Durante años, altos voceros del gobierno venezolano —entre ellos el ministro de Interior, Justicia y Paz, Diosdado Cabello— han repetido que «Venezuela es territorio de paz» y que las denuncias sobre criminalidad responden a «matrices mediáticas» promovidas desde el exterior. Según esa narrativa, el país vive en estabilidad y los cuerpos de seguridad han logrado contener a las bandas delictivas.
Sin embargo, la realidad en el terreno cuenta otra historia. En estados como Guárico, Apure, Bolívar, Aragua, Miranda y Zulia operan estructuras criminales con control territorial, armamento de guerra, rutas de contrabando y sistemas de extorsión que afectan a productores, comerciantes y comunidades enteras.
El alcance transnacional de este modelo quedó en evidencia con la caída de «Niño Guerrero», el delincuente más buscado del país, quien murió en el estado Bolívar tras una operación de inteligencia del Comando Sur de EE. UU. Su fin demostró que el pranato ya no es un problema local, sino una amenaza de seguridad continental.
A continuación, una radiografía de algunos de los pranes y megabandas más influyentes surgidos o fortalecidos durante el período chavista, según investigaciones de organizaciones como InSight Crime y Transparencia Venezuela, complementadas con la cobertura periodística de El Pitazo.
«El Niño Guerrero» (Héctor Guerrero Flores (42 años). Su pranato carcelario se convirtió en una especie de franquicia. Fue el máximo líder del Tren de Aragua, la organización criminal venezolana con mayor expansión internacional, que llegó a vincularse con el poder político en Venezuela.
Desde el penal de Tocorón —antes de su intervención en 2023— dirigía operaciones de extorsión, secuestro, trata de personas y minería ilegal según las autoridades. Allí cumplía una sentencia de más de 17 años de prisión que recibió en 2018. Su expediente acumula cuatro acusaciones por 12 delitos cometidos entre 2005 y 2013, entre ellos homicidio intencional, ocultamiento de arma de guerra y otros.
Se fugó días antes del cierre de la cárcel de Tocorón. Su estructura se extendió a Colombia, Perú, Chile y Brasil. Murió durante una operación conjunta entre organismos de seguridad de Venezuela y Estados Unidos realizada en el sureste del estado Bolívar, informó el 12 de junio el presidente Donald Trump.
«El Koki» (Carlos Luis Revete). Líder de la megabanda de la Cota 905, con influencia en El Valle, El Cementerio y zonas del suroeste de Caracas. Su estructura llegó a operar como un “microestado": control de accesos, cobro de vacunas, armamento de guerra y alianzas con otras bandas.
Murió en 2022 durante un operativo en Aragua, según versión oficial. Su figura se convirtió en un ícono del poder criminal urbano.
«El Picure» (José Tovar Colina). Conocido como el terror de Guárico y Aragua controló amplias zonas rurales de ambos estados. Su banda «El Tren del Llano» imponía «vacunas» a productores agropecuarios, transportistas y comerciantes.
Murió en 2016 en un operativo policial, pero su modelo de control territorial dejó herederos en la región que siguen operando en medio de la impunidad. Tras la muerte de «el Picure», Gilberto Malony Hernández, alias «el Malony» asumió el control.
En 2020, «el Malony» y una parte del grupo se desplazó al estado costero de Sucre, adentrándose en el golfo de Paria, desde donde parte una importante ruta de tráfico de cocaína y marihuana al Caribe. El objetivo era expandir sus economías criminales, según relataron fuentes a InSight Crime.
Un año después, las fuerzas de seguridad lo mataron en el estado Sucre en 2021, tras el presunto robo de un cargamento de cocaína perteneciente al Cártel de los Soles, publicó Insight Crime.
Meses después de la muerte de «el Malony», a uno de sus posibles sucesores, Carlos José Pirela Armas, alias «Carlitos Pirela», lo hallaron muerto en Tucupido, Guárico. Se cree que lo mataron sus propios hombres.
Desde entonces, Óscar de Jesús Noguera Hernández, alias «Óscar del Llano» o «el Pipi», primo de «Malony», tomó las riendas del Tren del Llano desde Altagracia de Orituco.
Desde el «Mocho Edwin» hasta «El Conas». En el estado Zulia, el crimen organizado nunca ha estado liderado por un solo pran, sino por megabandas transnacionales y líderes delictivos que operan desde el exterior o desde centros de detención preventiva. El control delictivo se ejerce a través de la extorsión, el sicariato y el control territorial.
La banda de «Los Meleán» operó como una de las organizaciones criminales más poderosas durante más de 20 años, mutando de un clan familiar con influencia económica a una sanguinaria red de extorsión y sicariato que terminó desarticulada y fragmentada tras la muerte y captura de sus principales líderes entre 2020 y 2021.
El grupo nació a finales de los años 90 en la Costa Oriental del Lago, bajo el liderazgo de Antonio Jesús Meleán Vergel, alias «Antonito». Aunque se formó antes de que el chavismo llegara al poder, fue luego cuando se fortaleció como estructura criminal.
