Las rupturas dentro del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), desde su creación por Hugo Chávez en el año 2007, ha tenido rupturas; quizá la más notoria desde la muerte del fallecido líder del partido de esa organización política en el año 2013.
A partir de allí, aunque de forma implícita, se produjo una división entre la línea que le correspondió tomar como sucesor al entonces presidente Nicolás Maduro y el ala militar a la que Chávez le dio mucho poder dado su origen y formación en los cuarteles venezolanos.
Para el analista político y director de la firma Poder y Estrategia, Ricardo Ríos, estas divisiones siempre han estado presentes en una organización que lleva administrando el poder en el país desde el año 1999.
La diferencia que se ha producido ahora, desde la captura de Maduro y Cilia Flores el pasado 3 de enero por fuerzas estadounidenses y el tutelaje de ese país sobre Venezuela y en especial sobre los hermanos Rodríguez la hace distinta a las anteriores.
Varias cosas ocurren, explica Ríos; una de ellas es que Delcy Rodríguez y Jorge Rodríguez no reinvidican ese legado histórico del chavismo y por el contrario lo define como «un oficialismo no chavista» que va desde la narrativa empleada en su gestión el uso de colores que eran distintivos dentro de la organización política.
Allí surgen los roces con el que se conoce como el chavismo originario, muy dogmático y en contraposición al tutelaje estadounidense, que ha forzado desde el pasado 6 de agosto a sentar en una mesa a diputados del PSUV y una ministra de Delcy Rodríguez con un grupo de exdiputados de la Asamblea Nacional de 2015 para iniciar un diálogo que conduzca a cambios en el país.
El diálogo, el detonante para las divisiones
Precisamente ha sido este último proceso una especie de detonante para que voces del chavismo, aunque no sean influyentes dentro del PSUV, expresen su descontento con esas conversaciones. Días antes de que comenzara, el 24 de julio hubo una manifestación en la Plaza Bolívar de Caracas, donde voces como la de Iris Varela, exministra de prisiones de Chávez y ahora diputada, haya calificado ese diálogo como «una farsa».
Fue más allá al pedir que esos representantes de la oposición «que ejercieron gobiernos paralelos» respondan ante la justicia, en alusión al interinato de Juan Guaidó (2019-2023) y el mantenimiento del Parlamento de mayoría opositora, una instancia aún reconocida por Estados Unidos como la última legítima en el país, pese a que cesó funciones en el año 2021.

“Yo lo único que espero es que todo el que ha montado gobiernos paralelos, instituciones paralelas, que ha violado la Constitución y nuestras leyes, no quede impune", aseguró Varela, en un acto en el que pidieron el fin del tutelaje estadounidense.
Quiénes desde el PSUV critican al chavismo y por qué
Otras voces también han surgido a propósito de ese proceso. Una de ellas Francisco Arias Cárdenas, uno de los cuatro comandantes del 4 de febrero de 1992 y fundador del germen de lo que años más tarde fue el Psuv, el MBR-200.
Aunque se distanció del chavismo en el año 2000 cuando fue candidato presidencial para enfrentarse a Chávez, volvió al redil en el año 2006 y se ha mantenido dentro de él, pese a que ha sido crítico desde la Asamblea Nacional Constituyente de 2017.
Ahora sale a la palestra, sin cargos en la administración pública desde su salida como embajador en México y sin responsabilidades dentro de la estructura partidista del PSUV.
No sólo ha pedido una mayor consulta a las bases para el proceso del diálogo del lado del chavismo sino que ha cuestionado por qué los militares venezolanos no hicieron mayor oposición a la intervención estadounidense que sacó a Maduro del poder, lo extrajo de Venezuela y lo encarceló en una prisión de máxima seguridad en Nueva York.
Este 12 de agosto insistió en que se debe convocar al congreso fundacional del PSUV para discutir lo que ocurre en el país desde captura del entonces líder del chavismo.
Dos días antes cuestionó que mientras se cumplían las demoliciones de edificios en alto riesgo después del doble terremoto que asoló La Guaira y partes de Caracas, no se dio esa misma orden a la Fuerza Armada el pasado 3 de enero. «Teníamos con qué. En nuestra FANB, hace siete meses y siete días, esa orden de fuego debió darse a los fusileros de la milicia, no ocurrió. Debió darse al sistema de armas ruso antiaéreo… No ocurrió», posteó.
Todo este escenario, según el analistica político Ríos, evidencia que dentro del chavismo existe una especie de corrientes identificadas por Poder y Estrategia en sus estudios de opinión; una de ellas es la conocida como «chavista-madurista» que apoyaba a Maduro más por un fin clientelar; la chavista no madurista, ambas disminuidas como fuerzas, pero que entre ellas tenían un respaldo del 15 %.
Por ahora, ese chavismo-madurismo es el que apoya a los Rodríguez por las mismas razones clientelares, pero son menos debido a que no están en la capacidad de administrar directamente los recursos del Estado, lo cual los hace más débiles en el reparto de beneficios.
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Una ruptura ideológica
«Aunque el PSUV es un partido de masas que está muy disminuido en cuanto a niveles de apoyo, la cúpula presenta una ruptura ideológica con un sector que es bastante dogmático que no está dispuesto a transigir con el pragmatismo de los Rodríguez, eso es una brecha que es insalvable en esta ocasión».
Otra voz crítica en los últimos meses ha sido la de Mario Silva, a quien con los cambios impulsados por Delcy Rodríguez en el Ejecutivo, lo sacaron de sus espacios en Venezolana de Televisión. Desde entonces ha señalado sus diferencias con la actual situación del país, denunciado que lo siguen a él y miembros de su equipo, pero este 11 de agosto fue más allá.

En su espacio en Youtube, una de las voces que más cuestionó a la oposición en la década pasada cuando era la voz principal con su programa La Hojilla, ahora arremete contra sus antiguos aliados.
«Aquí hay una dictadura, pero es que la dictadura no es solamente Donald Trump, la dictadura está de quien la instala, de quien está aquí, o es que Pinochet era dictador porque él se instaló solo, no lo instalaron, lo instaló Estados Unidos», dijo la noche del 11 de agosto sobre Delcy Rodríguez.
Ríos ve en estas expresiones que ahora no solo es el chavismo originario dogmático el que habla, también las bases expresan su descontento y esta dispersión, si se producen cambios reales en el país que signifiquen la convocatoria de un proceso electoral con garantías y participación de todos los sectores, tendrá consecuencias para el chavismo en una eventual elección donde los disidentes vayan con un candidato propio.
Silva habló del proceso de diálogo, del que dijo solo se está haciendo para negociar la salida de quienes están en Miraflores «a espaldas del pueblo».
Otros han sido el exvicepresidente y excanciller, Elías Jaua, que se sumó a una posición pública ante el diálogo que se denominó «Declaración de Maracay», en la que 29 dirigentes del chavismo rechazaron la presencia de Estados Unidos en el país y sea el que lidere esas conversaciones.
Pese a esto, la estructura partidista sigue en control de Diosdado Cabello, que en última instancia dirige la organización política casi que desde su fundación, por lo que avala el diálogo y defiende «la solvencia» moral de los chavistas allí sentados en nombre de Delcy Rodríguez.


