Así compra alimentos el venezolano: entre lo que necesita, lo que puede y lo que quisiera

La compra comienza con proteína cuyo consumo ha crecido, seguido de los carbohidratos esenciales. Harina de maíz, arroz o pasta
Cesta ANSA se ubicó en 271 dólares para diciembre de 2024
(Foto: Archivo)

Son las 9:00 a.m. de un martes y María Luisa Rodríguez, empleada pública de 47 años, recorre los pasillos de un supermercado en Valencia con una lista escrita en papel. No improvisa. Antes de salir de su casa calculó cuánto tiene, qué falta y qué puede esperar. "Primero el pollo, luego la harina de maíz y pasta, después lo que sobre", explicó mientras compara precios entre dos marcas de pasta. Esa vez, su compra no superará los 14 dólares.

Ítalo Atencio, presidente de la Asociación Nacional de Supermercados y Autoservicios (ANSA), tiene un nombre para lo que hace María Luisa: es una consumidora racionalizadora. "Saca cuentas, compra lo que necesita y lo que no, no lo compra", describió en entrevista concedida a Unión Radio.

Detalló que en Venezuela hay cuatro tipos de consumidores: el defensivo, que compra solo lo esencial para sobrevivir; el racionalizador, que planifica cada bolívar; el adaptativo, que se da algunos lujos y cambia de marca según el precio; y el aspiracional, que compra con menos frecuencia, pero elige mejor. La mayoría de los venezolanos transita entre los primeros dos.

Compra de proteína primero, siempre

En la carnicería de un abasto del centro de Valencia, José Ramírez, de 55 años y jubilado, sostenía una bandeja de muslos de pollo mientras se detuvo a sacar cálculos mentalmente. "Antes compraba menos pollo, pero ahora es lo primero que busco", dijo y fue a buscar medio cartón de huevos.

Esa lógica que sigue José es exactamente la que describió Atencio al explicar cómo estructura su compra el venezolano: "Lo primero que compra son proteínas, siempre. Puede ser carne, pollo, huevos, queso duro para rallar o algo de charcutería. Eso es lo primero."

Y los números respaldan ese comportamiento: el consumo de pollo ha subido de 12 o 13 kilos per cápita al año hace dos años a 23 o 24 kilos actualmente. El de carne pasó de 8 a 12 kilos. "Estamos consumiendo más proteína porque hay más y a precio ajustado", señala el presidente de ANSA.

Después de la proteína viene la segunda prioridad: los carbohidratos esenciales. Harina de maíz, arroz o pasta, según cómo se combine con lo que se compró antes. "Lo tercero son las salsas para aderezar: mayonesa, salsa de tomate, margarina. Después las verduras, las cuatro marías: papa, zanahoria, tomate y cebolla. Y alguna fruta. La reina en Venezuela es el cambur, es lo que más se vende", completó Atencio.

Entre lo que se necesita y lo que se puede

Gabriela Torres tiene 34 años, trabaja en una peluquería por cuenta propia al norte de Valencia y sus ingresos varían semana a semana. Los días buenos hace una compra más amplia. Los días malos, estira lo que tiene en casa.

"Si me fue bien en la semana, me doy el lujo de comprar detergente y crema dental el mismo día. Si no, espero", contó.

Atencio reconoce ese patrón como una realidad estructural del mercado venezolano: "Como los ingresos varían, el perfil del consumidor cambia de acuerdo al dinero que tiene. Si soy emprendedor diario y ese día me fue bien, soy aspiracional. Pero si no me fue tan bien, ese día soy defensivo." La identidad del consumidor no es fija: es líquida, se adapta al efectivo disponible.

Por eso el mercado quincenal o mensual prácticamente desapareció. La mayoría de los venezolanos compra entre tres y cuatro veces por semana, gastando entre 13 y 14 dólares por visita. Si hacen la compra semanal completa, el ticket sube a unos 22 dólares. En tiendas de descuento, ese ticket no supera los 10 dólares.

"El venezolano puede comprar lo que requiere, pero no necesariamente lo que quiere. Siempre hay algo que no puede comprar porque el ingreso no llega", admitió Atencio.

Abastos y bodegas son preferidos, pero los supermercados crecen

A media cuadra de su casa en Naguanagua, Reinaldo Castillo, de 61 años y pensionado, hace su compra semanal en una bodega de barrio que conoce desde hace décadas. "Aquí fían cuando no tengo y el dueño me conoce. En el supermercado no", explicó mientras pagaba en bolívares como hace el 98% de los venezolanos, según Atencio. Solo unos pocos usan divisas y el pago móvil se ha convertido en fundamental para los comercios.

El 60% de los venezolanos hace su compra en abastos y bodegas. Solo el 40% acude a supermercados. Pero ese porcentaje está creciendo, impulsado por la estabilidad cambiaria y la mejora en el surtido. "Los supermercados han crecido 4% en 2026", señaló Atencio, quien también reporta que en lo que va de este año se abrieron, remodelaron o cambiaron de modelo de negocio 20 supermercados en estados como Carabobo, Caracas, Zulia, Monagas, Lara y Falcón. La estimación inicial era de 40 nuevos establecimientos para todo el año, pero el ritmo apunta a superarla.

La diferencia entre regiones también es notable. En Táchira, el flujo comercial con Colombia moldea los hábitos de compra. En Trujillo, la gente va más veces a la semana al mercado, consigue mejores precios en frutas y verduras, y predominan las bodegas, abastos y comercio informal, y en consecuencia, una tasa de cambio que a veces se aleja del referencial del BCV.

El bono llega y el supermercado lo siente

El 1 de mayo varios cajeros de supermercados en Valencia reportaron filas más largas de lo habitual. No es casualidad. Atencio lo confirmó con datos: "Con los bonos del 30 de abril hubo mayores compras en supermercados." Ya había ocurrido antes: cuando el Bono de Guerra Económica subió de 120 a 150 dólares, las ventas en supermercados aumentaron 10% durante los tres días siguientes.

Ese efecto inmediato reveló algo importante sobre la economía venezolana: hay demanda contenida. Nueve millones y medio de venezolanos entre trabajadores de la administración pública, jubilados y pensionados tuvieron entre febrero y mayo un incremento de ingreso de entre 40% y 50%. "No es suficiente, pero tienen más dinero y esa gente fue a comprar", señaló Atencio. El problema no es que los venezolanos no quieran comprar. Es que el ingreso disponible sigue siendo insuficiente para cubrir lo que necesitan.

Mientras tanto, Gabriela Torres termina su compra del martes con el carrito más lleno de lo habitual. Esta semana le fue bien en la peluquería. Lleva pollo, pasta, harina, huevos, mayonesa, detergente y, como pequeño lujo, un paquete de galletas. "Cuando puedo, me doy ese gustico", dice sonriendo al llegar a la caja. Hoy es aspiracional. El jueves, quién sabe.

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Así compra alimentos el venezolano: entre lo que necesita, lo que puede y lo que quisiera

Cesta ANSA se ubicó en 271 dólares para diciembre de 2024
(Foto: Archivo)
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