Con presupuestos que superan los 150 dólares por hijo entre útiles y uniformes, las madres venezolanas recurren a compras fraccionadas, créditos, reciclaje de cuadernos y trueque de libros para evitar que las aulas se queden vacías

La llegada de septiembre u octubre ya no se asocia en los hogares venezolanos con la emoción de estrenar cuadernos, sino con una preocupación financiera. Recorrer los pasillos de las librerías tradicionales en ciudades como Caracas, Maracaibo, Puerto Ordaz, Acarigua, Los Teques, Charallave, Barquisimeto, Cabudare, Maracay o Valencia se traduce hoy en frustración para miles de padres.

Esta realidad se hace evidente al ver a los representantes sacando cuentas con el teléfono celular, comparando precios y dejando de lado la mitad de los artículos porque el dinero no alcanza; un panorama que se repite en cada comercio. En estos establecimientos, el costo de una lista escolar básica para educación primaria —que incluye apenas seis o siete cuadernos, lápices, colores, pegamento y un bloc de dibujo— ronda los 30 dólares.

Sin embargo, cuando se adquiere la lista completa, la cifra se incrementa de forma alarmante. Los útiles requeridos para este nivel incluyen, en algunos casos, textos más costosos como el libro de caligrafía, uno de ortografía y un diccionario escolar, que suman por sí solos 67,55 dólares adicionales. A esto se suma que al añadir media resma de papel y otros materiales de papelería, el costo total se eleva a un rango de entre 108 y 133 dólares.

Pero el gasto no se detiene allí. El verdadero golpe al bolsillo llega al comprar los textos escolares obligatorios, las novelas de literatura, el morral y los uniformes. Un par de zapatos escolares y una camisa no bajan de los 30 dólares, incluso en mercados populares. En total, equipar a un solo estudiante para el nuevo año escolar requiere una inversión mínima de entre 150 y 200 dólares —comprando los artículos más económicos—, una cifra que contrasta con el ingreso mínimo integral de un empleado público o un trabajador formal que se ubica en 240 dólares.

Para los comerciantes, la temporada también ha cambiado de ritmo. Dueños de librerías señalan que las ventas masivas de listas completas en un solo día pasaron a la historia. 

«Las cosas están difíciles, ya no es como antes, que la gente venía y compraba todo nuevo. Ahorita reciclan hasta los útiles escolares. De repente usan un block de dibujo al que todavía le quedan hojas en blanco o guardan diccionarios, reglas y hasta colores de años anteriores», dijo la trabajadora de una papelería en Puerto Ordaz, estado Bolívar.

El ingenio en el hogar

Ante esta brecha económica, las madres se han visto obligadas a desarrollar estrategias que van mucho más allá de buscar ofertas. La más común es comprar la lista por parte. Las familias optan por comprar primero lo más elemental —como dos o tres libretas, lápiz y borrador— y dejar los textos o los materiales de uso periódico para más adelante.

Esa es una de las tácticas que aplica Patricia Montiel, quien tiene 3 hijos en edad escolar: dos en primaria y uno en bachillerato. Ella es madre soltera y su sueldo es de 200 dólares mensuales, que apenas le alcanzan para cubrir los gastos de la lista escolar de su hijo en secundaria. 

«No tengo idea de cómo voy a hacer. No he comprado nada ni he visto precios tampoco», dijo la marabina de 31 años en entrevista con El Pitazo a dos semanas del inicio del año escolar. 

Entre la lista de sus tres hijos debe adquirir 24 cuadernos, al menos una caja de lápices, tres cajas de creyones, borradores y sacapuntas. «Me tocará comprar lo más esencial, porque el dinero no alcanza. Después, en el camino, vamos viendo lo de las guías y los libros», explicó Montiel, quien resalta: «no tengo para comprarlo todo, porque no nos podemos quedar sin comida».

El caso de Montiel ilustra con crudeza la realidad de la educación media. Una lista de bachillerato estándar exige para algunos la compra de textos de materias fundamentales, cuyo gasto puede sobrepasar los 100 dólares.

