A más de cinco décadas de su declaración como parque nacional, Morrocoy enfrenta una presión ambiental sostenida por derrames de petróleo, descargas de aguas residuales y aportes de contaminantes provenientes del eje industrial Puerto Cabello–Boca de Aroa, reportó el medio falconiano La Mañana.
Así lo evidencia una evaluación satelital realizada recientemente por el Instituto Venezolano-Alemán de Ciencias Ecológicas Aplicadas (IVACEA), cuyos resultados muestran alteraciones en la superficie marina asociadas con la presencia de compuestos hidrocarbonados.
El oceanógrafo Andrés Osorio, especialista en Química Ambiental y Sensores Remotos, presentó los resultados del estudio y señaló que los hallazgos se suman a investigaciones científicas previas que han documentado el deterioro de los ecosistemas del parque, incluida la mortandad masiva de organismos registrada en 1996, después de la cual se produjo el colapso del arrecife coralino de Morrocoy.
602 imágenes satelitales para evaluar la contaminación
La investigación del IVACEA utilizó imágenes del satélite Sentinel-1, equipado con un Radar de Apertura Sintética (SAR), tecnología capaz de detectar modificaciones en la rugosidad de la superficie marina que pueden estar asociadas con películas de hidrocarburos.
El monitoreo comprendió un ciclo climático completo, desde el 7 de septiembre de 2025 hasta el 5 de septiembre de 2026, durante el cual fueron analizadas 602 imágenes satelitales, equivalentes a 86 registros por cada una de las siete áreas seleccionadas.
La evaluación incluyó Bajo Caimán, Cayo Borracho, Cayo Sal, Golfete de Cuare, Cayo Paiclás, Mayorquina y Tucacas, con el propósito de observar el comportamiento de la superficie marina durante períodos de lluvia, sequía y transición climática.
Como indicador de contaminación se empleó el diferencial polarimétrico de rugosidad, expresado en decibelios (dB). Según la metodología presentada por Osorio, una reducción de sus valores hacia cero representa una mayor presencia y espesor de películas de hidrocarburos.
Vertidos redujeron la rugosidad de las aguas
El análisis consolidado identificó un estrés químico sostenido en los ecosistemas marinos de Morrocoy.
De acuerdo con la estimación presentada por Osorio, los eventos de vertido provocaron una reducción promedio de 66,5 % en la rugosidad de las aguas, un comportamiento que, según su interpretación del estudio, refleja entradas repentinas de compuestos oleosos con potencial de generar impactos ambientales.
El especialista también recordó que el parque ha recibido al menos dos grandes derrames de petróleo, ocurridos en 2020 y 2024, que habrían superado los 50.000 barriles cada uno.
Golfete de Cuare registró uno de los principales impactos
Entre los sectores evaluados, el Golfete de Cuare presentó el promedio global más bajo de la serie analizada.
Osorio destacó que en este cuerpo de agua se identificó un episodio de colapso extremo de la rugosidad superficial. Aunque fenómenos naturales pueden modificar temporalmente las características de la superficie, el especialista sostiene que la continuidad observada en las 86 imágenes correspondientes al sector apunta a una fuente de contaminación.
El análisis atribuye parte de estos aportes a compuestos transportados desde mar abierto durante las mareas altas, además de las escorrentías urbanas que llegan al golfete sin tratamiento previo.
La situación del Golfete de Cuare se suma a estudios que, según Osorio, han encontrado en moluscos filtradores del área cepas bacterianas patógenas con resistencia a antibióticos y a la salinidad, asociadas con la contaminación biológica y sanitaria.
Cayo Borracho, expuesto a las manchas oleosas
Otro de los puntos destacados fue Cayo Borracho, ubicado en una zona más alejada de la costa.
El sector registró el evento de vertido considerado más severo de toda la serie el 25 de abril de 2026, según los resultados expuestos por Osorio.
El especialista explicó que la ubicación del cayo lo coloca en una zona de tránsito de manchas oleosas. Entre los mecanismos señalados están los aportes procedentes del Golfo Triste, la dinámica de los vientos alisios y las corrientes del Caribe, que pueden transportar hidrocarburos desde zonas ubicadas a grandes distancias.
La presión ambiental alcanza todo el parque
Los resultados muestran que los siete sectores analizados presentaron episodios de alteraciones críticas, con caídas puntuales superiores a 66 % respecto a los parámetros considerados en la evaluación.
Para Osorio, esta situación evidencia la vulnerabilidad de Morrocoy frente a contaminantes procedentes tanto de fuentes locales como externas.
A los derrames petroleros se suman las descargas de aguas servidas sin tratamiento y los aportes de los ríos Yaracuy, Aroa y Tocuyo, cuyos cauces transportan hacia la zona costera sedimentos, agroquímicos y aguas residuales provenientes de sus respectivas cuencas.
Un pasivo industrial que amenaza los ecosistemas
La presión sobre el parque también está relacionada, según el especialista, con el pasivo industrial acumulado en el eje Puerto Cabello–Boca de Aroa.
Instalaciones como la Zona Industrial de Puerto Cabello, la Refinería El Palito, el complejo petroquímico Pequiven y Planta Centro han sido señaladas como fuentes históricas de efluentes que contienen compuestos derivados de hidrocarburos y metales pesados, entre ellos mercurio, vanadio, plomo y cadmio.
La dinámica marina del Golfo Triste y los vientos alisios del noreste pueden favorecer el transporte de contaminantes hacia los cayos y sistemas lagunares del parque, de acuerdo con la explicación ofrecida por Osorio.
A este escenario se agrega el crecimiento de la actividad turística sin una infraestructura suficiente de tratamiento de aguas residuales, lo que incrementa la presión sobre los ecosistemas costeros.
Ciencia y gobernanza para recuperar Morrocoy
Para Osorio, la recuperación ambiental del Parque Nacional Morrocoy no es técnicamente imposible, pero requiere decisiones institucionales, gobernanza ambiental y continuidad en las políticas de saneamiento.
El especialista considera que los datos obtenidos mediante sensores remotos pueden servir como una herramienta para monitorear los contaminantes y orientar las decisiones de gestión ambiental.
El desafío, sostiene, es convertir esa información científica en acciones concretas para reducir los vertidos, controlar las fuentes de contaminación y recuperar los sistemas naturales afectados.
La seguridad alimentaria también está en juego
El deterioro de Morrocoy no representa únicamente una amenaza para los arrecifes, manglares, lagunas y demás ecosistemas del parque. La contaminación también puede tener consecuencias sobre las actividades económicas y la seguridad alimentaria de las comunidades que dependen de los recursos marinos.
El estudio satelital aporta una nueva herramienta para dimensionar una problemática que, de acuerdo con los investigadores y especialistas citados, se ha acumulado durante décadas.
Con los datos de 602 imágenes y un año completo de observación, el llamado es a fortalecer el monitoreo científico y establecer medidas de saneamiento que permitan atender las fuentes de contaminación y reducir la presión sobre uno de los principales espacios naturales protegidos del litoral venezolano.









