Los frecuentes estallidos a causa de fugas de gas por el deterioro de las bombonas dejan en evidencia el incumplimiento de las medidas de seguridad en cuanto a su mantenimiento, manejo y distribución. En los últimos cinco años han muerto al menos 49 personas por estallidos de estos artefactos. Actualmente un gran número de cilindros en Venezuela están en mal estado, oxidados, corroídos, abollados, con fugas y válvulas defectuosas, lo que aumenta el riesgo de explosiones y viola las normas de seguridad. Expertos aseguran que se están usando las mismas bombonas desde hace 16 años
Unas preguntas de más que hizo a una profesora de natación salvaron a Karina Medina de estar en el momento de la explosión a causa de una fuga de gas que ocurrió en la calle Argentina de Catia, en Caracas, el 12 de julio. En el incidente murieron al menos 2 personas y 23 resultaron heridas con quemaduras.
Karina, su esposo y sus dos hijos transitan a diario por esta concurrida calle comercial. A las 3:40 pm de ese sábado estaban a punto de regresar a casa, pero se demoraron 10 minutos más hablando con la directora de una escuela de natación donde inscribirán a los niños.
«Si no es por ese retraso, coincidimos con el momento de la explosión», recordó con asombro la ama de casa en entrevista telefónica con El Pitazo, el 16 de julio.
Cuando la familia llegó al lugar habían pasado cinco minutos del incidente. «Aún salía humo por los techos de lona de los tarantines de los buhoneros», remarcó Karina.
Este accidente ocurrió cerca de las 4:00 pm. Una bombona de gas de 43 kilos presentó una fuga por deterioro y se originó una deflagración dentro de la lonchería Andina, con un radio de expansión de 50 metros a la redonda, explicó el comandante del Cuerpo de Bomberos de Caracas, Pablo Antonio Palacios. Motocicletas, carros y transeúntes resultaron afectados.
Karina Medina agradece a Dios que no estaba en este sitio al momento de la tragedia. «Cuando llegamos había mucho rebulicio, se habían llevado a los heridos y la gente lloraba desesperada», recordó.
Miedo y tristeza
A una semana del accidente, Karina evita pasar por la calle Argentina. Los buhoneros que solían ubicarse frente a la lonchería afectada ya no están. En el sector hay miedo, pero también mucha tristeza.
Usuarios en redes sociales y transeúntes aseguran que la bombona permanecía día y noche fuera del establecimiento de comida.
«Siempre estaba allí, debajo de una pepa de sol, obvio que era un peligro», comentó Karina.
Tres días después de este accidente, los bomberos de Caracas atendieron otra fuga de gas por la válvula de seguridad de una bombona de 10 kilos que estaba en una residencia ubicada en el barrio Mario Briceño de Propatria. Horas más tarde se movilizaron por dos casos similares en esta misma zona. Uno de los cilindros estaba deteriorado.
«Estos incidentes son comunes en el país, lo importante es que la gente esté atenta a cualquier situación irregular y avise con tiempo a las autoridades para evitar cifras lamentables», indicó un funcionario del Cuerpo de Bomberos del estado Miranda.
Una larga lista de siniestros
La frecuencia con que se generan este tipo de incidentes preocupa a la ciudadanía, sobre todo, porque es difícil percatarse cuando habrá una explosión. «Es como una amenaza silenciosa, a menos de que puedas percibir un olor a gas a tiempo y tomes las medidas», acotó el uniformado.
Pero, a veces, el tiempo juega en contra, tal y como ocurrió el ocurrió el 9 de diciembre de 2023. Ese día Miriam Salinas (28) preparaba el desayuno cuando su cuñada Yeli Fragoza (22) sintió un fuerte olor a gas. Yeli le dijo que cerrara la bombona hasta que llegara alguno de los hombres de la casa para revisarla. Miriam atendió al llamado, pero la hornilla donde cocinaba quedó prendida.
Este hecho desató una explosión que les causó la muerte a las dos mujeres y a dos de sus hijos menores de edad, en el sector Yaguapita de Barlovento, estado Miranda.
Ocho meses después, en 2024, un hecho similar se registró en una vivienda multifamiliar en el barrio Unión de Petare. 13 personas fallecieron, entre ellas, dos recién nacidos.
Estos casos se suman a una larga lista de siniestros con víctimas mortales en Venezuela.
Desde 2020 hasta 2025, al menos 49 personas murieron quemadas o asfixiadas, sin contar el año 2022, del cual no se encontraron datos.
Estas cifras corresponden a un subregistro levantado con reportes de El Pitazo y otros medios de comunicación, ya que no hay información oficial.

En 96 % de las viviendas cocinan con gas
El rescatista Jacobo Vidarte, especialista en materia de análisis de riesgo, estima que actualmente en 96 % de las viviendas se cocina con gas.
De este total, 75 % utiliza cilindros (bombonas de gas) y 14 % servicio de gas a granel (edificios o condominios), mientras que el metano, a través de gas directo, es usado por el 7 % de la población y sólo 4 % cocina con electricidad, kerosene o leña.
«Estos datos revelan que en promedio existen al menos 15 millones de bombonas de gas (cilindros) de diferentes capacidades en nuestro país», remarcó Vidarte.

