El magisterio venezolano, dicho por luchadores de este gremio, atraviesa uno de los peores momentos de su historia, sumido en una crisis laboral que combina salarios de miseria, persecución sindical y el colapso de las condiciones de trabajo.
Desde la llegada de Yelitze Santaella al Ministerio de Educación en 2021 hasta la actual gestión de Héctor Rodríguez, iniciada en octubre de 2024, los docentes enfrentan un deterioro sin precedentes, agravado por el instructivo Onapre y una ola de despidos masivos que han desatado protestas en todo el país, según denuncian los sindicatos docentes.
Bajo Santaella, el salario docente se desplomó a niveles insostenibles. En 2022, un maestro ganaba apenas 1,52 dólares mensuales, según el tabulador de la Oficina Nacional de Presupuesto (Onapre), mientras la inflación devoraba cualquier ajuste. El instructivo Onapre, emitido en marzo de ese año, suspendió las convenciones colectivas, eliminando primas, bonos vacacionales y tabuladores específicos del sector.
“Nos robaron derechos adquiridos”, denunció Carmen Teresa Márquez, presidenta de la Federación Venezolana de Maestros (FVM), quien recuerda las protestas de 2022 y 2023, cuando miles de docentes bloquearon avenidas exigiendo la derogación de la norma y la renuncia de Santaella.
Nada ha cambiado
A pesar de un aumento nominal del 835% en 2023, última vez que los trabajadores de la enseñanza y públicos en general recibieron un ajuste oficial, el sueldo real de los docentes no supera ahora los 30 dólares, frente a una canasta básica de más de 500 dólares, según la última publicación del Cendas-FVM.
La llegada de Héctor Rodríguez al Ministerio no trajo alivio. Por el contrario, el gremio ha denunciado a lo largo de los últimos años una “persecución sistemática”.
En 2024, más de 50.000 docentes sufrieron suspensiones salariales, y en junio de 2025 se reportaron 40.000 despidos, según la ONG Formación para la Dirigencia Sindical (Fordisi), que promueve el liderazgo sindical emergente y en especial del sector de la educación.

“Es una crueldad nunca vista, ni en tiempos de dictaduras pasadas”, afirma Gricelda Sánchez, docente y vocera del ente sindical.
Rodríguez impulsó una reestructuración que reemplaza maestros por “agentes ideológicos” formados en programas exprés como Chamba Juvenil, lo que agrava el déficit de 400.000 educadores.
Además, modificó el calendario escolar, ignorando o tratando de reducir recientemente los 60 días de vacaciones pactadas en la convención colectiva, lo que desató rechazo unánime.
El equipo gremial de Fordisi concluye que, sin medidas urgentes, el sistema educativo venezolano enfrenta una desintegración acelerada. “La educación, que debería ser un motor de desarrollo, se ha convertido en una víctima más de la crisis”, sentencia el semanario y llama a la acción para salvar el futuro de millones de jóvenes.
Maestros sobrevivientes
En este comienzo del año escolar 2025-2026, los docentes siguen sobreviviendo con salarios de 5 a 20 dólares mensuales, complementados por bonos no prestacionales de hasta 120 dólares, insuficientes para cubrir necesidades básicas.
«71% de las escuelas está en ruinas y el ausentismo estudiantil alcanza 90% en muchos planteles por falta de pupitres y comedores. Clases solo dos días a la semana, sin transporte ni comida. Así no se educa”, lamenta Ana Ruiz, maestra de una escuela en Petare.
El gremio, representado por la FVM y otros sindicatos magisteriales han unido sus voces para exigir una mesa técnica para discutir un nuevo contrato colectivo, incorporar bonos al salario base y garantizar seguridad social. Sin embargo, Rodríguez mantiene el instructivo Onapre y no ha reactivado negociaciones.
“El mayor reto del sector es la dignificación de la carrera docente, ya que una gran cantidad de educadores abandonaron su labor debido a los bajos salarios, por lo que urge que la carrera vuelva a ser atractiva», enfatizó Edgar Machado, presidente del Sindicato FVM de Caracas.