Al sumar el uniforme de secundaria —incluyendo la bata de laboratorio—, la inversión total supera el sueldo mensual de Patricia. Este ingreso es inferior a la Canasta Alimentaria Familiar que en julio se ubicó en 727,89 dólares según el Cendas-FVM.

Su estrategia la comparte Magdalena Rondón, una habitante de Puerto Ordaz. «Como ya sé más o menos qué es lo que piden, llevo como tres quincenas comprando poco a poco algunas cosas. Todavía me falta gastar unos 30 dólares más para poder tener la lista completa de uno de mis hijos», dijo la administradora de 35 años, quien tiene tres hijos y dos están en primero y tercer grado de primaria. 

Magdalena es madre soltera y su salario promedio es de 250 dólares. «Todavía me falta comprar los monitos de hacer deporte. Eso es otra cosa, no solo son los útiles, sino también el uniforme», señaló.

Los costos de la educación inicial también representan un reto para las familias. Y es que listas de útiles de preescolar son largas y minuciosas. Solo en materiales de papelería y manualidades se requieren entre 78 y 152 dólares por niño, abarcando desde cuadernos pequeños, témperas, pintadedos y plastilina hasta resmas de papel, silicón líquido, papel contac, cuentos de tapa dura y juegos didácticos, entre otros. 

«Las listas de los niveles iniciales pueden incluir hasta 40 artículos, solo de papelería, a los que se suman, en algunos casos, hasta siete libros con precios de 4 a 30 dólares, además de productos de higiene personal», dijo una madre consultada.

Reciclaje e intercambio 

El reciclaje de útiles, que en años anteriores era una medida discreta, hoy se muestra sin problemas. Ingrid Colmenares, habitante de Charallave, en Miranda, y madre de tres estudiantes de primaria y bachillerato, explica que comprar todo el material nuevo implicaría dejar de adquirir alimentos básicos para su hogar durante un trimestre completo. 

Ante esta realidad, su estrategia comenzó con una revisión en casa. «Lo primero que hice fue revisar los morrales viejos. Agarré los cuadernos del año pasado que quedaron a la mitad, les arranqué las hojas usadas con cuidado, limpié las portadas y armé libretas ‘nuevas’. Con los creyones hice lo mismo: reuní todos los pedazos, les saqué punta y armé dos cartucheras completas».

Otra alternativa común ha sido el intercambio de textos escolares y novelas de literatura. Los grupos de WhatsApp de los colegios, las páginas de Facebook vecinales y las plazas públicas se transforman durante estas semanas en centros de trueque.

A la hija de Dinorah Contreras le incluyeron en la lista escolar novelas como Doña Bárbara y El Quijote, además del poema épico La Ilíada. Para evitar el gasto, publicó una historia en su estado de WhatsApp. En el mensaje pedía las obras literarias prestadas; la respuesta de sus contactos fue inmediata y así logró resolver esa parte de los útiles. 

Comprar lo que se pueda

Wendy Forghieri es madre de dos adolescentes que estudian en un colegio privado de Acarigua, estado Portuguesa. Durante los últimos tres años, había viajado hasta Cúcuta, Colombia, para adquirir parte de los uniformes y útiles escolares, ante el regreso a clases. Ella asegura que allí consigue precios más bajos que en Venezuela.

«Llevaba como tres años comprando en Cúcuta. Sale mil veces más económico. Este año, sin embargo, no pude viajar por dificultades de movilización», expresó.

Wendy optó por ir hasta Barquisimeto, estado Lara, para conseguir los uniformes y mejores opciones entre precio y calidad. «Gasté entre 200 y 250 dólares solo en dos chemises y un pantalón para cada uno. Fui buscando calidad, pero también pensando que allá encontraría precios más económicos», comentó.


Me tocará comprar lo más esencial: cuadernos, lápices, papel bond, creyones, porque el dinero no alcanza. Después, en el camino, vamos viendo lo de las guías y los libros

Patricia Montiel, representante

Padres consultados en Los Teques, estado Miranda, coincidieron en que la lista escolar es lo último que compran en el marco del nuevo año escolar. En julio y agosto se dedicaron a pagar las deudas de mensualidades pendientes en colegios privados. En septiembre, la prioridad será cancelar la inscripción ($255), luego la compra del uniforme y por último la lista escolar. 

