Cuando Jean Pierre Rosero tenía 27 años, su familia contrató a unos matones para que lo secuestraran y lo sometieran a un tratamiento de conversión de la homosexualidad. Estuvo cautivo en la clínica Santa Ana de Cotacachi, en Ecuador, hasta que, gracias a la denuncia de sus amigas, una fiscal lo liberó. Pero el peligro no cesó.
