A Néstor Meza los policías le dicen que la incitación al odio es un delito común y no se beneficiará de la amnistía

Néstor Meza está preso desde hace 11 meses y fue condenado a siete años por denunciar la escasez de gas y gasolina en El Socorro, Valencia
Néstor Meza

Brenda Meza está preocupada. Los funcionarios que custodian a su hijjo, Néstor Meza, el preso político condenado a siete años de cárcel por difundir en redes sociales las colas durante la escasez de gas y gasolina, le aseguraron que el delito que se le imputa, incitación al odio, no califica para ser beneficiario de la ley de amnistía.

Ella, al igual que otras madres de presos políticos, temen que cambien la tipificación del delito de tal manera que sean excluidos de los beneficios de la ley de amnistía y, por tanto, no puedan salir en libertad.

A Néstor lo denunciaron los integrantes del consejo comunal de El Socorro y la jueza de paz de la zona, donde su familia reside. A los oficialistas no les gustaron los videos que el posteaba en redes sociales denunciando la escasez de gasolina y de gas que tanto afectó a los vecinos de esa zona y de todo el país. Ellos le exigían que se fuera de su casa y le tomaban fotos al inmueble.

Los denunciantes mutaron el 3 de enero

Lo curioso es que estas personas experimentaron un cambio a partir del 3 de enero de 2026. Ahora se acercan a la casa de Brenda para ofrecerle ayuda. Ella tiene una teoría sobre lo que pasó: "Quieren utilizar el nombre de mi hijo por ser un preso de conciencia para hacer proselitismo desde grupos políticos con distintos nombres, pero con los mismos integrantes, ahora a favor de Néstor. Tienen miedo de seguir bajo las directrices de este régimen".

Es difícil olvidar el daño. Néstor Meza está preso en la sede del cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas (Cicpc) en Plaza de Toros desde hace 11 meses. En ese tiempo ha sido fuertemente golpeado por los presos comunes que están en las celdas a las que confinaron al joven. Los funcionarios, mientras tanto, le dicen que nunca saldrá de allí porque él está preso por un "delito común", la Ley contra el odio.

Ha sido una historia terrible, cuenta Brenda Meza. Ella se quedó sin trabajo por la cantidad de diligencias que debe hacer por su hijo. "Me mandan de aquí para allá, que vaya a Caracas, que venga a Valencia. Tengo que sacar cientos de copias y todo eso es dinero. Después me dicen, aquí y allá, que ellos no pueden hacer nada por mi hijo porque él es un preso político y eso es muy delicado".

Ni medicinas ni comida para Néstor

Ahora escasean los recursos para la atención de su hijo. El tiene litiasis y padece de fuertes dolores en sus riñones producto de los cálculos. No hay medicinas para darle y muy poca comida para él y para todo el núcleo familiar. Al día de hoy Néstor tiene tres días sin comer porque no tengo dinero para llevarle comida. Nosotros en la casa tampoco tenemos. Mi yerna y mi nietas están pasando hambre, están flacas. La niña no puede ir al colegio porque allá le piden jugos y comida y no podemos comprarlos".

A los dolores renales se suman los de las golpizas que le dan los prresos porque creen que él es un policía, ya que les parece absurdo que esté preso por unos videos en redes sociales. Néstor tampoco tiene el agua que necesita para hidratarse, una acción vital para su enfermedad.No hay plata para comprarla y en el Cicpc no le dan, al contrario.

Brenda Meza implora justicia. Desde su dolor de madre pide a los organismos internacionales que vean lo que está pasando en el país, a la Corte Penal Internacional que accione. "Vean lo que pasa aquí, esto no es mentira"

La niña de cinco años que habla con la foto de su papá

Daniela Márquez es la esposa de Néstor. En su familia hay una niña de cinco años que todas las noches llora por su papá. "Ella habla con su foto. En estos días me dijo que su peluche favorito se lo dará a los policías para que le devuelvan a su papá".

La niña ya no quiere ir al colegio, algo que le gustaba mucho. Pasa todo el día viendo televisión, ya no quiere comer y de vez en cuando llora.

Daniela también llora. Lo hace en la casa y en el Cicpc las pocas veces que puede ir a ver a su esposo. El le pide que se calme por el bien de la niña y ella lo hace.

Daniela y Néstor trabajaban en un autolavado. El lavaba los carros y ella los secaba y así obtenían los ingresos para vivir. No era una vida de lujos, pero si tranquila durante los primeros ocho años de convivencia. Desde hace 11 meses esa tranqulidad se perdió.

Hoy Daniela vive de lo que puede darle su suegra y el apoyo de su mamá. Ella cuida a su hija, que ya no va al colegio porque no quiere, está deprimida, al igual que su mamá, su papá,su abuela y todos en la casa

Ni Brenda ni Daniela entienden cómo una persona puede estar presa por decir la verdad. En 2024 no había gas, tampoco gasolina. "En la casa todavía no hay gas, dice Daniela.

Una súplica desgarradora

Ambas participaron en una concentración en el arco de Bárbula convocada por estudiantes de la Universidad de Carabobo y miembros de la sociedad civil. Allí, de rodillas, Brenda imploró la libertad para los presos políticos, el cese de la muerte de las madres que luchan por sus hijos, de los muertos en las cárceles. Fue una súplica que conmovió a los presentes, que a coro se sumaron a su petición.

Hoy tienen la esperanza de que la ley de amnistía les devuelva a Néstor. Les preocupan los señalamientos de los policías de que el que le imputaron fue un delito común y no político. Pero la ley del odio es clara, allí no hay duda. Y el argumento para aplicarla tampoco ayuda, dice Brenda. "Denunció una verdad y lo metieron preso."

Brenda hace una reflexión contundente: "Tengo 54 años y jamás había visto que a alguien lo metieran preso por no estar de acuerdo con el gobierno, esto solo lo he visto en este régimen"

Ambas insisten en la libertad para Néstor Meza y para todos los presos políticos. Que ninguno quede tras las rejas, insisten.

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A Néstor Meza los policías le dicen que la incitación al odio es un delito común y no se beneficiará de la amnistía

Néstor Meza
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