Lo bueno, lo regular y lo malo del diálogo entre la AN de 2015 y el chavismo, según Benigno Alarcón

El analista político aseguró que Estados Unidos falló al no ser un mediador explícito en este proceso, del que aún tiene muchas dudas e interrogantes por si es o no es una negociación real

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El analista político, abogado y fundador del Centro de Estudios Políticos y de Gobierno de la Universidad Católica Andrés Bello (CEPyG-Ucab), Benigno Alarcón, analizó lo bueno, lo regular y lo malo que hasta ahora se puede ver del diálogo que iniciaron representantes del chavismo y la Asamblea Nacional de 2015, en representación de un sector de la oposición, el pasado 6 de agosto.

En su participación en el programa La Conversa ARI Con La Luz, de este domingo 9 de agosto, el experto en negociaciones, aseguró que uno de los aspectos buenos o positivos es que las dos partes están sentadas en una mesa, aunque, como muchos otros, aún no se atrave a llamarla negociación ante la falta de acuerdos visibles.

«Esto que nosotros estamos viendo simula ser una negociación, no estamos muy seguro que la sea. ¿Y por qué digo que simula ser una negociación? Porque se ha tratado de presentar como una negociación», dijo sobre cómo Estados Unidos sentó a dos sectores antagónicos para buscar la reinstitucionalización del país, algo que todavía está por verse.

¿Diálogo? ¿Negociación? ¿Transición democrática?: para qué se reúnen la AN de 2015 y el chavismo

Lo bueno del inicio de diálogo

Entre lo bueno, sostuvo que se anunció una agenda (atención a las víctimas del terremoto, fortalecimiento de la democracia y derechos y garantías políticas), así como una serie de principios que se esbozaron en un comunicado que dieron a conocer en redes sociales el mismo 6 de agosto cuando hubo el primer encuentro en la Base Aérea Generalísimo Francisco de Miranda, en La Carlota.

«Se dijo que es una negociación paritaria, sabemos que es una negociación directa sin mediadores como lo fue lo de Noruega, lo cual desde mi punto de vista es un error, es un poco lo que se ha tratado de poner sobre la mesa, cuál es la metodología de esta negociación», explicó en medio de la conversación con César Batiz; director de El Pitazo; Luis Ernesto Blanco, director editorial de Runrunes; Ronna Rísquez, coordinadora de la Alianza ARI; y Luz Mely Reyes, directora general de Efecto Cocuyo.

Al hablar de lo malo, Alarcón señaló que al hacer la primera reunión dentro de una instalación militar, administrada por Delcy Rodríguez, se pierde la condición paritaria de lo que se estableció en un principio, sin contar que el diálogo arrancó con cinco días de retraso después del anuncio de que sería el 1 de agosto, pero que efectivamente sucedió el 6 de agosto.

Dijo que tampoco es paritario que sea el chavismo, a través del Ministerio de Comunicación e Información, el que lleve la batuta comunicacional, convoque a la prensa y mantenga la prohibición del acceso a periodistas. Recordó la amenaza de la que fue víctima la periodista Deisy Martínez, de Efecto Cocuyo, por parte de funcionarios el mismo día del arranque de las conversaciones.

Lo malo del proceso

«Cuando decía que desde el principio que esto simula ser una negociación, la impresión que tengo es que las condiciones iniciales por lo menos no pintan bien. Después, si estamos hablando de una negociación, que es una carencia fundamental, es que no puedes dejar fuera de la mesa de negociación a quien le va a tener posiblemente, le va a tocar implementar el acuerdo», detalló sobre la exclusión de esa mesa de la líder opositora María Corina Machado, por decisión estadounidense.

Afirmó que si la excusa era que ella no podía estar porque sería arte y parte de un proceso que podría beneficiarla, los representantes de la AN de 2015 allí sentados tampoco son imparciales como se pretende señalar en esa narrativa.

«Lo que no puede pasar es quienes representan a la oposición representen solamente a un sector de la oposición y no a quienes de alguna manera representan a la oposición mayoritaria, porque allí hay una carencia importante, porque quienes van a tener que implementar los acuerdos no están sentados a la mesa. Y lo que puede pasar después que haya un veto o que sencillamente les toque administrar el acuerdo después digan que no han negociado y no tienen por qué reconocerlo», resumió sobre una de las falencias de la mesa.

Advirtió que no se puede ser ingenuamente optimistas ni del todo pesimistas ante el proceso, pero que se debe tener prudencia por que no se negocia entre las partes porque todas quieran la democracia para el país, ya que uno de los objetivos del chavismo en procesos anteriores ha sido el de alargar las conversaciones, rebajar tensiones políticas y asegurarse la permanencia en el poder.

