«Necesitamos agua, herramientas y voluntarios» familias continúan la búsqueda de desaparecidos tras los terremotos

Familiares de víctimas del doble terremoto continúan excavando entre los escombros de los edificios colapsados en La Guaira para recuperar los cuerpos de sus seres queridos. A 34 días de la tragedia, denuncian la falta de apoyo sostenido, piden herramientas y voluntarios para continuar las labores. No dejarán allí a sus seres queridos.

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34 días después del doble terremoto que devastó parte del litoral central, el campamento improvisado en un autolavado de Caraballeda, en La Guaira, sigue siendo el hogar de voluntarios y familiares que se resisten a abandonar la búsqueda. Entre ellos está Daniela Álvarez, docente de Guanare y oriunda de Chabasquén, municipio Unda del estado Portuguesa, quien permanece desde hace más de un mes removiendo escombros para intentar recuperar los cuerpos de su hermana, su cuñado y sus dos sobrinos.

«Desde el primer día tengo voluntarios. Yo estoy buscando a mi familia, están enterrados. Ya estamos en el apartamento. Estamos cerca de encontrarlos», contó Daniela a El Pitazo.

Centímetros a centímetros han abierto un túnel de casi 25 metros de profundidad hasta llegar al apartamento 207 del edificio OPP 25 de la Gran Misión Vivienda Venezuela, en Playa Los Cocos, donde vivía la familia.

Allí permanecen desaparecidos Javiercy Álvarez, de 36 años; su esposo José Rafael García, de 51; y sus hijos José Ángel, de 14 años, y Santiago, de 13. El único sobreviviente fue el hijo mayor, quien salió del edificio minutos antes del doble sismo.

Esta familia de Chabasquen se encontraba en su apartamento reunida, esperando un partido del Mundial de fútbol

«Él los dejó a todos esperando el partido del Mundial de fútbol. Por él sabemos que todos estaban allí», relató Rosi de García, cuñada de José Rafael.

Las labores son impulsadas casi exclusivamente por familiares, vecinos y voluntarios, como en muchos otros lugares de La Guaira. Para el campamento, los voluntarios requieren principalmente agua.

Daniela explica que el recorrido hasta donde creen que están los cuerpos ha sido complejo. «Tenemos siete metros de profundidad. Cruzamos a la izquierda cinco metros, luego a la derecha cinco metros más y finalmente otros siete metros. Ya vimos el brazo de mi hermana, pero todavía no podemos sacarlos«, dice.

Herramientas prestadas y manos heridas

A más de un mes de la tragedia, los familiares denuncian que siguen dependiendo de herramientas prestadas o donadas para continuar las excavaciones.

La planta eléctrica con la que trabajan para usar los equipos eléctricos y para alumbrarse dentro del túnel, fue facilitada por colaboradores, mientras que muchas otras herramientas ya están deterioradas por el uso continuo.

Necesitan otra planta eléctrica, un esmeril, discos de corte fino, hojas de segueta, guantes de tela porque tienen las manos muy golpeadas y también más ayudantes, según detalla Daniela.

Para ubicar a la familia han cavado un túnel de mas de casi 25 metros de profundidad

Explica que un sofá de gran tamaño y una nevera de dos puertas bloquean el acceso al lugar donde se encuentran los cuerpos de sus familiares.

Durante el fin de semana, del mismo apartamento fue recuperado el cuerpo de un adolescente de 17 años que estaba de visita en la vivienda y era amigo de los hijos de la familia García Alvarado. Su hallazgo renovó la esperanza de quienes continúan excavando sin descanso.

Una despedida después de un mes

La espera terminó para la familia Blanco, oriunda de San Rafael de Onoto, al norte de Portuguesa. Después de 32 días de búsqueda, el pasado domingo 26, recuperaron el cuerpo de César Antonio Blanco Oliveros, de 57 años, entre los escombros del OPP 22.

«Hoy se termina esta pesadilla que hemos vivido por más de un mes», expresó su hermano Luis Blanco, quien permaneció en La Guaira participando en las labores de búsqueda, junto a sus sobrinos, hijos de la víctima. El cuerpo fue trasladado para su cremación y este martes la familia emprenderá el regreso a Portuguesa con sus cenizas.

«Valió la pena la lucha, la pelea, las entrevistas y los videos, pero duraron mucho para brindar ayuda», afirmó Luis, quien el pasado 13 de julio difundió un video denunciando la falta de apoyo oficial para la búsqueda de desaparecidos.

Tras la viralización de ese material comenzaron a llegar maquinarias pesadas a la zona de los edificios afectados, pero no fue constante porque se dañaban o las llevaban a otros sitios.

Ahora, dice, solo quiere cumplir una promesa: «Me llevo a mi hermano para la casa de mi mamá, en el sector Los Motores. Ahí tendrá de nuevo a su hijo».

En La Guaira, el paso de los días no ha cerrado las heridas que dejaron los terremotos. Entre concreto y polvo, todavía hay familias con palas, cinceles y guantes desgastados. Ellos no buscan respuestas ni explicaciones de lo que sucedió, solo se empeñan en encontrar a quienes aún permanecen sepultados para poder llorarlos y por fin despedirse de ellos con dignidad.

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