Por: Jesús Noel Hermoso Fernández
Cientos de personas se agruparon frente al monumento de la Plaza del Comandante Eterno Hugo Chávez Frías, en la avenida Chema Saher de la ciudad de Coro, en protesta contra las cifras oficiales que horas antes había emitido el Consejo Nacional Electoral (CNE). Gritos y consignas en dirección hacia la figura de piedra, espetaban con la voz todas las rabias acumuladas. Acababan de suceder las Elecciones Presidenciales en Venezuela. Iniciaba la tarde del lunes, 29 de julio de 2024.
Durante la madrugada, el presidente del organismo electoral, Elvis Amoroso, había declarado a medios de comunicación que, “con el 80% de las mesas escrutadas y con un nivel de participación electoral del 59%", los resultados eran favorables al mandatario Nicolás Maduro, con 5.150.092 votos (51.1%); y desventajosos para el candidato opositor Edmundo González Urrutia, con 4.445.978 votos (44.2%). “El primer boletín marca una tendencia contundente e irreversible», añadió.
Venezuela quedó insomne. Las redes sociales eran un hervidero. La ira se abría paso digitalmente pese a la amplia censura aplicada por el Gobierno a servicios y portales en internet. De acuerdo con los representantes de la oposición agrupados en el Comando Con Venezuela, las cifras emitidas por el CNE eran falsas. Entonces, la idea del derrocamiento de la estatua del expresidente venezolano tomó forma durante esas horas.
A 445 kilómetros de Caracas, la capital del estado Falcón le abrió paso, sin convocatoria ni dirigentes conocidos, a la furia popular. “Fue una cosa totalmente espontánea, de nosotros mismos. Ya sabíamos lo que venía. No imaginamos que el fraude iba a ser tan descarado, pero nos activamos de esa manera", cuenta Luis (nombre ficticio para su protección), en una llamada segura que hicimos desde el Comité por la Libertad de los Luchadores Sociales y Presos Políticos. En esa comunicación describió cómo ayudó a tumbar a la enorme figura de yeso y vigas en Coro. Por ese crimen fue encarcelado Diovanny Romero durante casi un año, en una de las cárceles más violentas del país.
“Lo de la estatua era algo que ya se venía comentando en un grupo de WhatsApp que formamos. Estábamos claros de que el Gobierno no iba a aceptar los resultados y que la pelea tenía que ser en la calle. Así que se coordinó, creamos el grupo y quedamos de acuerdo en ir al día siguiente, alrededor del mediodía, a la plaza, con el fin de tumbar esa estatua como forma de protesta", revela con la voz erizada por lograr, por fin, contar su versión.
Pero la cólera no fue exclusiva del estado occidental. De acuerdo con un reporte de BBC Mundo se destruyeron distintas esculturas en al menos siete estados de Venezuela. Aragua, Bolívar, Carabobo, Guárico, La Guaira, Mérida y en Falcón, que fue el estado pionero en tumbar un monumento del mandatario fallecido. Luis y decenas de jóvenes fueron los protagonistas.
Ese día se cifró en 187 las protestas en 20 de los 23 estados, según la organización Observatorio Venezolano de Conflictividad Social (OVCS). La bitácora de la ONG también identificó el derribo de otras obras en honor al expresidente, quien gobernó desde 1999 hasta su muerte, anunciada por Nicolás Maduro en marzo de 2013. Todas las piezas derruidas por los manifestantes alcanzaron el escrutinio público y masivo de las redes sociales.
Luis sintió que había iniciado algo importante junto a sus compañeros. Pero su orgullo no identificó, hasta ese momento, que también había comenzado una tragedia. Diovanny Romero, a quien millones de venezolanos han venerado (y también rechazado) como “el chamo que tumbó la estatua de Chávez en Falcón", fue acusado, herido, capturado, torturado, enjuiciado y encarcelado por ser supuestamente el autor material del derribo de aquella efigie, repudiada tanto en esos días.
Sin homenajes
En un video fechado el 3 de agosto de 2008 y difundido en X (antiguo Twitter), aparece el presidente Hugo Chávez hablando. “Les ruego que mi nombre no se lo pongan a nada». Sus palabras se inmortalizaron durante el programa ¡Aló, Presidente! N°316. «No, no, no. Nada de calle Hugo Chávez, nada de puente Hugo Chávez. ¡No, por el amor de Dios, eso empava (trae mala suerte). Hay que ponerle (a esas obras) los nombres de los próceres", agregó, en un tono que parecía sincero.
Sin embargo, un reportaje realizado por el diario chileno Emol el 1 de agosto de 2024 y titulado “Objetivo Chávez: Cómo la veintena de estatuas del líder bolivariano se han convertido en símbolo del malestar», reunió los testimonios de académicos e historiadores que cifraron en 24 -una por estado- el aproximado de monumentos homenaje al militar. Las figuras destruidas durante las protestas contra los resultados del CNE, fueron siete, todas identificadas por la plataforma periodística Connectas, que realizó un mapeo de los derribos a través de la geolocalización, redes sociales y verificación de testimonios.
