«Esta situación me está desquiciando»: el testimonio de una maestra ante los apagones

El colapso eléctrico en el interior de Venezuela se ensaña contra las familias vulnerables. Entre el desgaste físico por pasar las noches en vela y el miedo a la persecución política, los ciudadanos sobreviven a un racionamiento que destruye salarios, rutinas y salud mental. Lo dice una madre venezolana, maestra de profesión, mientras mira cómo padece su hijo autista

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«Esta situación ya me está desquiciando». La frase rueda por las redes sociales en un video grabado a oscuras. Lo dice Maykharen Meza, una madre venezolana, maestra de profesión, mientras mira a su hijo que es autista. Para un joven con esta condición, que se vaya la luz significa que se rompe su rutina. El calor, la oscuridad y no entender qué pasa terminan provocando crisis difíciles de controlar en medio de la penumbra.

En el video, con la voz quebrada por la impotencia, Maykharen cuestiona la desigualdad con la que el Estado administra el racionamiento eléctrico frente a la capital del país. «No entiendo por qué en Caracas no la quitan, porque allá la gente sí se va a arrechar y va a salir a la calle. No entiendo, no entendemos por qué se está yendo tanto a la luz. ¿Cuántas horas más vamos a estar sin luz? », se pregunta desesperada la educadora en el registro audiovisual.

Al descontento por el colapso de los servicios públicos se le suma la crisis económica. Como docente del sector público, percibe un sueldo que no cubre la canasta básica. Hasta hace un tiempo, el Estado le otorgaba un subsidio para paliar los gastos médicos de su hijo, una ayuda que ya era insuficiente pero que terminó por desaparecer de sus cuentas.

«Antes te daban un bono de 3 dólares por tener un tener un hijo con discapacidad y ya me lo quitaron. ¿Hasta cuándo esto? ya me está desquiciando», reiteró la maestra, residente del estado Aragua.

El desahogo viene acompañado de un terror latente. En la Venezuela actual, denunciar las fallas de la infraestructura pública o criticar la gestión estatal en plataformas digitales se ha convertido en un motivo de persecución penal bajo figuras como la Ley contra el Odio. La propia maestra lo reconoce en la grabación, consciente de que sus palabras podrían costarle la libertad o el trabajo.

«A uno le da miedo mandar estos mensajes por redes sociales porque entonces te tocan a puerta y te hacen operación tun tun y te llevan preso. Que peo, ya uno está obstinado en esta vaina y, entonces, mando este mensaje con riesgo de que me boten porque yo soy maestra».

El eco del desgaste

Este reclamo es el eco de una crisis que se ensaña con quienes viven en el interior de Venezuela. Mientras los centros de poder en Caracas se mantienen relativamente a salvo del colapso para contener el descontento social, en estados como Carabobo, Aragua, Monagas, Guárico, Barinas, Zulia y Portuguesa, el racionamiento eléctrico es implacable con apagones que se extienden a doble tanda hasta por 18 horas.

Al drama del cuidado especial que denuncia la maestra se suma el desgaste físico e insomnio de millones de trabajadores. En Valencia, estado Carabobo, Carmen López vive otra faceta de la misma pesadilla. Su rutina se ha quebrado por los cortes que no dan tregua ni para el descanso mínimo.

«Esto es terrible, ya no tenemos vida. Pasamos sin luz desde las diez de la mañana hasta las cuatro de la tarde, y en la madrugada otra vez nos quedamos sin luz. Es un problema para llevar a los niños al colegio porque el calor no los dejó dormir y ni siquiera les puedo preparar el desayuno porque mi cocina es eléctrica. Así no se puede vivir, es un desgaste todos los días», reclamó Elena Mendoza, vecina del oeste de la ciudad.

La crisis va para largo

Mientras la gente protesta en las calles, la respuesta oficial confirma que la crisis va para largo. El presidente de Corpoelec, Juan Crisóstomo Fernández, admitió este miércoles que la empresa estatal no tiene capacidad inmediata para cubrir la demanda de electricidad del país, que ya llegó a los 16.424 megavatios.

Fernández reconoció que lograr el equilibrio entre la electricidad que se genera y la que se consume va a tomar tiempo. Su justificación es que los repuestos para arreglar las máquinas de generación dependen del mercado internacional y las entregas tardan más de un año. El ingeniero evitó dar una fecha o un plazo estimado para reducir los racionamientos que hoy sufren millones de hogares venezolanos.

Sobre la falta de un cronograma oficial para que la gente sepa cuándo le van a quitar la luz, el jefe de Corpoelec explicó que es imposible cumplirlo. Según el funcionario, aunque cada mañana calculan los megavatios necesarios para el día, las fallas imprevistas que ocurren a cada rato terminan rompiendo cualquier planificación.

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