«En la cárcel sentía que estaba muerto»: el calvario y el renacer del obispo Jylman Red Jurado

Después de pasar más de cinco años tras las rejas por presentar un proyecto educativo sobre valores democráticos, el líder de la Iglesia Anglicana en Venezuela Jylman Red Jurado relata a El Pitazo las torturas que sufrió, la pérdida de su familia en cautiverio y su actual recorrido por el país a bordo del “Autobús de la Libertad" exigiendo la liberación de todos los presos políticos, el respeto a la dignidad humana y el fortalecimiento de los Valores, Principios y Garantías Constitucionales. 

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Cinco años y quince días. Ese fue el tiempo exacto que el obispo Jylman Red Jurado, líder de la Iglesia Anglicana en Venezuela y doctor en Derecho Constitucional y Derecho Internacional Público, pasó tras las rejas. Su detención ocurrió el 30 de julio de 2021, luego de cometer lo que las autoridades consideraron un delito imperdonable: presentar ante la Dirección General de Justicia e Instituciones Religiosas y Culto un proyecto académico de liderazgo e innovación comunicativa en valores democrática dirigido a jóvenes venezolanos.

«Me dijeron: usted es un traidor a la patria y un conspirador. Yo me quedé y guardé silencio», relata el obispo a El Pitazo, al recordar el momento en que su propuesta educativa fue catalogada como un ataque directo a las políticas del entonces presidente Nicolás Maduro.

A partir de ese instante, fue imputado por traición a la patria, conspiración, asociación para delinquir y terrorismo. Su realidad se transformó en un recorrido por cinco centros de reclusión: el Centro de Formación Hombre Nuevo Simón Bolívar, el Rodeo III, Fuerte Militar Guaicaipuro, Yare III, la antigua Cárcel La Planta y finalmente, el Rodeo II, de donde fue excarcelado el pasado 14 de agosto.

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La marca del cautiverio

Dentro de los calabozos, Red Jurado vivió en carne propia la violencia extrema. Informes médicos y exámenes forenses del Ministerio Público y del propio Ministerio de Asuntos Penitenciarios sustentan lo que describe como un intento sistemático por quebrar su integridad. 

«Hubo descargas eléctricas en los testículos. Fueron momentos en que le pedí mucho a Dios fortaleza. Decían que yo era un agente de la CIA». Sus compañeros de celda compartieron el mismo destino; muchos de ellos, según relata, terminaron perdiendo la vida.

A la violencia física se sumó la tortura psicológica y el aislamiento. Durante su reclusión, el obispo sufrió un infarto. En otra ocasión, pasó dos años y medio evacuando y orinando sangre debido a una hemorragia digestiva superior severa sin recibir atención oportuna.

Mientras permanecía bajo castigo en una celda en solitario por haberle exigido al director del penal que lo trasladara a un hospital, su madre falleció afuera. Poco después, su abuela murió de un infarto al enterarse del deceso de su hija.

«Fueron los momentos más duros en cautiverio», confiesa. «Ellas me enseñaron el amor y el respeto a Dios y que las cosas se hacen con amor y convicción». A pesar del dolor, el religioso asegura que hoy bendice a cada uno de los funcionarios que lo mantuvieron privado de su libertad.

Frente al acoso a periodistas, la censura y los laboratorios de noticias falsas instalados para manipular a los ciudadanos, Red Jurado mantiene
una postura firme en defensa de la información real l Foto: Carlos Suniaga

El laberinto judicial

Como abogado constitucionalidad e internacionalista, Red Jurado analiza el sistema que lo encerró. Asegura que en Venezuela el estado de derecho no existe y que las leyes son «letra muerta». Explica que, si en el país se respetara el debido proceso, la tutela judicial efectiva y el principio de presunción de inocencia, «las cárceles estarían vacías».

El obispo denuncia la existencia de expedientes completamente simulados bajo falsos supuestos de hechos punibles y una práctica común dentro de las prisiones: la extorsión procesal para forzar confesiones falsas.

«Lo más triste es que te dicen: asuma, si no, usted no se va a ir. Asuma y le bajan la pena. Muchos compañeros asumieron delitos que no habían cometido porque la libertad es algo preciado. Les bajaban la pena a cinco años en lugar de los 30 a los que eran sentenciados».

Asimismo, advierte que en la cárcel de El Rodeo II todavía permanecen personas detenidas que ya cuentan con boletas de excarcelación emitidas.

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El renacer y el Autobús de la Libertad

El obispo afirma que «dentro de la cárcel sentía que estaba muerto y Dios logró que resucitara al salir en libertad».

Tras su excarcelación, la resiliencia le ha permitido volver a disfrutar de los detalles más simples, como reencontrarse con sus hermanos o tomarse un vaso con agua. Sin embargo, su experiencia dejó una promesa clara: «No descansaré hasta que todos mis hermanos sean libres y se reencuentren con sus seres amados.».

Hoy, el obispo no se queda de manos cruzadas. Junto a un grupo de al menos 30 personas excarceladas y dos servidores religiosos, recorre las carreteras del país a bordo del denominado “Autobús de la Libertad". El objetivo del viaje es llevar un mensaje espiritual de fe, resiliencia y esperanza enfocado en la restauración democrática, la liberación de los todos los presos políticos, el respeto a la dignidad humana y los valores, así como los principios y garantías constitucionales instaurándose una cultura de paz. 

Desde esta plataforma itinerante, Red Jurado también ha fijado una postura firme frente a la crisis ética de la información, denunciando el acoso judicial, la censura y la proliferación de «laboratorios» dedicados a fabricar noticias falsas para manipular a las comunidades.

Su mensaje final es un llamado directo a las autoridades para garantizar la seguridad de la prensa, y un espaldarazo a los comunicadores que persiguen la verdad en contextos adversos. «No están solos en esta labor; la Iglesia y los defensores de los derechos humanos caminan a su lado. No permitamos que la mentira dicte nuestro rumbo ni que el miedo apague las voces que claman justicia».

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