Cuando Luis llegó al lugar de la protesta, cerca de las 3:30 de la tarde, la Guardia Nacional Bolivariana (GNB) había comenzado a lanzar bombas lacrimógenas para dispersar la manifestación. “Mucha gente se estaba retirando porque había niños y adultos mayores que habían asistido a lo que inicialmente era una protesta pacífica. Pero justo en el momento en que yo iba llegando, los jóvenes se alzaron contra los guardias, empezaron a defenderse lanzándoles piedras y los guardias salieron corriendo".
Tras aquella penosa retirada, los efectivos de seguridad convocaron refuerzos para retomar el control del lugar. Se sumaron miembros de la policía regional y más funcionarios de la GNB y, cuando se dispusieron a asaltar nuevamente la plaza, ya cerca de las 4 de la tarde, se desató la ira colectiva.
“Aquello fue una escena impresionante. No sé si usted ha visto la película Avengers: Endgame. Llegó un montón de motorizados de nuestro lado y toda la GNB salió corriendo. Toda la calle se llenó por completo de motorizados. Fue un mar de motos como yo nunca había vivido; un oleaje de motorizados. En ese momento en que se tomó el control de la plaza, se concretó la idea de tumbar la estatua". La emoción con la que Luis describe el episodio, evoca el rostro de un adolescente practicando un deporte de alto riesgo en el que puede morir.
De hecho, al ceder el sol, las organizaciones de DDHH comenzaron a publicar las cifras de heridos y fallecidos durante la represión de las manifestaciones en varios estados. Según Monitor de Víctimas, del medio digital Runrunes, el día siguiente a las elecciones presidenciales hubo 17 asesinatos en cinco estados durante las protestas. Al menos 6 muertes fueron cometidas por grupos paramilitares progobierno, 8 por militares y 2 por policías. También se reportaron decenas de heridos.
Nace un ídolo
Cuando la gente retomó el control sobre la plaza, el grupo de amigos en el que estaba Luis buscó arduamente una cuerda. “También estábamos cuadrando para que llegara un camión, porque el plan inicial era jalarla con un vehículo. Pero al final se adelantaron otros muchachos de los que estaban ahí. Fueron varios los que participaron en el derribo".
Un grupo de personas se subió con mandarrias, palos y banderas a la escultura. La situación era delirante y desordenada. Luis sacó su teléfono Iphone y comenzó a grabar videos y a tomar fotografías. «¡No graben, no graben!» gritaban algunos, pero las redes sociales se inundaron de imágenes de la escena. Algunas de esas imágenes virales las difundió Luis. “En ese proceso, vi al chamo que sale en la foto (famosa)".
Al caer la estatua, la celebración exacerbada dio paso veloz a la precaución y los planes. La mayoría de los participantes se deshicieron de su ropa para no ser identificados. En los videos se ven al menos cinco personas subidas al monumento antes de ser derribado, pero ninguna, además de Diovanny Romero, fue detenida. La imagen de aquella estatua echada abajo trascendió, en video y fotografías, por millones de reproducciones en redes sociales y desató una emoción tan generalizada en la población que manifestaba, que se materializó en nuevas demoliciones en otros estados del país.
Luis recuerda que después de tumbar la figura, “prácticamente se acabó la concentración. Ya no quedaba nada más por hacer en la plaza. Entonces, el enorme grupo de motorizados se dirigió derechito a la sede del CNE y para allá arrancaron todos los muchachos del grupo, dejando la plaza con la estatua derribada y todo destruido".
Cuando comenzó a caer la tarde, el grupo se fue a pie hasta sus casas. La mayoría era de la zona. “Lo que hicimos fue resguardarnos porque la Guardia comenzó a patrullar, llevándose preso a todo el que vieran por ahí. Eliminamos el grupo de WhatsApp para evitar cualquier tipo de conversación incriminatoria, aunque nos seguíamos pasando información por otra vía (la aplicación Signal)". Luis eliminó también los registros fotográficos. Intentó rescatarlos de la nube para esta entrevista pero, lamentablemente, fue imposible.
A pocas horas, entrada la noche, los medios de comunicación transmitieron la imagen de un joven desaliñado y con el rostro inflamado por posibles golpes, señalado como el presunto responsable de haber tumbado la estatua de Hugo Chávez en la avenida Chema Saer. Era Diovanny Romero. “Al ver la foto, nos quedamos locos", revela Luis.
Esta es la primera parte de la crónica. Para leer el texto completo puede ingresar a este link que lleva al blog del Comité por la Libertad de los Luchadores Sociales y Presos Políticos.


