La líder opositora venezolana María Corina Machado finalmente volvió al país este domingo 24 de octubre, un retorno que se esperaba en las últimas semanas después de que dos de sus principales asesores regresaron en septiembre.
Desde que salió de Venezuela en diciembre de 2025 para asistir a los actos por el Premio Nobel de la Paz que le otorgó el Comité Noruego de este galardón el año pasado, Machado comenzó una gira por Europa, Estados Unidos, algunos países de América Latina y finalmente se instaló por un tiempo en territorio norteamericano.
Pero el 3 de enero cambió la política venezolana. Lo que en las primeras horas de la madrugada era una alegría contenida por la captura de Nicolás Maduro y Cilia Flores, tras una incursión relámpago de militares estadounidenses sobre Caracas, con las horas se convirtió en un trago amargo para la dirigente y sus seguidores. Desde su residencial oficial en Florida, Donald Trump respaldó a Delcy Rodríguez, la vicepresidenta ejecutiva del depuesto líder chavista y desplazó a María Corina Machado, al descalificar en sus primeras declaraciones el papel que podía desempeñar para una transición en esos primeros meses.
María Corina Machado llega a Caracas: «Cuánto necesitaba estar aquí, con ustedes»
Entonces vino el plan de tres fases del Departamento de Estado (estabilización, recuperación y transición) en el que su rol se iba desdibujando por las acciones de la Casa Blanca en su estrecha relación con los hermanos Rodríguez que comenzaron cambios legislativos destinados a la apertura del capital privado en sectores estratégicos (petróleo, gas y electricidad).
Con la instalación de una mesa de diálogo en agosto pasado, tras un intento que a mediados de junio se postergó por la emergencia del doble terremoto del 24 de junio, Estados Unidos volvió a apostar por otros actores para que fuesen la contraparte del chavismo: optó por la presidenta de la Asamblea Nacional de 2015, Dinorah Figuera, y los exlegisladores que componían la comisión delegada de ese Parlamento, el último reconocido como democrático por la administración estadounidense desde el primer gobierno de Donald Trump.
Qué le espera Machado tras volver al país
Ahora, su regreso marca un nuevo momento dentro de la dinámica venezolana en este 2026. Para algunos analistas consultados por El Pitazo, que ella esté en Venezuela inicia la «normalización de la vida política» como lo califica Ricardo Sucre Heredia, o el verdadero inicio de una transición política como lo aseguró Enderson Sequera.
Desde su equipo asesor internacional aseguraron que ella vendrá para garantizar una «transición segura, estable y pacífica«, un mensaje que busca aplacar cual ‘duda sobre si el retorno supondrá una amenaza a la tan anhelada estabilización que ha buscado Estados Unidos en su relación con el chavismo, bajo un tutelaje que comenzó con la captura de Maduro y que se extendió a los factores democráticos con la decisión de escoger a la AN de 2015 para la mesa de diálogo.
El analista senior de Crisis Group para la región andina, Phil Gunson, afirmó que Machado tendrá varios retos tras volver. Su recorrido desde Barquisimeto hasta Caracas, que se prolongó por unas siete horas en una caravana en la que recorrió Carabobo, Aragua y zonas de Miranda, apenas es el comienzo de lo que será su rol dentro de la actual realidad política del país.
Aunque dijo que el chavismo no la tendrá fácil porque no podrá reprimir a la líder opositora o perseguir a sus seguidores o colaboradores como lo hizo con fiereza en el pasado, agregó que Machado tampoco llegó a un lecho de rosas.
«Tiene que tratar de recrear el gran movimiento en torno a ella que pudo armar en el 2024, pero en un momento en que no hay fecha electoral«, explicó a El Pitazo poco antes de que la dirigente pisara Caracas.
Aseguró que otro de sus retos será que al empujar la campaña «elecciones ya» significará un encontronazo con la Casa Blanca imbuida en este momento en el trabajo de la mesa de diálogo, más pausado y con fechas más a mediano plazo que lo que quiere la líder opositora.
Dijo que esta demanda de fecha electoral «difícilmente sirva para un contexto de ‘transición política’, por más incipiente que sea. El talón de Aquiles de María Corina Machado es su estilo confrontacional y su renuencia a aceptar los medios términos. Una transición es un proceso, no un evento, y para que funcione hay que construir alianzas, hasta con los enemigos políticos», explicó Gunson.
Desde que se llegó al Manifiesto de Panamá, en mayo pasado, la misma líder opositora, los partidos de la Plataforma Unitaria Democrática y otras organizaciones políticas y sociales depositaron en Machado la interlocución con Miraflores, algo que Estados Unidos desechó cuando eligió a Dinorah Figuera, quien lleva adelante este proceso del lado de los adversarios políticos del chavismo.
El chavismo y Estados Unidos enfrentan sus propios retos
Mientras que la actual administración en el poder también se enfrenta a otros dilemas. Uno de ellos, según Gunson, es cuál es el alcance o poder que puedan mantener los grupos dentro del régimen que se resisten a un cambio político tras permanecer 27 años en el poder.
Esto a su vez supone para Estados Unidos demostrar que han podido doblegar esas amenazas dentro del chavismo en estos 10 meses que han transcurrido desde la captura de Maduro y Flores; es decir, que deben depositar parte de ese trabajo en el llamado Rodrigato.
«Si ya no constituten una gran amenaza, el problema de los Rodríguez se limita principalmente a asegurar su propio futuro. Si no es el caso, habrá que ver cómo se desactiva esa bomba de tiempo», advirtió.
Pero todo está por verse y los primeros días desde que Machado pisó Venezuela definirán que pasará en el país durante lo que resta de 2026 y cómo se compaginan los intereses del tutelaje estadounidense con el aparato represivo aún vivo del chavismo, los intentos de supervivencia política de la actual dirigencia chavista y cómo la líder opositora podrá presionar para que se defina esa fecha o servir de puente para que comience la transición como su equipo lo dijo más temprano: pacífica, estable y segura. Aunque todo está por verse.



