Quince días después del terremoto, el anhelo de recuperar a seres queridos mantiene en vilo a familias del Tahití y Oasis Beach

En el edificio Tahití, las labores de rescate se concentran en un niño de nueve años que, según su padre, continúa dando señales de vida. Mientras tanto, familiares de otras víctimas esperan que, una vez concluida esa búsqueda, puedan recuperar los cuerpos de quienes permanecen bajo las losas de concreto. En Oasis Beach, el hermetismo rodea un operativo que sigue activo.

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La Guaira. – Quince días después del doble terremoto que sacudió a Venezuela, el silencio que rodea los edificios colapsados sigue marcado por la espera. En las estructuras de Tahití, en Caraballeda, y Oasis Beach, en Playa Grande, familiares permanecen junto a los escombros con una misma esperanza: encontrar a quienes aún permanecen atrapados.

Si hace días la expectativa era hallar sobrevivientes, ahora muchos reconocen que un rescate con vida sería un milagro. Aun así, insisten en recuperar los cuerpos de sus seres queridos para poder despedirlos.

En ambos edificios las labores continúan, aunque a ritmos distintos y con escenarios diferentes. En Oasis Beach, donde permanece desaparecido el vicealmirante Gustavo Romero Matamoros, jefe de la Policía del estado La Guaira, los familiares prefieren guardar silencio. Quienes permanecen en los alrededores aseguran que cualquier declaración podría entorpecer el trabajo que todavía se desarrolla entre los restos de concreto.

En Tahití, en cambio, el drama tiene otro rostro. De acuerdo con familiares de quienes permanecen bajo los datos, la búsqueda se ha concentrado en Fabio Ignacio Bastardo Navarro, un niño de nueve años que, de acuerdo con su padre, sigue mostrando señales de vida detectadas mediante pruebas ultrasónicas.

Mientras ese operativo avanza, otras familias aguardan con resignación el momento en que puedan comenzar la recuperación de sus propios familiares.

Hasta este 9 de julio, en el edificio Tahití solo han recuperado un cuerpo sin vida, aunque familiares estiman que al menos 21 personas continúan bajo los escombros. También localizaron el cuerpo de una mujer abrazada a su hijo, pero ambos permanecen atrapados porque parte de la estructura de concreto les impide ser extraídos.

Francisco Bastardo, padre de Fabio, asegura que las labores han permitido identificar parte del apartamento donde creen que se encuentra el niño. Afirma que la última señal se detectó a las 4:00 de la madrugada de este miércoles 9 de julio y rechaza las críticas de quienes cuestionan que la búsqueda continúe centrada en su hijo.

«Ha habido mucha polémica y dicen que estoy aquí en búsqueda de un tesoro. Yo les quiero decir que evidentemente lo estoy buscando porque no hay tesoro más grande que la familia», expresó.

Su esperanza contrasta con la resignación de otros familiares que también esperan respuestas bajo las mismas losas de concreto.

Camelia García lleva diez días esperando recuperar el cuerpo de su madre, Ninoska López, de 50 años. Durante los primeros cinco días posteriores al terremoto la buscó en hospitales y morgues, hasta que confirmó que seguía atrapada en el edificio.

Aunque el tiempo transcurre, dice comprender que la prioridad sea encontrar con vida al niño.

«Me gustaría poder encontrar ya a mi mamá, pero no puedo entrar hacia el lado que da a mi apartamento porque por ahí están buscando al niño, que es prioridad y es completamente entendible porque dicen que está con vida. Entonces debo esperar que lo encuentren para luego yo comenzar la búsqueda de mi mamá», relató.

La misma comprensión expresa Aloa González, quien mantiene bajo los escombros a una prima y a un tío. Sin embargo, considera que la atención concentrada en el rescate del menor no puede invisibilizar el resto de las víctimas.

Ayuda tardía 

Según cuenta Aloa González, la ayuda especializada llegó seis días después del colapso y resultó insuficiente. No fue sino hasta cumplirse dos semanas cuando se incorporó el grupo Topos Adrenalina Estrellas de México, que ahora trabaja junto a los bomberos venezolanos.

Aloa sostiene que durante los primeros días hubo hallazgos que no fueron comunicados oportunamente a las familias.

«Lo que nos ha molestado es que en la búsqueda de una persona con vida han encontrado cuerpos y nos lo ocultaron. Nos enteramos días después que sí habían visto cuerpos. Incluso voluntarios de la Universidad Central de Venezuela entraron y encontraron fluidos. Ellos dijeron que había al menos tres personas y que, en el trajín de encontrar a quienes pudieran estar con vida, vaciaron escombros encima de otros cadáveres», afirmó.

González también denunció que, pese al tiempo transcurrido, la remoción de escombros sigue realizándose principalmente con herramientas manuales.

«Estamos haciendo un esfuerzo para recuperar todos los cuerpos porque son seres humanos, no escombros», dijo.

Los familiares aseguran que la maquinaria pesada que consideran necesaria para avanzar no ha llegado al edificio y cuestionan la ausencia del Gobierno venezolano en el lugar. Explican que existen cuerpos cuya ubicación ya fue identificada, pero permanecen atrapados bajo enormes losas de concreto imposibles de mover únicamente con pico y pala.

Desde el equipo internacional que participa en las labores, la coordinadora operativa de Topos Adrenalina Estrellas de México, Pola Biarnovit, insiste en que la recuperación de las víctimas también representa una misión humanitaria.

«Nos ha tocado trabajar en edificios que requieren mucho más tiempo y técnica, pero las vidas que han trascendido también merecen ser rescatadas y entregadas a sus familiares», señaló.

Mientras las horas siguen acumulándose sobre el concreto, en Tahití conviven dos esperas: la de un padre que aún confía en encontrar con vida a su hijo y la de decenas de familias que solo piden recuperar los cuerpos de quienes quedaron sepultados hace ya quince días.

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