Médicos de Lara, Carabobo, Bolívar y otros estados llegaron a La Guaira con la convicción de ayudar desde el primer día luego del doble terremoto. Tras superar múltiples obstáculos y el impacto emocional del desastre, los profesionales relatan su experiencia y el reajuste de sus vidas para no abandonar la zona cero a un mes del doblete sísmico

Por Andrea Barrios, Liz Gascón y Carlos Suniaga

Los médicos venezolanos dieron un ejemplo de servicio y vocación con los afectados por el doble terremoto del 24 de junio que devastó parte del norte y centro del país. Desde la madrugada del 25 de junio se organizaron en equipos voluntarios para asistir a los sobrevivientes.

No sabían cómo o con quién se trasladarían ni dónde iban a quedarse. Pero sentían el deber de ayudar, incluso dejando sus propias vidas y trabajos en pausa. Así lo narraron al menos siete médicos de los estados Lara, Carabobo y Bolívar que viajaron a La Guaira y contaron a El Pitazo sus retos, traumas y logros en la zona cero.

Estas son sus historias:

El equipo médico transformó el McDonald’s de Caraballeda, en La Guaira, en un centro de atención y farmacia improvisada tras el doble terremoto. Foto: Cortesía voluntariado médico

El hospital McDonald’s

“La ansiedad y el dolor no me dejaron quedarme en mi casa", explicó este 17 de junio sobre la necesidad de ayudar la doctora Moleibick Paradas, quien llegó la mañana del 26 de junio con un grupo de 50 voluntarios desde Barquisimeto, capital de Lara. Ella fue una de las primeras en llegar al McDonald’s de Caraballeda, un espacio que la tragedia transformó en un hospital.

Ese día apoyaron a los bomberos, pero al caer la noche decidieron adentrarse a la zona más afectada. En medio de aquellos edificios caídos y un acelerado movimiento social, a medida que iban caminando las personas les daban insumos para ir atendiendo en el camino. Como pudieron armaron un punto de atención con sábanas y tablas, pero finalmente lograron acercarse a las afueras del McDonald’s de Caraballeda:

“Pedimos apoyo al DCDO [una división de la Policía Nacional Bolivariana]. Nos ayudaron a entrar y la gerencia del McDonald’s nos dio el permiso de quedarnos y luego de un inmenso trabajo en equipo, logramos improvisar un centro de atención médica y veterinaria, una farmacia y punto de acopio. Desde ese día no hemos parado", cuenta la doctora, quien semanalmente cumple guardias en Barquisimeto y en La Guaira, pero para ella “el desastre es tanto" que a veces siente que la ayuda que puede brindar no es suficiente.

Ahora dice que se siente frustrada porque las donaciones están bajando y cada vez se necesita más agua potable, insumos médicos y alimentación: “Ya hay muchos cuadros digestivos o diarreicos", alertó.

La traumatóloga Laura Crespo también tuvo una salida apresurada desde Barquisimeto hasta la zona cero. La necesidad de ayudar la llevó a decir que sí a un viaje que planificaron varios médicos el 25 de junio.

“Se está montando un viaje, no sabemos para dónde, si vamos a llegar Tucacas a Puerto Cabello o a La Guaira". Ese fue el mensaje que le enviaron. Aunque el destino era incierto, ella se anotó en la lista de voluntarios que pudo llegar a Playa Grande unas 36 horas después de los sismos.

Además de curar, Laura tuvo la oportunidad de prestarle su teléfono a un padre incomunicado para llamar a su hijo en Argentina y decirle que estaba vivo: “Fue un reencuentro, el papá y el hijo llorando por saber que el señor estaba vivo y estaba bien", recordó. 

26 médicos larenses llegaron a La Guaira el tercer día después de los terremotos para asistir a los sobrevivientes. Foto: cortesía Luis Mora

Una misión solidaria en la zona de desastre

La doctora María Isabel Rodríguez, pediatra de otro grupo de 26 médicos voluntarios, describió su labor con unas “ambulancias caminantes" porque recorrían las calles de Playa Grande, en Catia La Mar, brindando auxilio a las personas afectadas.

María Isabel participó en el rescate del señor Antonio Villarreal de 73 años, con quien todavía tiene comunicación. El bombero de la tercera edad estaba bajo los escombros de un edificio en el que dijeron que ya no había señales de vida, pero una persona que pasaba por un lado de la estructura escuchó voces. Eran Antonio y su esposa. Estaban bastante golpeados y lograron salir con vida tras ocho horas de labores de rescate.