Los representantes coinciden en que el gasto inicial de la lista es apenas el comienzo. Según comentaron, durante todo el año escolar deben comprar materiales extra que piden las maestras para las carteleras y actos de Navidad, Carnaval o Semana Santa, además de las cuotas fijas para las convivencias y los compartir en el aula.

El crédito como opción   

Las ferias escolares que se instalan en puntos como el centro de Caracas ya no son la solución definitiva. Según los representantes consultados, estos espacios ofrecen la misma mercancía y a precios similares a los de los comercios tradicionales.

Por eso, la alternativa es recurrir al crédito. «Muchos usamos plataformas como Cashea para comprar la lista y uniformes, ya que de otra manera sería imposible», relató una de las madres encuestadas.

Esta estrategia la comparte Ángela Azuaje, madre de un niño que cursará primer grado en el municipio Libertador de Caracas. Desde una tienda del centro, explicó cómo administra el financiamiento para estirar su presupuesto. 


Las cosas están difíciles, ya no es como antes, que la gente venía y compraba todo nuevo. Ahorita reciclan hasta los útiles escolares. De repente usan un block de dibujo al que todavía le quedan hojas en blanco o guardan diccionarios, reglas y hasta colores de años anteriores

Trabajadora de una papelería en Puerto Ordaz, estado Bolívar

«Yo estoy usando Cashea y con eso pienso comprar todo lo que consiga en esta tienda. Aquí no venden libros, ni el bolso que quiero comprarle, pero me llevo lo que pueda y luego busco otra tienda donde pueda pagar igual», señaló.

Para finales de agosto, las ofertas en las tiendas por departamento dominan el mercado en el estado Lara, impulsadas además por estas opciones de financiamiento a través de aplicaciones de pago fraccionado. Un trabajador del centro comercial Traki, ubicado en Cabudare, estado Lara, confirmó que las ventas de uniformes de bachillerato han incrementado en este periodo.

Las camisas oscilan entre 2,5 y 6 dólares, las faldas o pantalones escolares rondan los 10 dólares, y los zapatos se ubican en 25 dólares. En total, las familias deben destinar entre 50 y 100 dólares por cada niño para cubrir los uniformes del reinicio a clases, mientras que los cuadernos tienen costos desde un dólar en marcas genéricas.


Lo primero que hice este año fue revisar los morrales viejos. Agarré los cuadernos del año pasado que quedaron a la mitad, les arranqué las hojas usadas con cuidado, limpié las portadas y armé libretas nuevas

Ingrid Colmenares, representante

Para Luz Marina Vargas, residente del municipio Palavecino, el panorama es complejo. Al ser madre soltera de un niño de dos años y una adolescente de 15 años que cursará cuarto año, los gastos representan un gran desafío.

Vargas aún no ha comprado los útiles y señaló a El Pitazo, el 27 de agosto, que su hija mayor solo necesita comprar cuadernos, ya que utiliza el teléfono celular para realizar sus deberes. Sin embargo, debe colaborar con insumos básicos para el aula, como borradores y tizas para el pizarrón.

Marbelin Camacaro, habitante de Carora, en el municipio Torres, vive otra realidad. Ella ni siquiera ha evaluado la posibilidad de hacer las compras debido a sus bajos recursos. 

Como madre de tres estudiantes hijos explica que la situación es cuesta arriba. Su único alivio es que la escuela es flexible con la vestimenta en las aulas, lo que alivia un poco la carga familiar.

Los escenarios presentados revelan que, entre cuadernos viejos remendados, compras fraccionadas, búsqueda de ofertas y trueques de novelas por WhatsApp, las familias resuelven las primeras semanas como pueden e intentan mantener en sus hijos la ilusión del regreso a clases. Un común denominador es que están conscientes de que el verdadero gasto no termina con el inicio de las actividades, sino que se pagará mes a mes durante todo el año.