Me gusta la música, en especial el country. Así llegué a Dolly Parton, una de las grandes referentes del género, quien no renunció a sus orígenes, a su peculiar forma de hablar y a algunas de sus excentricidades para triunfar en un mundo sumamente complicado, especialmente para las mujeres, allá por los años sesenta.
Nunca olvidó la humildad del hogar del que provino. Incluso, ese recuerdo la motivó a ayudar a construir un mundo mejor. Su padre nunca aprendió a leer ni a escribir, una realidad que estuvo muy presente en su vida y que, años después, la llevó a crear una de sus iniciativas más conocidas: la Imagination Library, un programa dedicado a entregar libros gratuitamente a niños. Dolly materializó esta idea precisamente para honrar a su padre y ofrecer a otros niños una oportunidad que él nunca tuvo.
Pero su compromiso con sus raíces no terminó allí. Dolly Parton también apoyó investigaciones médicas, iniciativas educativas y proyectos destinados a preservar y promover la cultura de los Apalaches, la región donde nació y creció. Dollywood, el parque temático que lleva su nombre en Tennessee, se convirtió también en una expresión de ese vínculo con su tierra y con las tradiciones de la región.
Como muchos de nosotros que persistimos en la lucha por nuestros sueños, optó por no olvidarse de quien fue, en un mundo donde la hegemonía musical parecía vender otra cosa. Sin embargo, Dolly llegó y entró a la élite siendo ella, convirtiéndose en una de las figuras más importantes de la industria musical estadounidense.
Sus más de 3.000 canciones, entre ellas éxitos como “Jolene” y “I Will Always Love You”, son apenas una parte de su legado. Detrás de esas canciones hay una historia de esfuerzo, talento, perseverancia y, sobre todo, de identidad.
¿Qué nos deja Dolly Parton a la gente común y corriente? Quizás una de las lecciones más sencillas y, al mismo tiempo, más difíciles de aprender: no importa de dónde vengamos, siempre y cuando luchemos y mantengamos la constancia y la perseverancia en la vida.
En un mundo que constantemente nos invita a cambiar para ser aceptados, Dolly nos mostró que también es posible triunfar siendo fieles a nosotros mismos. No necesitó esconder su acento, negar su pobreza de origen, renunciar a su extravagante apariencia ni desprenderse de la cultura que la vio crecer. Por el contrario, convirtió todo aquello que podía haber sido considerado una desventaja en parte de su identidad y, finalmente, en una fuente de poder.
Hay algo profundamente humano en esa historia. Porque no todos tendremos miles de canciones, millones de dólares o un parque temático con nuestro nombre. La mayoría de nosotros somos, simplemente, gente común que trabaja, lucha, migra, comienza de nuevo, persigue sueños y trata de construir una vida mejor.
Y quizás allí está precisamente la grandeza de su ejemplo. Dolly Parton nos recuerda que triunfar no significa necesariamente convertirse en otra persona. A veces, triunfar consiste en llegar muy lejos sin olvidar de dónde venimos.
Pienso en quienes han tenido que abandonar su país, comenzar de nuevo, aprender otra lengua, acostumbrarse a otra cultura o reconstruir su vida lejos de todo lo conocido. También en quienes, sin migrar, han tenido que empezar de cero después de una pérdida, un fracaso o un cambio inesperado. Todos cargamos con una historia que, en ocasiones, puede parecernos una desventaja. Dolly nos enseña que no necesariamente tenemos que desprendernos de ella para avanzar.
Y tal vez ese sea su verdadero legado: demostrar que nuestras raíces no tienen por qué ser una carga. Pueden ser también el lugar desde donde aprendemos a crecer.
Dolly Parton se ha ido, pero queda su música, queda su obra y queda una lección que trasciende el country: no hay mayor éxito que poder mirar hacia atrás sin avergonzarnos de quien fuimos.