“Nosotros nos abrazamos como si hubiésemos sido familia, como si de verdad fuéramos familia de sangre", narró la doctora, tras atender a la pareja de sobrevivientes. 

La pediatra vivió un subibaja de emociones en sus labores; pero mantuvo la fe. Durante uno de sus recorridos encontró una estampilla de Jesús de la Misericordia en el piso y lo tomó como una señal.

Esta labor de búsqueda activa también la compartió el doctor Luis Mora, médico residente de cirugía que viajó al terminar una guardia de más de 24 horas en Barquisimeto. En uno de sus recorridos para ofrecer atención logró atender a un padre que estaba sentado frente al suelo y las ruinas de una casa con las manos lastimadas por sacar escombros. 

Luis le ofreció atención médica y el hombre le respondió que iba a estar allí  los días que fuesen necesarios hasta sacar el cuerpo de su hija y poder enterrarla.

Los médicos que usan el McDonald’s de Caraballeda como un hospital están pensando en abrir una ONG para continuar con la atención de pacientes. Foto: Cruz A. Sojo

El colapso emocional de afectados y voluntarios

Los médicos entrevistados coincidieron en que se necesita atención psicológica y psiquiátrica para atender a los sobrevivientes y los voluntarios o personas desplegados en las zonas de desastre.

Solo en un día, la doctora Moleibick Paradas relató que alrededor del McDonald’s encontraron al menos a tres personas desorientadas. 

“Estaba un muchacho que perdió a toda su familia en la casa al lado del McDonald’s. Se vino de España. El cuerpo de su madre todavía estaba allí, no lo podían sacar. Ese muchacho estaba en un estado de shock: no encontraba a quién llamar, se sentaba, se mojaba con la lluvia, no dejaba de repetir la misma historia: que él se vino, que no valoró a su mamá. Intentábamos darle apoyo", relató.

El estado de shock no solo se presenció en las calles. 

El psicólogo Daniel Fernández atendió a 24 personas diariamente en el hospital improvisado. Habló del colapso que tuvo un estudiante de medicina voluntario: “Me decía: ‘Esto no tiene sentido. ¿Yo para qué voy a salvar a esta gente? Si igualito aquí no van a llegar insumos. Aquí igualito no hay nada. Esta gente igual se va a morir’".

Tras una intervención psicológica, el estudiante recibió herramientas para asimilar la experiencia y entender el propósito de ese viaje.

El doctor Santiago Padilla, un médico cirujano de Valencia que llevó parte del registro de morbilidad del hospital McDonald’s, estima que atendieron a unas 400 personas desde el 28 de junio y que la cifra de pacientes se redujo a los 10 días de los terremotos, pero la necesidad no cesa.

La doctora Moleibick Paradas anunció que piensan crear una ONG para poder seguir atendiendo a los afectados. Para ella la emergencia apenas está comenzando y la ayuda debe llegar a las personas que perdieron a sus familiares, damnificados o a quienes perdieron sus trabajos.

Médicos de Bolívar convirtieron pupitres en camillas

En Caracas, improvisar camillas con pupitres, colchones y cinta adhesiva para poder recibir a unas 700 personas en 10 días fue parte de la experiencia que vivieron integrantes de un equipo médico que viajó desde El Callao, en el estado Bolívar, hasta el centro de acopio ubicado en el parque Alí Primera, en la capital venezolana.

Viviana Scheuat, una de las doctoras que encabezó la delegación de nueve integrantes, dijo que lo que vivieron en las zonas afectadas representa un parteaguas en sus carreras como profesionales de la salud.

“En el parque Alí Primera era donde más se recibían pacientes. Ahí tuvimos que unir cuatro o cinco pupitres con tirro y colchonetas para hacer camillas. La idea era resolver con lo que teníamos. La gente también nos ayudaba con medicamentos; yo hacía videos pidiendo los insumos, principalmente para tratar las convulsiones, y ahí nos llegaban, gracias a Dios. Y creo que ningún paciente se fue sin que le diéramos un abrazo y un beso", dijo Scheuat.

Ese abrazo que narra la doctora era quizás lo que algunos de los pacientes más necesitaban en un momento tan difícil en el que la compañía y el soporte también se vuelven medicina. Los integrantes de la misión médica, quienes planean regresar a las zonas afectadas en los próximos días, dijeron que los cuadros más comunes en las víctimas eran convulsiones, crisis asmáticas y politraumatismos generalizados.

Hoy, los médicos que comparten ese sentimiento de vocación y colaboración frente a la realidad de los afectados están ajustando sus vidas para poder aportar, desde sus años de formación, a un país que pide auxilio para atender a su población.