Lo que se sabe hasta ahora del diálogo entre la AN de 2015 y el chavismo

Por qué Estados Unidos no asumió rol de mediador

Alarcón también cuestionó que Estados Unidos no haya asumido un papel directo de mediador, una característica fundamental que tienen las negociaciones internacionales serias, donde quien cumple ese papel ya tiene sus propios intereses, como es el caso estadounidense sobre Venezuela.

«Me extraña que Estados Unidos no haya asumido el rol de mediador y que haya dejado esto como una negociación entre los venezolanos, porque si esto se queda puramente como una negociación entre venezolanos donde Estados Unidos no interviene, que no crea que sea el caso, esta negociación está llamada al fracaso por la misma razón que fracasaron las anteriores», recordó sobre cómo en el pasado ha habido 17 procesos, entre los siete formales instalados y las demas iniciativas informales que hubo entre el chavismo y la oposición.

Sostuvo también que se trata de una «negociación asimétrica» porque una de las partes (el chavismo) no quiere negociar su salida del poder y la otra (oposición) acude a negociar las reglas para que quienes mantienen el poder lo dejen, lo que hace que el chavismo tenga una ventaja porque tiene más poder y podría incumplir los acuerdos.

Aunque la presencia estadounidense es la que le da cierta simetría o nivela a los dos sectores, aunque resaltó que Estados Unidos está cómodo con Delcy Rodríguez y en líneas generales con su gestión, porque se ha dedicado a cumplir obedientemente todo lo que la Casa Blanca le ha impuesto desde el pasado 3 de enero.

¿Reconciliación o convivencia social?

Cuando le preguntaron sobre las declaraciones del secretario de Estado, Marco Rubio, quien habló de una necesaria reconciliación entre los venezolano, Alarcón dijo que si se habla de convivencia pacífica el país la tiene. El momento de mayor polarización entre los chavistas y no chavistas pasó; la gente en la calle se respeta, se entiende y no es violenta contra el otro pese a las posiciones políticas encontradas.

Aunque esto difiere de la percepción ciudadana de quienes detentan el poder, sobre todo porque lo mantienen desde la fuerza y han cometido graves violaciones a los derechos humanos.

Mencionó el caso de Sudáfrica, donde dijo que a pesar de los esfuerzos de Nelson Mandela aún hay heridas abiertas, lo que solo se sanará cuando haya generaciones de políticos que no hayan vivido los desmanes del apartheid.

«Hay que diferenciar entre la convivencia que necesitamos para que el país tenga un desarrollo pacífico y pueda tener un cambio de régimen que se de en condiciones de paz y que la paz sea sostenible. Creo con toda honestidad que esas condiciones ya existen; y por el otro lado, es que la gente de alguna manera tolere que quienes no tienen el derecho a gobernar lo sigan haciendo por la fuerza, no porque ganaron una elección. Esa es la parte difícil de reconciliar al final del día», añadió.

EEUU obligado a un cambio democrático

Alarcón dijo que Estados Unidos está forzado a la transición y establecer un calendario electoral en Venezuela porque como trajeron a un grupo de empresas del sector energético a reinvertir en el país, no tienen otra opción que reglas claras, instituciones sólidas y un gobierno diferente que pueda garantizar en el mediano y largo plazo esa estabilidad que quieren.

«No sé si llegamos a esta negociación por iniciativa de EEUU o de algunos opositores que le presentaron la idea al Departamento de Estado. Sospecho que pudo haber algo de las dos por la forma que se conformó la mesa de negociación. Creo que hubo gente en Washington trabajando para que se hiciera una mesa de negociación con quienes están y no con otros», destacó.

Sin embargo, dijo que fue una confección de una mesa muy parcializada en beneficio de solo pocos actores, pero que la presión estadounidense desde el Congreso de ese país y empresarios es lo que finalmente obliga a la Casa Blanca a arrancar este proceso actual.

«Por razones de garantía, (Estados Unidos) tiene que cambiar el gobierno y las instituciones en Venezuela. Y la única manera de cambiar gobierno e instituciones en Venezuela es a través de una elección, no hay mucho de dónde agarrar», reflexionó ante lo que piden los empresarios estadounidenses para volver a invertir.

Alarcón advirtió que «si esto se maneja con las mismas reglas del pasado va a terminar igual que todas las anteriores. Si esto se maneja con coerción de quien tiene el poder para obligar a las partes para llegar a un acuerdo puede terminar de otra manera, pero si llega a un acuerdo será un acuerdo bajo coerción y eso lo tenemos que tener bien claro».

El fin de semana no hubo información sobre si se realizaron reuniones entre las partes, después de que anunciaron que estarían en sesión permanente hasta el miércoles 12 de agosto, lo que da cuenta de la opacidad mientras que crece el malestar social por los apagones, la alta inflación y la insastifacción ciudadana por una economía que no termina de favorecer a quienes más lo necesitan.

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