación al odio, solo por exigir respeto a los resultados electorales del 28 J.
En tercer lugar queremos resaltar lo extendido de tal desvergonzante ejemplo. Es escandalosa la situación de la UC, donde doctas autoridades, se congraciaron con el gobierno para cobrar primas especiales a espaldas de sus profesores y trabajadores, hundidos en el hambre y la miseria. Su silencio ante el país, hace pensar que fue a cambio de apagar la autonomía, la luz del pensamiento y el saber, enseñorear las sombras de la destrucción y el silencio, la incondicionalidad y la adulancia. Es vergonzoso e indignante ver el transporte universitario exhibiendo el rostro de Maduro, en lugar del Escudo Universitario o el rostro de Zuloaga, y el murciélago tenebroso de la represión y la corrupción.
El país necesita recuperar el asombro, el encandilamiento de la vergüenza, el fulgor de la ética, un despertar a la condición moral, no la moralina aspavientosa del chisme vecinal, de la simulación del comportamiento de responsabilidad fingida, buscando obtener una carta de buena conducta colegial, no con el cálculo electoral sino del actuar acorde a la Ley, responsabilidad ante la sociedad y el respeto a los semejantes.
Es un requisito fundamental para desterrar la cultura política que concibe el poder como reino del robo público, el autoritarismo y la arbitrariedad impune.
Un gobierno democrático, para un nuevo país sostenido en la Constitución Nacional, seguridad jurídica, fortaleza moral, sostenido en la acción y la vigilancia ciudadana. Construir un país próspero, de oportunidades para todos




