Caracas.– Dolarizar formalmente en Venezuela no garantiza la recuperación del poder adquisitivo ni protege automáticamente los ingresos de las familias. Así lo advirtieron los economistas Ronald Balza, Tamara Herrera y María Antonieta Moreno, quienes resaltaron que la erosión del salario responde a desequilibrios estructurales que ningún cambio de billete puede resolver por sí solo.
Durante el foro ¿Dolarización en Venezuela?, realizado este martes 15 de septiembre en la Universidad Católica Andrés Bello, los economistas explicaron que existe una falsa expectativa en la ciudadanía al asumir que el uso del dólar frena de inmediato la pérdida del valor del trabajo. Los ponentes enfatizaron que la capacidad de compra y la acumulación de capital no están determinadas por el signo monetario que se emplee en las transacciones diarias, sino por la relación real entre lo que se percibe y lo que se gasta.
“El ahorro no depende de la moneda, sino de la diferencia entre ingresos y gastos", manifestó Balza, decano de la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales de la UCAB. El académico indicó que, si las erogaciones de una persona o empresa superan de manera constante a sus ingresos, la pérdida de patrimonio persistirá sin importar si las operaciones se efectúan en bolívares o en divisas.
De acuerdo con los análisis de los expertos, si bien la dolarización formal posee ventajas claras para los agentes económicos en el corto plazo, ya que anula por completo el riesgo de emisión local y la devaluación del signo monetario nacional; hay desventajas como la pérdida absoluta de la política monetaria, la desaparición del señoreaje y la incapacidad del Banco Central de Venezuela (BCV) para actuar como prestamista de última instancia en caso de emergencias bancarias. Además, exige un elevado inventario de reservas internacionales en divisas para suministrar liquidez al sistema, un recurso del que el país carece en la actualidad.
Sobre los riesgos inmediatos, Balza advirtió que determinar la tasa de conversión inicial genera distorsiones y pérdidas patrimoniales en los depósitos, a lo que se suma el impacto del redondeo de precios en los bienes de primera necesidad. “No protege contra pérdidas de poder adquisitivo; es cierto que puede detener el riesgo inflacionario, pero sí puede causar pérdidas por la implementación al determinar el tipo de cambio», afirmó Balza.

El riesgo del precio del petróleo
Otro de los aspectos evaluados fue la rigidez de la dolarización formal ante eventuales caídas en los precios internacionales del petróleo. Los especialistas señalaron que, al carecer de una moneda propia, el Estado pierde la capacidad de ajustar la paridad cambiaria para amortiguar la caída de divisas, por lo que el impacto recae en las remuneraciones y el mercado laboral.
“Cuando no dolarizas, lo que ocurre es una devaluación que nos pega como inflación pero no pierde el empleo; cuando estás en dolarización el impacto es distinto", apuntó la economista Tamara Herrera, directora de Síntesis Financiera. La especialista ejemplificó que, si los ingresos petroleros del país caen en un 30 % dentro de un esquema dolarizado, al no existir un tipo de cambio que absorba el choque, los empleadores se ven obligados a recortar salarios nominales o recurrir a despidos masivos para equilibrar sus presupuestos.
Herrera acotó además que, ante la ausencia de un fondo de estabilización o reservas internacionales suficientes, la dolarización oficial deja desprotegida a la economía frente a la volatilidad externa.

La propuesta de legalizar el bimonetarismo
Durante el foro realizado en la UCAB los expertos confrontaron los dos esquemas de política monetaria que se discuten actualmente en el país: la dolarización oficial (de jure) y el bimonetarismo legal.
La propuesta de formalizar un régimen bimonetario cuenta con el respaldo de gremios y entes académicos como Consecomercio y la Academia Nacional de Ciencias Económicas, instancias que plantean otorgar marco jurídico a la circulación paralela del bolívar y el dólar bajo reglas claras. A diferencia de la cocirculación informal actual, un régimen bimonetario institucional, como los aplicados en Perú o Paraguay, permite al Banco Central de Venezuela (BCV) conservar la moneda nacional como medio de pago, retener el señoreaje y mantener la capacidad de responder ante choques externos.
No obstante, los expertos subrayaron que el bimonetarismo exige unificación cambiaria, ancla fiscal rigurosa y autonomía del ente emisor para frenar la emisión inorgánica. “Actualmente, la disposición a tener bolívares es nula porque no hay confianza", sostuvo la economista Tamara Herrera.

Disciplina y reglas claras
Los economistas coincidieron en que la estabilización de los precios y la recuperación del ingreso no se lograrán mediante “atajos monetarios", sino restableciendo las normas institucionales y la disciplina fiscal.
“En Venezuela la inflación es persistentemente alta porque las reglas macroeconómicas no se respetan", aseveró la profesora María Antonia Moreno. La académica sostuvo que la Constitución y la Ley Orgánica de la Administración Financiera establecen principios de equilibrio fiscal e independencia del BCV que fueron vulnerados. Moreno enfatizó que la erradicación de la inflación a nivel global se alcanzó cuando los países aprendieron a respetar las reglas del juego.
Asimismo, Moreno recordó que el uso de cualquier signo monetario descansa sobre la credibilidad del Estado y las instituciones. “El dinero es una relación social y es una relación de confianza", afirmó Moreno.
Los analistas concluyeron que, sin la atracción de inversiones, financiamiento multilateral y un programa económico integral, ni el dólar ni el bolívar podrán devolver la estabilidad a los venezolanos.



