Sobrevivientes huyen de la zona cero de los terremotos: «No quiero volver más a La Guaira»

Zulia, Táchira, Mérida, Lara, Yaracuy, Miranda, Guárico y Portuguesa son algunos de los estados a donde han llegado sobrevivientes de los terremotos de La Guaira y Caracas

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Caracas.- Cientos de venezolanos huyen de La Guaira a una semana de los dos devastadores terremotos que azotaron a Venezuela. El litoral central es hoy la zona cero de una tragedia que alcanza 2.295 muertos, 11.267 heridos y más 12.000 damnificados.

Sin ropa, sin zapatos, sin documentos y sin nada que les recuerde sus años en La Guaira, decenas de familias optan por migrar a otros estados y poner a salvo sus familias.

Zulia, Táchira, Mérida, Lara, Yaracuy, Miranda, Guárico y Portuguesa son algunos de los estados a donde han llegado sobrevivientes de los terremotos de La Guaira y Caracas. La mayoría llegan a casas de familiares sin nada, y todos coinciden en algo: agradecer a Dios por sus vidas y no querer volver a la zona del desastre.

El Pitazo recoge la historias de algunas familias que huyeron de la tragedia:

Zulia | Karen: “Yo decía que pa’ Maracaibo no volvía y aquí estoy"

Karen Labrador llegó a la casa de su madre junto a su pareja, 4 hijos y su yerno. No piensa regresar a La Guaira.

Karen Labrador, una zuliana de 37 años, tenía 18 años viviendo en La Guaira. El litoral central era su lugar seguro. Allí crió a sus 4 hijos y volver a Maracaibo, su ciudad natal, nunca estuvo en sus planes antes del 24 de junio, cuando los dos terremotos le cambiaron el rumbo a su vida y la de su familia.

“Yo decía que pa’ Maracaibo no volvía y aquí estoy. Ahora, yo no quiero volver más a La Guaira, y yo la amo, pero lo que pasó fue muy horrible. Eso es una película de terror, los edificios caídos, habían explosiones, todo un caos", asegura mientras busca en su teléfono imágenes de la tragedia.

Karen no sabe cómo quedó su casa, ubicada en el sector El Respiro de Catia La Mar. “Nosotros recibimos las alertas de los celulares y empezamos a salir, bajando las escaleras de la casa ocurrió el terremoto y todo era como una gelatina, nosotros nos golpeábamos de pared a pared. Yo escuchaba que dentro de la casa todo se caía", dijo.

La primera noche la pasó en un terreno plano junto a los vecinos. Todo lo que vio fue destrucción, gritos, desesperación. 18 horas después de los terremotos salió de La Guaira con la ropa que tenían puesta y su carro. “Reuní a mis hijos (de 20, 19, 16 y 12) y les pregunté qué hacíamos: todos coincidimos que nos teníamos que ir. Agarré mi carro y me fui", relató.

En su paso por salir de la zona cero, cada escena que veía era peor. “Yo agradecía a Dios tener a mis hijos vivos", dijo.

Huyó lo más rápido que pudo de La Guaira. “El carro me fallaba y tenía miedo de no saber cómo estaban los túneles o el puente Caracas-La Guaira. Cuando estaba pasando los túneles y el puente, pisé el acelerador a todo lo que daba porque si había otro terremoto sentía que ahí quedabamos", agregó.

Al llegar al Terminal Las Banderas compró los pasajes para el primer bus que salía a Maracaibo y el carro lo dejó en un estacionamiento de un familiar y luego lo prestó a una familia que también se regresó a Zulia. “Le dije que lo buscaran y que se salvaran".

Karen compara su llegada a La Guaira hace 18 años con su retorno a Maracaibo. “Llegué sin nada y me levanté, y ahora lo volveré a hacer. Sólo Dios sabe el propósito de dejarnos con vida".

Miranda | Carmen busca paz lejos del mar

Carmen Machado viajó con sus hijos y sobrinos a los Valles del Tuy.

Aunque las paredes de su casa resistieron y solo quedaron con grietas profundas, Carmen Machado sintió que el miedo la arropó por completo el 24 de junio. Ese día, el vaivén constante del piso la llenó de una angustia que, a sus 49 años, no pudo soportar más. Agarró lo poco que pudo en unas bolsas y salió al día siguiente con el corazón en la boca. Su único norte fue buscar refugio en los Valles del Tuy, estado Miranda, un lugar lejos del mar donde esperaba dormir en paz.

Con ella se llevó a sus cuatro hijos de 9, 7, 4 y 3 años y a sus dos sobrinos de 12 y 14 años. Eran seis niños y adolescentes que dependen completamente de ella y de su hermana. En medio del caos que había en el estado La Guaira, montarse en un autobús fue una odisea, pero su meta era apartarlos de la costa y del peligro de un derrumbe.

