Las altas temperaturas en distintas zonas urbanas de Venezuela, como Valencia, han sido objeto de análisis por parte de especialistas ambientales, quienes señalan que la ausencia de árboles y la proliferación de concreto y asfalto incrementan la sensación térmica.
Según la bióloga Esmeralda Mujica, la radiación de estas superficies afecta de forma directa a quienes transitan diariamente por la ciudad. En este contexto, los árboles aparecen como elementos naturales capaces de disminuir la temperatura, reducir el ruido y mejorar el ambiente urbano, pero requieren de una gestión adecuada con políticas públicas, protocolos de mantenimiento y una mayor conciencia ciudadana sobre su valor ambiental, social y patrimonial.
Insistió en que son esenciales para la calidad de vida en las ciudades y su manejo responsable debe ser una prioridad en la planificación urbana.
Mujica afirmó que, al igual que ocurre con edificaciones o bienes históricos, los árboles patrimoniales deben ser conservados y atendidos. Señaló que negar su mantenimiento bajo el argumento de que no es sostenible representa un riesgo para estos ejemplares que forman parte de la identidad urbana.
Dijo que preservar los antiguos es equivalente a resguardar cualquier otro elemento valioso de la ciudad.
Múltiples beneficios
Mujica, dedicada desde hace años a la protección de árboles, afirmó que estos actúan como barreras vegetales que controlan el polvo y el ruido en los parques. Además, señaló en entrevista para Contrapunto, que contribuyen a mejorar el bienestar físico y mental de la población, pues diversos estudios han demostrado que la presencia de vegetación y paisajes naturales genera tranquilidad y favorece la recuperación en espacios como hospitales.
La especialista indicó que la presencia de árboles también influye en la valoración de los inmuebles. Los inmuebles ubicados en zonas arboladas, explica, tienen mayor valor. «En Valencia, por ejemplo, no es lo mismo La Isabelica que el Prebo». Hay cuadras que pueden albergar unos 24 ejemplares de especies como mijao, jabillo, ficus, pilón.
Planificación de árboles y desafíos urbanos
A pesar de estos beneficios, Mujica advirtió que la ubicación de los árboles en las ciudades venezolanas no ha sido producto de una planificación adecuada. En muchos casos se sembraron, o crecieron, árboles no aptos para las dimensiones de aceras o islas viales.
También mencionó el temor que algunas personas sienten por los árboles debido a su tamaño y falta de mantenimiento, situación que se agrava ante la ausencia de protocolos claros sobre poda y conservación.
La ambientalista recordó que, en otros países, existen normas específicas para la poda de árboles, orientadas a garantizar su integridad y la seguridad urbana. En contraste, en diversas zonas del país se realizan cortes que pueden dañar severamente a los árboles, afectando su corteza o su estructura natural de crecimiento.
Según explicó Mujica, la forma en que se intervienen los árboles influye directamente en su desarrollo. Cuando se cortan ramas bajas sin criterio técnico, los árboles reciben señales para crecer en altura, lo que incrementa su peso superior y eleva el riesgo de desplome, especialmente cuando se encuentran en aceras estrechas o con bases reducidas.
Impacto del manejo inadecuado de los árboles
Los problemas de mantenimiento no son los únicos riesgos para los árboles urbanos. Mujica señaló que muchas veces estos ejemplares sufren daños en su base, quemaduras o acumulación de desechos, lo cual compromete su estabilidad y su capacidad de crecimiento. Para la especialista, los árboles son parte activa de la vida urbana y requieren reglamentaciones que aseguren su protección.
Una poda mal ejecutada puede generar consecuencias visibles años después. La falta de valoración hacia los árboles continúa siendo un desafío, pues gran parte de la ciudadanía desconoce su importancia ecológica y patrimonial dentro de la ciudad.
La ambientalista quien resguarda cuatro samanes, sembrados en Valencia entre las décadas de 1950 y 1960, que considera un patrimonio urbano, aseguró que estos árboles requieren grandes cantidades de agua durante la temporada seca, en un contexto donde los pozos de extracción han reducido los niveles freáticos disponibles.
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