En pleno auge petrolero, operaban bajo una fachada de «mafia tradicional» o caballeros mafiosos, controlando el hurto de vehículos, el cobro de vacunas (extorsión) a grandes empresarios y la seguridad regional, publicó InSight Crime.
«Antonito» Meleán fue asesinado en 2008 por una traición interna ejecutada por sus socios (los Leal). A partir de allí, el clan abandonó sus códigos de moderación y desató una violenta ola de sicariato y venganzas en Zulia.
El control pasó a manos de su hijo, Tirso Meleán Castellano, «Tirsito», y posteriormente a Bernardino Meleán Frontado, alias «Willy Meleán». La banda se volvió extremadamente sanguinaria, caracterizándose por grabar y difundir videos de ejecuciones y decapitaciones en redes sociales para amedrentar a sus rivales.
Tirso Meleán fue detenido en Texas, Estados Unidos, por tráfico de armas. Posteriormente fue deportado a Venezuela en 2021, lo que dejó al clan sin su principal heredero en libertad
En el pasado, figuras como Edwin Soto, alias «Mocho Edwin» (fallecido), también llegaron a ostentar el poder absoluto como pranes de la antigua Cárcel de Sabaneta (Zulia), imponiendo un régimen delictivo desde el interior del penal. Tras el cierre y desalojo de los grandes centros penitenciarios del país y de la región, el modelo de «pranato» dentro de las cárceles tradicionales mutó, y el control criminal pasó a las calles a través de estas estructuras operativas.
Óscar Guzmán, alias «El Conas». Expran del extinto Centro de Arrestos y Detenciones Preventivas de la Costa Oriental del Lago (Retén de Cabimas-Zulia), logró fugarse y operar su banda de extorsionadores desde el exterior; sin embargo, ya no se le vincula con hechos delictivos.
Guillermo Boscán, alias «El Yiyi»: líder de una de las organizaciones criminales más violentas del Zulia. Fue capturado en Argentina en 2023. Según el comisario Douglas Rico, director del Cicpc, se dedicaba a ordenar desde el extranjero homicidios en modalidad de sicariatos, extorsiones, secuestros, robo de vehículos y tráfico de drogas.
Erik Alberto Parra Mendoza (34 años), alias «Yeico Masacre»«. Fue miembro de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB) y sicario del clan Meleán (Zulia). Huyó a Colombia en 2019 para proteger a su familia de la violencia en Zulia y tomar el control de la extorsión en varias ciudades.
Varios familiares cercanos de él fueron asesinados en ciudades colombianas, según. De acuerdo con la Fiscalía colombiana, a «Masacre» se le atribuyen al menos 100 homicidios en Bogotá. Su perfil criminal disminuyó gradualmente con el tiempo.
José Antonio Márquez Morales, alias «Caracas», es señalado por cometer atroces métodos de extorsión en Maracaibo, estado Zulia. Formó parte de las filas de la Policía Nacional Bolivariana (PNB) en Venezuela. Integró la primera promoción de la institución. Sin embargo, terminó por transformarse en una figura criminal que se posicionó entre los 20 criminales más buscados de la región.
Operaba cobrando vacunas, pero cuando sus víctimas se negaban a pagarle, ordenaba lanzar explosivos como granadas. Actualmente está detenido en Colombia.
Facciones irregulares denominadas «sindicatos»
«Juancho» y «Johan Petrica» reinan en Bolívar. Desde hace tiempo, facciones irregulares denominadas «sindicatos» imponen sus propias normas sobre la explotación ilícita de oro en las regiones minera. En las localidades de Las Claritas y el kilómetro 88, destaca el liderazgo de Juan Gabriel Rivas Núñez, alias «Juancho». Se trata de un ciudadano colombo-venezolano que pasó de ser un recolector minero a encabezar una de las mafias más longevas de la entidad. Así se desprende de un informe de Transparencia Venezuela.
Las investigaciones señalan que «Juancho» ha coordinado actividades con otros líderes locales como Humberto Martes y Darwin Guevara. Este último sirve de enlace con Yohan José Romero, alias «Johan Petrica», quien es identificado como uno de los fundadores del Tren de Aragua.
Actualmente, ambos jefes delictivos constituyen los blancos principales de las movilizaciones militares terrestres y aéreas desplegadas en esa zona minera del sur venezolano.
La relevancia de «Johan Petrica» trasciende las fronteras. Tanto así que fue sancionado por el Departamento del Tesoro de los Estados Unidos debido a sus vínculos con el crimen organizado. El gobierno norteamericano mantiene vigente una recompensa de nueve millones de dólares por cualquier información que facilite su captura oficial.
Inacción oficial
Del «Koki» al «Niño Guerrero», pasando por «El Picure», «Johan Petrica» y las mafias que azotan los llanos y el Zulia, el pranato venezolano dejó de ser un problema de cárceles para convertirse en una red criminal con alcance internacional.
Negar su existencia no borra el daño. Hoy, comunidades enteras siguen atrapadas entre la extorsión, el miedo y el abandono de un Estado que renunció a protegerlas.
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