Los dos terremotos que ocurrieron el 24 de junio le revolvieron los peores recuerdos de su vida: la tragedia de la vaguada en 1999. En aquel tiempo ella era muy joven, contaba con apenas 22 años, y no tenía hijos. A pesar de que vio de cerca cómo el agua se llevaba todo y sintió terror, tuvo el valor de quedarse en La Guaira.

Pero ahora las cosas son muy distintas porque el cuerpo y la mente le cambiaron al hacerse mamá. Hace 27 años arriesgarse era una decisión que solo le afectaba a ella. Hoy, al verle la cara a sus niños y sobrinos, entendió que quedarse a pasar un susto no era de valientes, sino una imprudencia.

Ya instalada en los Valles del Tuy, en casa de unos familiares, esta ama de casa siente el alivio que tanto necesitaba, a pesar de que el espacio es muy reducido. Dejar toda su vida atrás le duele, pero dormir tranquila y saber que sus hijos están a salvo la hace sentir en paz: “Pienso que tomé la decisión correcta".

Lara | Alicia no quieren regresar a La Guaira

La Fundación Zuriel en Barquisimeto está apoyando con alimentos, evaluación médica y psicológica a los afectados del doble terremoto en La Guaira.

La noche del desastre quedó grabada en la memoria de Alicia Torrealba, una mujer de 61 años que se encontraba en su casa en el sector Vía Eterna, en Catia la Mar, cuando la tierra comenzó a sacudirse con violencia. Esa noche, ella, su familia y todo alrededor, se quedó sin electricidad y durmieron totalmente incomunicados en colchonetas en la entrada de la vivienda después del movimiento telúrico.

Para ella, el mayor horror lo vivió en la segunda noche del desastre, cuando una réplica produjo una falsa alerta de tsunami entre sus vecinos. En medio del pánico colectivo, Alicia, su esposo, su hija y su nieta de 6 años se vieron obligadas a huir en la oscuridad, uniéndose a una multitud que buscaba desesperadamente la salvación en el cerro que conducía al barrio La Jungla. 

Sin saber qué había ocurrido a su alrededor por la falta de señal en los teléfonos móviles y el susto experimentado decidieron emprender su huida a Barquisimeto, donde se refugiaron en la casa de un hermano de Alicia. Allí disponiendo nuevamente de comunicación se dieron cuenta de la magnitud del desastre natural ocurrido en su tierra.

El trauma emocional ha afectado el núcleo familiar, al punto de que la hija de Alicia y su nieta siguen sintiendo pánico ante cualquier fuerte sonido y el rechazo frente a la posibilidad de regresar a La Guaira.

La familia está siendo evaluada médica y psicológicamente por la Fundación Zuriel en Barquisimeto, que está brindando apoyo también logístico a otras 45 personas, entre niños y adultos, que huyeron de la devastación del doble terremoto a los hogares de sus familiares en Barquisimeto. 

Mérida | Astrid dejó todo y se fue

Astrid Guillén y sus hijos consiguieron refugio en la casa de una tía.

«No me suelten», les pidió Astrid Guillén a sus hijos Víctor, de 3 años, y Antonella, de solo 1 año, segundos después de que empezara el primer terremoto de 7,2 de magnitud. Se encontraban en su hogar, el Urbanismo Los 5 Héroes Cubanos de la Gran Misión Vivienda Venezuela, en Caracas, cuando comenzó el desastre.

Mientras cargaba a sus niños, Astrid intentaba abrir la puerta de su apartamento, ubicado en el tercer piso de la torre. La tierra se movía frenéticamente y los nervios estaban a flor de piel. Sus vecinos se detuvieron para ayudarla a desalojar.

«La pared de la escalera hacia la calle se cayó. Quedó prácticamente al aire. No teníamos luz y había agua en el piso, pero logramos salir hasta la avenida», contó Astrid. 

Corrió hasta una plaza cercana y allá, a la intemperie, vivieron el segundo terremoto de 7,5. «Por los niños y por seguridad, estuve dando vueltas esa noche buscando un hotel donde nos abrieran las puertas, pero no lo logré. La pasé en la calle con los niños», relató.

No fue sino hasta el mediodía siguiente que lograron refugiarse en un hotel. Fue allí donde Astrid le avisó a su familia, en Mérida, que estaban vivos y que necesitaban ayuda. El sábado 27 llegaron a Mérida. No le importó dejar su apartamento y quedarse sin trabajo, Astrid sólo quiere seguridad para sus hijos.

«Dios de verdad ha sido infinitamente bondadoso. No se imagina la cantidad de personas que se han acercado. Me están ayudando a planificar mientras consigo un trabajo y logro reunir algo para un alquiler», expresó Astrid, visiblemente emocionada.

Justo en el momento de esta entrevista, el pasado 30 de junio, Astrid celebraba el tercer cumpleaños de Víctor, en una pequeña reunión familiar con más niños, quienes jugaban y reían juntos. Un símbolo de resiliencia en medio de la crisis.

Con información de: Nataly Angulo, Andrea Barrios, Rosanna Batisttelli, Diomary Escalante

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