El pediatra y especialista en adolescentes Ricardo Montiel aseguró que es necesario considerar la salud mental de los adolescentes como un problema de salud pública, ya que el doble terremoto del 24 de junio agravará las dificultades emocionales que este grupo ya venía enfrentando.
Durante su participación en Háblame Bajito, de Radio Fe y Alegría Noticias, sostuvo que los adolescentes venezolanos arrastraban problemas relacionados con el manejo de las emociones antes de la emergencia, situación que, a su juicio, se podría intensificar tras la tragedia.
Mencionó que en la clínica donde trabaja atienden entre tres y cuatro casos de ataques de pánico prácticamente todas las semanas en adolescentes y que, inmediatamente después de los terremotos, registraron al menos tres intentos de suicidio en pacientes de entre 14 y 16 años.
Aunque indicó que no existen cifras precisas sobre el impacto del desastre en esta población, estimó que los adolescentes representan más del 30% de las víctimas directas o indirectas.
Destinar recursos para la atención de los adolescentes
Montiel consideró que el primer paso es reconocer oficialmente la magnitud del problema y destinar recursos específicos para atender a los adolescentes.
Según él, numerosas organizaciones no gubernamentales, profesionales y particulares están dispuestos a colaborar, pero insistió en que el Estado debe asumir el liderazgo de esa respuesta.
Apuntó que los adolescentes afectados directamente por la tragedia, especialmente quienes perdieron sus hogares o a sus familiares y permanecen en refugios, requieren atención especializada para afrontar el duelo, la reubicación y el seguimiento de su situación.
Enfatizó que esta población requiere acompañamiento de personas capacitadas para abordar sus necesidades emocionales y de protección.
Atención a los riesgos y señales de alerta
El especialista alertó que las emergencias también aumentan el riesgo de que los adolescentes sean víctimas de trata de personas, explotación, abuso o violencia sexual, especialmente aquellos que se encuentran en condiciones de mayor vulnerabilidad.
Resaltó que incluso quienes no resultaron afectados de manera directa atraviesan dificultades emocionales, ya que la interrupción anticipada del año escolar y el inicio de las vacaciones los alejaron de sus grupos de apoyo.
Igualmente, comentó que muchos adolescentes tampoco pudieron cerrar adecuadamente etapas importantes de su vida académica, situación que se suma a los efectos que dejó la pandemia y profundiza el aislamiento emocional.
No son una “generación de cristal”
Montiel pidió dejar de considerar a los adolescentes como una “generación de cristal” y destacó que, por el contrario, han demostrado capacidad de resiliencia frente a las dificultades que ha vivido el país.
A su juicio, los adultos deben conocer mejor las necesidades de esta población, asumir un rol activo en su acompañamiento e incorporarlos como agentes de cambio en las estrategias de atención.
“Tengo que no solamente sensibilizarme, sino adaptarme a las necesidades del adolescente y qué mejor manera que utilizar a los propios adolescentes como agentes de cambio”, expresó.
Finalmente, recomendó a padres, representantes y cuidadores mantenerse atentos a cualquier cambio de conducta en los adolescentes y buscar ayuda profesional ante cualquier señal de alerta, al recordar que son quienes mejor conocen su comportamiento habitual.