El especialista indicó que la vida útil de un cilindro de gas puede ser de 21 años; sin embargo, cada 7 años debe ser sometido a una prueba para verificar sus condiciones.
En ese punto explicó que cuando los cilindros son fabricados ya cuentan con la primera de tres pruebas y debe tener, marcado con un troquel, el taraje (peso del envase), la capacidad y la fecha de fabricación.
Vidarte detalló un ejemplo con una bombona fabricada en el año 2000. «La segunda prueba debería ser en 2007; la tercera en el 2014, y, siete años después, el cilindro debería ser destruido, es decir en el año 2021», subrayó.
El experto recordó que para el año 2000 una de las empresas más grandes del país era Ventane. Estaba ubicada en La Victoria, Aragua, tenía unos 7.200.000 cilindros en Venezuela y periódicamente los revisaba, de acuerdo con el protocolo indicado.
En esa época la comercialización de las bombonas estaba en manos de la empresa privada; sin embargo, en 2009, el Gobierno del entonces presidente Hugo Chávez estatizó dos distribuidores privados de gas que atendían a todo el país y servían de intermediarios entre PDVSA y los consumidores de gas doméstico.
Un trabajador de la industria petrolera, que pidió mantener su nombre en reserva, señaló que ese cambio afectó la adecuada distribución del gas en Venezuela.
«Actualmente PDVSA CGas Comunal tomó el control del mercado nacional del gas, pero no hay inversión suficiente ni mantenimiento. Una prueba fue la explosión que sacudió el Complejo Operativo Muscar en Punta de Mata, estado Monagas, en noviembre de 2024, y causó gran impacto en el suministro de gas», señaló el 17 de julio.
Aunado a ello, destacó que un gran número de bombonas en Venezuela están en mal estado, oxidadas, corroídas, abolladas, con fugas y válvulas defectuosas, lo que aumenta el riesgo de explosiones y viola las normas de seguridad.
«Aunque sería irresponsable hablar de cifras sin tenerlas a mano, no es difícil concluir que el Estado venezolano no sustituye las bombonas deterioradas con la frecuencia y de allí que se presenten tantos casos de estallidos en el país», acotó.
Esta opinión coincide con la de Iván Freites, secretario de profesionales y técnicos de la Federación Unitaria de Trabajadores Petroleros de Venezuela (FUTPV). «El problema viene desde 2009 cuando se estatizaron las empresas de gas y nace PDVSA Gas Comunal. Para entonces había 15 millones de bombonas y solo 3 millones estaban en condiciones de operar. Los 12 millones restantes eran inservibles», afirmó a El Pitazo el 18 de julio.
Freites destacó que la situación ha empeorado, «porque se siguen conservando las mismas bombonas que se tenían en 2009». «Todo sigue igual, la gente carga las bombonas con las válvulas de seguridad y de llenado vencidas y dañadas. Se usan la misma bombona desde hace 16 años», subrayó.
El vocero recordó que años atrás en Venezuela había fabricantes de cilindros en los estados Zulia, Portuguesa y Carabobo, pero cerraron «porque Chávez hizo un acuerdo con Turquía». En vista de esta negociación a las empresas que operaban en el país no les compraron más.
«Del acuerdo con Turquía se vendieron a Venezuela 2 millones de bombonas, pero después no hubo más producción», agregó.

Sin formación…
En los actuales momentos los mismos vecinos son quienes manipulan las bombonas de gas con las que cocinan en sus residencias.
Atrás quedó la época cuando los trabajadores de las empresas privadas que distribuían el gas acudían hasta las residencias e instalaban el cilindro.
«Eso se acabó, ahora en carro, en carretilla o a pie, y en los hombros, llevamos las bombonas hasta el centro de recolección», señaló Teodora Díaz, vecina del municipio Independencia del estado Miranda.

La declarante denunció que la distribución no es constante y muchas veces se ha quedado sin gas. «He tenido que cocinar a leña o comer pan con jamón y queso, porque pasan meses y no nos surten», indicó.
Dijo además que el mecanismo de sustitución de bombona es «incómodo y humillante, por el maltrato que recibimos de los voceros del gas».
«Te avisan unos minutos antes que debes llevar la bombona hasta el lugar donde la recolectan y, si no puedes, pierdes el dinero que previamente pagaste. Para quienes trabajamos este método es inviable. Lo mismo ocurre para retirar las bombonas; te amenazan con dejarlas tiradas en la calle, bajo el sol, si no la vas a buscar enseguida», acotó el 17 de julio.
Esta amenaza representa un riesgo, si consideramos que una de las recomendaciones que hace el especialista Jacobo Vidarte es que los cilindros de gas deben estar protegidos del sol directo.
La manipulación por parte de personas inexpertas es otro peligro, destaca el rescatista. Según sus estimaciones, 70 % de las personas que manipulan un cilindro en Venezuela durante operativos de gas, no tienen formación alguna en el tema.
A pesar de los riesgos, la maniobra de cilindros de gas doméstico se ha convertido en una práctica común para los venezolanos.

«En manos de Dios»
Lorenzo Marcano trabajó durante 15 años en la empresa privada Vengas. La compañía envasaba y distribuía el gas por bombona, antes de que el mercado fuera nacionalizado y controlado por la empresa estatal PDVSA Gas Comunal.
En su tiempo de servicio, Marcano fue testigo «del control estricto que había con la manipulación de las bombonas". «Hacíamos cursos y nos actualizamos constantemente para disminuir cualquier riesgo», afirmó a El Pitazo.
El extrabajador recuerda que los jefes eran severos con los controles de seguridad cada vez que revisaban los cilindros para ser llevados hasta las residencias de los clientes.
«Las bombonas actuales no pasan una prueba; eso se nota a simple vista por el aspecto que muestran, ya están viejas y maltratadas», resaltó.
En su opinión la manipulación de las bombonas tampoco es la más recomendable. «He visto a personas sentadas en los cilindros, trasladándolos en posición horizontal sobre sus hombros, arrastrándolos o montados en un carro tambaleándose y todo ello representa un peligro», remarcó.
Marcano considera que a propósito de todas estas fallas y los riesgos que representan, a los venezolanos «solo nos queda encomendarnos a Dios».






